La dama duende
Personas que hablan en ella
Jornada I
Salen DON MANUEL y COSME, de camino.a tiempo de ver las fiestas
con que Madrid generosa
hoy el bautismo celebra
del primero Baltasar.
o se yerran por un hora:
por una hora que fuera
antes Píramo a la fuente
no hallara a su Tisbe muerta
y las moras no mancharan,
porque dicen los poetas
que con arrope de moras
se escribió aquella tragedia;
por un hora que tardara
Tarquino hallara a Lucrecia
recogida, con lo cual
los autores no anduvieran,
sin ser vicarios, llevando
a salas de competencias
la causa sobre saber
si hizo fuerza o no hizo fuerza;
por un hora que pensara
si era bien hecho o no era
echarse Hero de la torre
no se echara, es cosa cierta,
con que se hubiera excusado
el doctor Mira de Mescua
de haber dado a los teatros
tan bien escrita comedia
y haberla representado
Amarilis tan de veras
que, volatín del carnal
-si otros son de la cuaresma-,
sacó más de alguna vez
las manos en la cabeza;
y, puesto que hemos perdido
por un hora tan gran fiesta,
no por un hora perdamos
la posada, que si llega
tarde Abindarráez, es ley
que haya de quedarse fuera;
y estoy rabiando por ver
este amigo que te espera,
como si fueras galán
al uso, con cama y mesa,
sin saber cómo o por dónde
tan grande dicha nos venga,
pues, sin ser los dos torneos,
hoy a los dos nos sustenta.
el hombre que más profesa
mi amistad, siendo los dos
envidia, ya que no afrenta,
de cuantos la Antigüedad
por tantos siglos celebra.
Los dos estudiamos juntos
y, pasando de las letras
a las armas, los dos fuimos
camaradas en la guerra.
En las del Piamonte, cuando
el señor duque de Feria
con la jineta me honró,
le di, Cosme, mi bandera.
Fue mi alférez y después,
sacando de una refriega
una penetrante herida,
le curé en mi cama mesma.
La vida, después de Dios,
me debe; dejo las deudas
de menores intereses,
que entre nobles es bajeza
referirlas, pues por eso
pintó la docta Academia
al galardón una dama
rica y las espaldas vueltas,
dando a entender que, en haciendo
el beneficio, es discreta
acción olvidarse de él,
que no le hace el que le acuerda.
En fin, don Juan, obligado
de amistades y finezas,
viendo que su Majestad
con este gobierno premia
mis servicios y que vengo
de paso a la corte, intenta
hoy hospedarme en su casa
por pagarme con las mesmas;
y, aunque a Burgos me escribió
de casa y calle las señas,
no quise andar preguntando
a caballo dónde era
y así dejé en la posada
las mulas y las maletas.
Yendo hacia donde me dice
vi las galas y libreas
y, informado de la causa,
quise, aunque de paso, verlas.
Llegamos tarde en efeto,
porque...
el traje, sois caballero
de obligaciones y prendas,
amparad a una mujer
que a valerse de vos llega.
Honor y vida me importa
que aquel hidalgo no sepa
quién soy y que no me siga.
Estorbad, por vida vuestra,
a una mujer principal
una desdicha, una afrenta,
que podrá ser que algún día...
¡Adiós, adiós, que voy muerta!
hacer?
¿Cómo puede mi nobleza
excusarse de excusar
una desdicha, una afrenta?
Que, según muestra, sin duda
es su marido.
industria; mas, si con ella
no puedo, será forzoso
el valerme de la fuerza
sin que él entienda la causa.
que a mí se me ofrece una.
Esta carta, que encomienda
es de un amigo, me valga.
no más de por el cuidado
con que de mí se recela.
llego: vuesarced me haga
tan gran merced que me lea
a quién esta carta dice.
Detiénele. yo tengo cantidad della
y podré partir con vos.
es la calle! Aún no se pierden
de vista).
y os romperé la cabeza,
si mucho me hacéis...!
os haré poco.
me falta para sufriros.
¡Apartad de aquí!
Rempújale.
llegar; acabe el valor
lo que empezó la cautela).
Llega. Caballero, ese criado
es mío y no sé qué pueda
haberos hoy ofendido
para que de esa manera
le atropelléis.
a la duda o a la queja,
porque nunca satisfice
a nadie. Adiós.
necesidad mi valor
de satisfaciones, crea
vuestra arrogancia de mí
que no me fuera sin ella.
Preguntar en qué os ofende
por castigarle, si yerra,
merece más cortesía
y, pues la corte la enseña,
no la pongáis en mal nombre,
con que un forastero venga
a enseñarla a los que tienen
obligación de saberla.
enseñarla yo...
suspended y hable el acero.
Sacan las espadas.
gana de reñir!
la espada vos.
y sin cédula o palabra
no puedo sacarla.
Beatriz.
con mi hermano la pendencia.
estoy.
que, más que a darme valor,
a hacerme cobarde llegas.
Caballero forastero,
quien no excusó la pendencia
solo, estando acompañado
bien se ve que no la deja
de cobarde. Idos con Dios,
que no sabe mi nobleza
reñir mal, y más con quien
tanto brío y valor muestra.
Idos con Dios.
bizarría y gentileza;
pero, si de mí por dicha
algún escrúpulo os queda,
me hallaréis donde quisiereis.
¡Don Manuel!
el alma no determina
qué hacer, cuando considera
un hermano y un amigo
-que es lo mismo- en diferencia
tal, y hasta saber la causa
dudaré.
volver por ese criado
este caballero intenta,
que necio me ocasionó
a hablarle mal. Todo cesa
con esto.
cortés me darás licencia
para que llegue a abrazarle.
El noble huésped que espera
nuestra casa es el señor
don Manuel. Hermano, llega,
que dos que han reñido iguales
desde aquel instante quedan
más amigos, pues ya hicieron
de su valor experiencia.
Dadnos los brazos.
que a vos os los dé, me lleva
el valor que he visto en él
a que al servicio me ofrezca
del señor don Luis.
vuestro amigo y ya me pesa
de no haberos conocido,
pues vuestro valor pudiera
haberme informado.
escarmentado me deja,
pues me deja en esta mano
una herida.
tenerla mil veces yo.
Tú, don Luis, aquí te queda
hasta que tome su coche
doña Beatriz, que me espera;
y desta descortesía
me disculparás con ella.
Venid, señor, a mi casa
-mejor dijera a la vuestra-,
donde os curéis.
me ha dado que me reciba
con sangre Madrid!).
tengo de no haber podido
saber qué dama era aquella!).
mi amo lo que se lleva,
por que no se meta a ser
don Quijote de la legua!
otra vez, señora, vuelva
a restituir las flores,
que agora marchita y seca
de vuestra hermosura el hielo
de un desmayo.
don Juan?
os pide, porque le llevan
forzosas obligaciones
y el cuidar con diligencia
de la salud de un amigo
que va herido.
estoy! ¿Es don Juan?
no es don Juan; que no estuviera,
estando herido mi hermano,
yo con tan grande paciencia.
No os asustéis, que no es justo
que, sin que él la herida tenga,
tengamos entre los dos
yo el dolor y vos la pena;
digo dolor el de veros
tan postrada, tan sujeta
a un pesar imaginado,
que hiere con mayor fuerza.
que estimo vuestras finezas,
supuesto que lo merecen
por amorosas y vuestras;
pero no puedo pagarlas,
que eso han de hacer las estrellas
y no hay de lo que no hacen
quien las tome residencia.
Si lo que menos se halla
es hoy lo que más se precia
en la corte, agradeced
el desengaño, siquiera
por ser cosa que se halla
con dificultad en ella.
Quedad con Dios.
No hay acción que me suceda
bien, Rodrigo. Si una dama
veo airosa y conocerla
solicito, me detienen
un necio y una pendencia,
que no sé cuál es peor;
si riño y mi hermano llega,
es mi enemigo su amigo;
si por disculpa me deja
de una dama, es una dama
que mil pesares me cuesta,
de suerte que una tapada
me huye, un necio me atormenta,
un forastero me mata
y un hermano me le lleva
a ser mi huésped a casa,
y otra dama me desprecia.
¡De mala anda mi fortuna!
¿que sé la que sientes más?
a sentir más son los celos
de tu hermano y Beatriz bella?
-de ti sólo me fiara-,
lo que más siento es que sea
mi hermano tan poco atento
que llevar a casa quiera
un hombre mozo, teniendo,
Rodrigo, una hermana en ella
viuda y moza y, como sabes,
tan de secreto que apenas
sabe el sol que vive en casa,
porque Beatriz, por ser deuda,
solamente la visita.
administrador en puertos
de mar de unas reales rentas
y quedó debiendo al Rey
grande cantidad de hacienda;
y ella a la corte se vino
de secreto, donde intenta,
escondida y retirada,
componer mejor sus deudas.
Y esto disculpa a tu hermano,
pues, si mejor consideras
que su estado no le da
ni permisión ni licencia
de que nadie la visite
y que, aunque su huésped sea
don Manuel, no ha de saber
que en casa, señor, se encierra
tal mujer, ¿qué inconveniente
hay en admitirle en ella?
Y más habiendo tenido
tal recato y advertencia
que para su cuarto ha dado
por otra calle la puerta
y la que salía a la casa,
por desmentir la sospecha
de que el cuidado la había
cerrado o porque pudiera
con facilidad abrirse
otra vez, fabricó en ella
una alacena de vidrios,
labrada de tal manera
que parece que jamás
en tal parte ha habido puerta.
Pues con eso mismo intentas
darme muerte, pues ya dices
que no ha puesto por defensa
de su honor más que unos vidrios,
que al primer golpe se quiebran.
esas tocas, ¡pena esquiva!;
vuelve a amortajarme viva,
ya que mi suerte cruel
lo quiere así.
porque, si tu hermano viene
y alguna sospecha tiene,
no la confirme con esto
de hallarte de la manera
que hoy en palacio te vio.
entre dos paredes muera,
donde apenas el sol sabe
quién soy, pues la pena mía
en el término del día
ni se contiene ni cabe;
donde inconstante la luna,
que aprende influjos de mí,
no puede decir: «Ya vi
que lloraba su fortuna»;
donde en efeto encerrada
sin libertad he vivido,
porque enviudé de un marido,
con dos hermanos casada.
¡Y luego delito sea,
sin que toque en liviandad,
depuesta la autoridad,
ir donde tapada vea
un teatro en quien la fama
para su aplauso inmortal
con acentos de metal
a voces de bronce llama!
¡Suerte injusta! ¡Dura estrella!
de que, mirándote viuda
tan moza, bizarra y bella,
tus hermanos cuidadosos
te celen, porque este estado
es el más ocasionado
a delitos amorosos;
y más en la corte hoy,
donde se han dado en usar
unas viuditas de azahar,
que al cielo mil gracias doy,
cuando en las calles las veo
tan honestas, tan fruncidas,
tan beatas y aturdidas
y, en quedándose en manteo,
es el mirarlas contento,
pues sin toca y devoción
saltan más a cualquier son
que una pelota de viento.
Y este discurso doblado
para otro tiempo, señora,
¿cómo no habemos agora
en el forastero hablado
a quien tu honor encargaste
y tu galán hoy hiciste?
el alma en eso que hablaste.
Cuidadosa me ha tenido,
no por él, sino por mí,
porque después, cuando oí
de las cuchilladas ruido,
me puse -mas son quimeras-,
Isabel, a imaginar
que él había de tomar
mi disgusto tan de veras,
que había de sacar la espada
en mi defensa. Yo fui
necia en empeñarle así,
mas una mujer turbada
¿qué mira o qué considera?
mas sé que no nos siguió
tu hermano más.
turbado y confuso vienes.
¿Qué ha sucedido? ¿Qué tienes?
que don Luis me conoció).
que se estime en poco.
¿has tenido algún disgusto?
a verte, el disgusto tengo
que tuve, Ángela.
hermano, disgusto? Advierte...
tan poco de nuestro hermano...
con los disgustos que tienes,
cuidados te dé. No en vano
el enojo que tenía
con el huésped me pagó,
pues, sin conocerle yo,
hoy le he herido en profecía.
de palacio, hermana, a pie
hasta el palenque, porque
toda la desembaraza
de coches y caballeros
la guarda. A un corro me fui
de amigos, adonde vi
que alegres y lisonjeros
los tenía una tapada,
a quien todos celebraron
lo que dijo y alabaron
de entendida y sazonada.
Desde el punto que llegué
otra palabra no habló,
tanto que a alguno obligó
a preguntarla por qué,
porque yo llegaba, había
con tanto estremo callado.
Todo me puso en cuidado;
miré si la conocía
y no pude, porque ella
se puso más en taparse,
en esconderse y guardarse.
Viendo que no pude vella,
seguilla determiné.
Ella siempre atrás volvía
a ver si yo la seguía,
cuyo gran cuidado fue
espuela de mi cuidado.
Yendo desta suerte, pues,
llegó un hidalgo, que es
de nuestro huésped criado,
a decir que le leyese
una carta. Respondí
que iba de priesa y creí
que detenerme quisiese
con este intento, porque
la mujer le habló al pasar;
y tanto dio en porfiar
que le dije no sé qué.
Llegó en aquella ocasión
en defensa del criado
nuestro huésped, muy soldado;
sacamos en conclusión
las espadas. Todo es esto,
pero más pudiera ser.
en qué ocasión te había puesto!
¡Que hay mujeres tramoyeras!
Pondré que no conocía
quién eras y que lo hacía
sólo por que la siguieras.
Por eso estoy harta yo
de decir, si bien te acuerdas,
que mires que no te pierdas
por mujercillas, que no
saben más que aventurar
los hombres.
la tarde?
entretenida en llorar.
ha entrado aquí.
estos descuidos resisto!
que al fin sufrirle es mejor,
que es nuestro hermano mayor
y comemos de alimentos.
yo también, que yo por ti
lo sentía; y, por que así
veas no dárseme nada,
a verle voy y aun con él
haré una galantería.
después del susto cruel,
de lo que en casa nos pasa?
Pues el que hoy ha defendido
tu vida, huésped y herido
le tienes dentro de casa.
cuando de mi hermano oí
la pendencia y cuando vi
que el herido el huésped fue;
pero aún bien no lo he creído,
porque cosa estraña fuera
que un hombre a Madrid viniera
y hallase, recién venido,
una dama que rogase
que su vida defendiese,
un hermano que le hiriese
y otro que le aposentase;
fuera notable suceso
y, aunque todo puede ser,
no lo tengo de creer
sin vello.
te dispones, yo bien sé
por dónde verle podrás
y aun más que velle.
loca. ¿Cómo, si se ve
de mi cuarto tan distante
el suyo?
este cuarto corresponde
al otro; esto no te espante.
sino solo por saber,
dime, ¿cómo puede ser?,
que lo escucho y no lo creo.
en la puerta una alacena
tu hermano?
tu ingenio he entendido yo.
¿Dirás que, pues es de tabla,
algún agujero hagamos
por donde al huésped veamos?
la puerta que se tenía
y que a este jardín salía
y poder volverla a abrir,
hizo tu hermano poner
portátil una alacena.
Esta, aunque de vidrios llena,
se puede muy bien mover.
Yo lo sé bien, porque cuando
la alacena aderecé,
la escalera la arrimé
y ella se fue desclavando
poco a poco, de manera
que todo junto cayó
y dimos en tierra yo,
alacena y escalera,
de suerte que en falso agora
la tal alacena está
y, apartándose, podrá
cualquiera pasar, señora.
sino prevenir primero.
Ves aquí, Isabel, que quiero
a esotro cuarto pasar.
He quitado la alacena;
por allá ¿no se podrá
quitar también?
y, para hacerla más buena,
en falso se han de poner
dos clavos, para advertir
que sólo la sepa abrir
el que lo llega a saber.
por luz y por ropa di
que vuelva a avisarte a ti,
si acaso el huésped saliere
de casa, que, según creo,
no le obligará la herida
a hacer cama.
¿irás?
tengo de saber si es él
el que mi vida guardó,
porque, si le cuesto yo
sangre y cuidado, Isabel,
es bien mirar por su herida,
si es que, segura de miedo
de ser conocida, puedo
ser con él agradecida.
Vamos, que tengo de ver
la alacena y, si pasar
puedo al cuarto, he de cuidar,
sin que él lo llegue a entender,
desde aquí de su regalo.
Mas ¿si lo cuenta?
que hombre que su esfuerzo igualo
a su gala y discreción
-puesto que de todo ha hecho
noble experiencia en mi pecho
en la primera ocasión:
de valiente en lo restado,
de galán en lo lucido,
en el modo de entendido-
no me ha de causar cuidado
que diga suceso igual,
que fuera notable mengua
que echara una mala lengua
tan buenas partes a mal.
que antes, don Juan, sospecho
que parece melindre el haber hecho
caso ninguno della.
que no me consolara
jamás, si este contento me costara
el pesar de teneros
en mi casa indispuesto y el de veros
herido por la mano,
si bien no ha sido culpa, de mi hermano.
y me tiene envidioso de su acero,
de su estilo admirado,
y he de ser muy su amigo y su criado.
como en la pena que recibo muestro
ofreciéndoos mi vida;
y por que el instrumento de la herida
en mi poder no quede,
pues ya agradarme ni servirme puede,
bien como aquel criado
que a su señor algún disgusto ha dado,
hoy de mí le despido.
Esta es, señor, la espada que os ha herido;
a vuestras plantas viene
a pediros perdón, si culpa tiene.
Tome vuestra querella
con ella en mí venganza de mí y della.
en todo me vencéis. La espada aceto,
por que siempre a mi lado
me enseñe a ser valiente. Confiado
desde hoy vivir procuro,
porque ¿de quién no vivirá seguro
quien vuestro acero ciñe generoso?
Que él solo me tuviera temeroso.
a lo que estoy por huésped obligado,
otro regalo quiero
que recibáis de mí.
pagar tantos favores!
Los dos os competís en darme honores.
de su furia infernal den testimonios,
volviéndose inclementes
docientas mil serpientes
que, asiéndome de un vuelo,
den conmigo de patas en el cielo,
del mandato oprimidos
de Dios, por justos juicios compelidos,
si vivir no quisiera sin injurias
en Galicia o Asturias
antes que en esta corte.
que es traidor quien da paso a su enemigo.
por la calle cargado
y en una zanja de una fuente he dado,
y así lo traigo todo
-como dice el refrán- puesto de lodo.
¿Quién esto en casa mete?
menos mi enojo con el agua fuera.
Cuando en un libro leo de mil fuentes
que vuelven varias cosas sus corrientes,
no me espanto, si aquí ver determino
que nace el agua a convertirse en vino.
no acabará.
saber, si sabes leer -como este día
en el libro citado
muestras-, ¿por qué pediste tan pesado
que una carta leyese? ¿Qué te apartas?
Ya le iréis conociendo
y sabréis que es burlón.
de mis burlas alarde.
Para alguna os convido.
porque me importa, hoy quiero
hacer una visita.
para cenar.
abre y saca la ropa; no las metas.
la llave, que, aunque tengo
llave maestra por si acaso vengo
tarde, más que las dos otra no tiene
ni otra puerta tampoco; así conviene,
y en el cuarto la deja y cada día
vendrán a aderezarle.
ven acá, que yo quiero
visitarte primero,
porque ver determino
cuánto habemos sisado en el camino,
que, como en las posadas
no se hilan las cuentas tan delgadas
como en casa, que vive en sus porfías
la cuenta y la razón por lacerías,
hay mayor aparejo del provecho
para meter la mano, no en mi pecho,
sino en la bolsa ajena.
Abre una maleta y saca un bolsón. Topé la propia; buena está y rebuena,
pues aquesta jornada
subió doncella y se apeó preñada.
Contallo quiero; es tiempo perdido,
porque yo ¿qué borregos he vendido
a mi señor para que mire y vea
si está cabal? Lo que ello fuere sea.
Su maleta es aquesta;
ropa quiero sacar, por si se acuesta
tan presto, que él mandó que hiciese esto.
Mas porque él lo mandó ¿se ha de hacer presto?
Por haberlo él mandado,
antes no lo he de hacer, que soy criado.
Salirme un rato es justo
a rezar a una ermita. ¿Tendrás gusto
desto, Cosme? Tendré. Pues, Cosme, vamos,
que antes son nuestros gustos que los amos.
Rodrigo, porque el tal huésped
y tus hermanos se fueron.
a hacer sólo esta experiencia.
para pasar hasta aquí?
que todos cuantos previne
fueron muy impertinentes,
pues con ninguno topamos,
que la puerta fácilmente
se abre y se vuelve a cerrar,
sin ser posible que se eche
de ver.
que para hacer sola una
travesura dos mujeres
basta haberla imaginado,
porque al fin esto no tiene
más fundamento que haber
hablado en ello dos veces
y estar yo determinada
-siendo verdad que es aqueste
caballero el que por mí
se empeñó osado y valiente-,
como te he dicho, a mirar
por su regalo.
el que le trujo tu hermano
y una espada en un bufete.
trujeron aquí?
desvarío mi señor.
Dijo que aquí la pusiese
con recado de escribir
y mil libros diferentes.
que veamos qué hay en ellas?
mirar qué ropa y alhajas
trae.
vendrá muy mal alhajado.
sino procesos que vienen
cosidos y pesan mucho.
ellos fueran más livianos.
Mal en eso te detienes.
de blanca, blanda y delgada.
Mas, señora, ¿qué es aqueste
pellejo con unos hierros
de herramientas diferentes?
de sacamuelas parece,
mas estas son tenacillas
y el alzador del copete
y los bigotes estotras.
Oye, que, más prevenido,
no le faltará al tal huésped
la horma de su zapato.
como a forma de billetes,
legajo segundo.
De mujer son y contienen
más que papel. Un retrato
está aquí.
hasta pintada divierte.
de sacalle.
No mires más.
Toma el retrato.
Pónese a escribir.
la maleta del sirviente
he de ver. Esto es dinero:
cuartazos son insolentes,
que, en la república donde
son los príncipes y reyes
los doblones y los reales,
ellos son la común plebe.
Una burla le he de hacer
y ha de ser de aquesta suerte:
quitarle de aquí el dinero
al tal lacayo y ponerle
unos carbones. Dirán:
¿dónde demonios los tiene
esta mujer?, no advirtiendo
que esto sucedió en noviembre
y que hay brasero en el cuarto.
adónde deje el papel,
por que, si mi hermano viene,
no le vea?
de la toalla que tienen
las almohadas, que al quitarla
se verá forzosamente
y no es parte que hasta entonces
se ha de andar.
Ponle allí y ve recogiendo
todo esto.
la llave ya.
todo, esté como estuviere,
y a escondernos. Isabel,
ven.
de barato quiero hacerle
a mi amo otro servicio.
Mas ¿quién nuestra hacienda vende,
que así hace almoneda della?
¡Vive Cristo, que parece
Plazuela de la Cebada
la sala con nuestros bienes!
¿Quién está aquí? No está nadie,
por Dios, y, si está, no quiere
responder. No me responda,
que me huelgo de que eche
de ver que soy enemigo
de respondones. Con este
humor, sea bueno o sea malo
-si he de hablar discretamente-,
estoy temblando de miedo;
pero, como a mí me deje
el revoltoso de alhajas
libre mi dinero, llegue
y revuelva las maletas
una y cuatrocientas veces.
Mas ¿qué veo? ¡Vive Dios,
que en carbones lo convierte!
Duendecillo, duendecillo,
quienquiera que fuiste y eres,
el dinero que tú das
en lo que mandares vuelve,
mas el que yo hurto, ¿por qué?
Si tienes por inquilino,
señor, en tu casa un duende,
¿para qué nos recibiste
en ella? Un instante breve
que falté de aquí, la ropa
de tal modo y de tal suerte
hallé que, toda esparcida,
una almoneda parece.
El dinero solamente
que en esta bolsa tenía,
que era mío, me convierte
en carbones.
¡Qué fría y qué sin donaire!
en mi juicio algunas veces.
don Manuel, sin que os desvele
el duende de la posada,
y aconsejalde que intente
otras burlas al criado.
como sois, si habéis de andar
desnuda la espada siempre,
saliendo de los disgustos
en que este loco os pusiere.
Todos por loco me tienen,
porque te sufro. A cualquiera
parte que voy me suceden
mil desaires por tu causa.
burla mano a mano yo,
porque sólo en tercio puede
tirarse uno con su padre.
Dos mil demonios me lleven,
si no es verdad que salí
y esto, fuese quien se fuese,
hizo este estrago.
ahora disculparte quieres
de la necedad. Recoge
esto que esparcido tienes
y entra a acostarme.
en una galera reme...
que la cabeza te quiebre.
que lo tal me sucediese.
Ahora bien, va de envasar
otra vez los adherentes
de mis maletas. ¡Oh, cielos!
¡Quién la trompeta tuviese
del juicio de las alhajas,
por que a una voz solamente
viniesen todas!
Cosme.
señor? ¿Has hallado acaso
allá dentro alguna gente?
para acostarme y halleme
debajo de la toalla
de la cama este billete
cerrado, y ya el sobreescrito
me admira más.
Lee. «Nadie me abra, porque soy
de don Manuel solamente».
por fuerza! No le abras, tente,
sin conjurarle primero.
es la novedad, no el miedo,
que quien admira no teme.
Lee.
«Con cuidado me tiene vuestra salud, como a quien fue la causa de su riesgo. Y así, agradecida y lastimada, os suplico me aviséis della y os sirváis de mí, que para lo uno y lo otro habrá ocasión, dejando la respuesta donde hallasteis esta, advertido que el secreto importa, porque el día que lo sepa alguno de los amigos perderé yo el honor y la vida».
antes con esto llegó
a mi vida el desengaño.
que aquella dama tapada,
que tan ciega y tan turbada
de don Luis huyendo fue,
era su dama, supuesto,
Cosme, que no puede ser,
si es soltero, su mujer;
y, dado por cierto esto,
¿qué dificultad tendrá
que en la casa de su amante
tenga ella mano bastante
para entrar?
pensado, mas mi temor
pasa adelante. Confieso
que es su dama y el suceso
te doy por bueno, señor;
pero ¿ella cómo podía
desde la calle saber
lo que había de suceder
para tener este día
ya prevenido el papel?
pudo dárselo a un criado.
¿cómo aquí ha de haberle puesto?
Porque ninguno aquí entró
desde que aquí quedé yo.
las maletas y la ropa
y el papel escrito topa
en más.
esas ventanas están.
y mil sospechas me dan.
pretendo hasta averiguallo
con estilo que parezca
que no ha hallado en mi valor
ni admiración ni temor,
que no dudo que se ofrezca
una ocasión en que demos,
viendo que papeles hay,
con quien los lleva y los tray.
cuenta a los huéspedes?
porque no tengo de hacer
mal alguno a una mujer
que así de mí se fió.
su galán piensas.
pues sin hacerla a ella mal
puedo yo proceder bien.
de lo que a ti te parece;
con cada discurso crece
mi sospecha.
papeles y que jamás,
aunque lo examines más,
ciertos desengaños tienen;
¿qué creerás?
hay para entrar y salir,
para cerrar, para abrir,
y que el cuarto tiene parte
por dónde. Y en duda tal
el juicio podré perder,
pero no, Cosme, creer
cosa sobrenatural.
¿Diablos?
¿Hay más necia bobería?
Déjame, que estás cansado.
con cuidados singulares;
aquí el desengaño fundo;
no creas que hay en el mundo
ni duendes ni familiares.
que algún demonio los tray,
que esto y más habrá donde hay
quien tome tabaco en humo.
Jornada II
Salen DOÑA ÁNGELA, DOÑA BEATRIZ y ISABEL.hasta que sepas el fin.
¿En qué quedamos?
en que por el alacena
hasta su cuarto pasaste,
que es tan difícil de verse
como fue de abrirse fácil;
que le escribiste un papel
y que al otro día hallaste
la respuesta.
que tan cortés y galante
estilo no vi jamás,
mezclando entre lo admirable
del suceso lo gracioso,
imitando los andantes
caballeros, a quien pasan
aventuras semejantes.
El papel, Beatriz, es este.
Holgareme que te agrade.
Lee ÁNGELA.
«Fermosa dueña, cualquier que vos seáis la condolida deste afanado caballero, y assaz
piadosa minoráis sus cuitas, ruégovos me queráis facer sabidor del follón mezquino o
pagano malandrín que en este encanto vos amancilla, para que segunda vegada en vueso
nombre, sano ya de las pasadas feridas, entre en descomunal batalla, maguer que finque
en ella, que non es la vida de más pro que la muerte, tenudo a su deber un caballero.
El dador de la luz vos mampare e a mí non olvide.
El caballero de la Dama
Duende».
y a propósito el lenguaje
del encanto y la aventura!
admiraciones viniera
el papel, vi semejante
desenfado, cuyo estilo
quise llevar adelante
y, respondiéndole así,
pasé...
que viene don Juan, tu hermano.
a agradecerte la dicha
de verte, Beatriz, y hablarte
en su casa.
si hemos de decir verdades.
dicen adagios vulgares,
y en mí se ve, pues que vienen
por mis bienes vuestros males.
He sabido, Beatriz bella,
que un pesar que vuestro padre
con vos tuvo, a nuestra casa
sin gusto y contento os trae.
Pésame que hayan de ser
lisonjeros y agradables,
como para vos mis gustos,
para mí vuestros pesares,
pues es fuerza que no sienta
desdichas que han sido parte
de veros, porque hoy amor
diversos efetos hace,
en vos de pena y en mí
de gloria, bien como el áspid,
de quien, si sale el veneno,
también la triaca sale.
Vos seáis muy bienvenida
que, aunque es corto el hospedaje,
bien se podrá hallar un sol
en compañía de un ángel.
tan cortésmente mezclasteis
que no sé a qué responderos.
Disgustada con mi padre
vengo; la culpa tuvisteis,
pues, aunque el galán no sabe,
sabe que por el balcón
hablé anoche y, mientras pase
el enojo, con mi prima
quiere que esté, porque hace
de su virtud confianza.
Solo os diré, y esto baste,
que los disgustos estimo,
por que también en mí cause
amor diversos efetos,
bien como el sol cuando esparce
bellos rayos, que una flor
se marchita y otra nace,
hiere el amor en mi pecho
y es solo un rayo bastante
a que se muera el pesar
y nazca el gusto de hallarme
en vuestra casa, que ha sido
una esfera de diamante,
hermosa envidia de un sol
y capaz dosel de un ángel.
hoy andáis los dos amantes,
pues que me dais de barato
tantos favores.
hermana, lo que he pensado?
Que tú solo por vengarte
del cuidado que te da
mi huésped, cuerda buscaste
huéspeda que a mí me ponga
en cuidado semejante.
solo por que la regales.
de la venganza.
don Juan? ¿Dónde vas?
a servirte, que dejarte
solo a ti por ti pudiera.
me dio, y cuidado tan grande
que apenas sé de mi vida
y él de la suya no sabe,
viéndote a ti con el mismo
cuidado, he de desquitarme,
por que de huésped a huésped
estemos los dos iguales.
tu suceso fuera parte
solamente a no sentir
su ausencia.
papeles suyos y míos
fueron y vinieron tales
-los suyos digo- que pueden
admitirse y celebrarse,
porque, mezclando las veras
y las burlas, no vi iguales
discursos.
¿qué es a lo que se persuade?
de don Luis, juntando partes
de haberme escondido de él
y de tener otra llave
del cuarto.
dificultad se me hace.
viendo que hay quien lleva y trae
papeles, no te ha espiado
y te ha cogido en el lance?
porque tengo a sus umbrales
un hombre yo, que me avisa
de quién entra y de quién sale,
y así no pasa Isabel
hasta saber que no hay nadie,
que ya ha sucedido, amiga,
un día entero quedarse
un criado para verlo
y haberle salido en balde
la diligencia y cuidado.
Y, por que no se me pase
de la memoria, Isabel,
llévale aquel azafate
en siendo tiempo.
¿cómo es posible que alabes
de tan entendido un hombre
que no ha dado en casos tales
en el secreto común
de la alacena?
lo del huevo de Juanelo,
que los ingenios más grandes
trabajaron en hacer
que en un bufete de jaspe
se tuviese en pie y Juanelo,
con solo llegar y darle
un golpecillo, le tuvo?
Las grandes dificultades
hasta saberse lo son,
que, sabido, todo es fácil.
qué piensas sacar?
Dijérate que mostrarme
agradecida y pasar
mis penas y soledades,
si ya no fuera más que esto,
porque necia y ignorante
he llegado a tener celos
de ver que el retrato guarde
de una dama, y aun estoy
dispuesta a entrar y tomarle
en la primera ocasión,
y no sé cómo declare
que estoy ya determinada
a que me vea y me hable.
Ni él, pienso yo que a un amigo
y huésped traición tan grande
hiciera, pues aun pensar
que soy dama suya hace
escribirme temeroso,
cortés, turbado y cobarde;
y en efeto yo no tengo
de ponerme a ese desaire.
y sabrás la más notable
traza, sin que yo al peligro
de verme en su cuarto pase
y él venga sin saber dónde.
que viene don Luis.
lo sabrás.
son los influjos! ¡Que el cielo
en igual mérito y partes
ponga tantas diferencias
y tantas distancias halle,
que con un mismo deseo
uno obligue y otro canse!
Vamos de aquí, que no quiero
que don Luis llegue a hablarme.
de quien el sol la aprendió,
¿huye porque llego yo?
¿Soy la noche por ventura?
Pues perdone tu hermosura,
si atrevido y descortés
en detenerte me ves,
que yo en esta contingencia
no quiero pedir licencia,
por que tú no me la des,
que, estimando tu rigor,
no quiere la suerte mía
que aun esto, que es cortesía,
tenga nombre de favor.
Ya sé que mi loco amor
en tus desprecios no alcanza
un átomo de esperanza,
pero yo, viendo tan fuerte
rigor, tengo de quererte
por sólo tomar venganza.
Mayor gloria me darás
cuando más pena me ofrezcas,
pues, cuando más me aborrezcas,
tengo de quererte más.
Si desto quejosa estás,
por que con solo un querer
los dos vengamos a ser,
entre el placer y el pesar,
estremos, aprende a amar
o enséñame a aborrecer.
Enséñame tú rigores,
yo te enseñaré finezas;
enséñame tú asperezas,
yo te enseñaré favores;
tú desprecios y yo amores;
tú olvido y yo firme fe;
aunque es mejor, por que dé
gloria al amor, siendo dios,
que olvides tú por los dos,
que yo por los dos querré.
que, aunque agradecer quisiera
vuestras penas, no lo hiciera
solo por que las digáis.
el idioma del desdén
aprendí.
que sigáis, que en caso tal
hará soledad el mal
a quien le dice tan bien.
Detiénela.
y padezcamos los dos.
amiga, que le detengas.
que esto quieras oír y ver!
que querer aborrecido
es morir y no querer.
olvidarla?, que es error.
Dila que me haga un favor
y, obligado, olvidaré;
ofendido no, porque
el más prudente, el más sabio
da su sentimiento al labio;
si olvidarse el favor suele,
es porque el favor no duele
de la suerte que el agravio.
¿La causa no me dirás?
en ti lo que respondió.
Pero ¿dónde está?, que yo
no la he visto.
es huéspeda de mi hermana
unos días, por que no
me falte un enfado así
de un huésped, que cada día
mis hermanos a porfía
se conjuran contra mí,
pues cualquiera tiene aquí
uno que pesar me dé:
de don Manuel, ya se ve;
y de Beatriz, pues los cielos
me traen a casa mis celos,
por que sin ellos no esté.
oírte, que viene allí.
tan gran prodigio sucede?
¿Qué haré, cielos, con que quede
desengañado y saber
de una vez si esta mujer
de don Luis dama ha sido
o cómo mano ha tenido
y cautela para hacer
tantos engaños?).
don Manuel.
el mío fue en preguntar
a quien pretensiones tiene
dónde va ni dónde viene,
porque es fuerza que ha de dar
cualquiera línea en palacio,
como centro de su esfera.
estuviera más de espacio;
pero mi afán inmortal
mayor término ha pedido:
su Majestad ha salido
esta tarde al Escurial
y es fuerza esta noche ir
con mis despachos allá,
que de importancia será.
puedo en algo, ya sabéis
que soy, en cualquier suceso,
vuestro.
por la merced que me hacéis.
de mi aumento.
Aparte. (por que negocies más presto).
tanto como vos no es justo
divertirle de su gusto,
porque yo tengo por llano
que estaréis entretenido,
y gran desacuerdo fuera
que ausentaros pretendiera.
lo que con Rodrigo hablaba,
no respondierais así.
que, aunque es verdad que lloraba
de una hermosura el rigor,
a la firme voluntad
le hace tanta soledad
el desdén como el favor.
sin estrella y sin ventura.
agora?
Mas tan infeliz nací
que huye esta beldad de mí,
como de la noche el velo
de la hermosa luz del día,
a cuyos rayos me quemo.
¿Queréis ver con cuánto estremo
es la triste suerte mía?
Pues, por que no la siguiera
amante y celoso yo,
a una persona pidió
que mis pasos detuviera.
Ved si hay rigores más fieros,
pues todos suelen buscar
terceros para alcanzar
y ella huye por terceros.
Mujer que su vista huyó
y a otra persona pidió
que le llegase a estorbar...
Por mí lo dice y por ella.
Ya por lo menos vencí
una duda, pues ya vi
que, aunque es verdad que es aquella,
no es su dama, porque él
despreciado no viviera,
si en su casa la tuviera.
Ya es mi duda más cruel.
Si no es su dama ni vive
en su casa, ¿cómo así
escribe y responde? Aquí
muere un engaño y concibe
otro engaño. ¿Qué he de hacer,
que soy en mis opiniones
confusión de confusiones?
¡Válgate Dios por mujer!
hasle visto por acá?
Que de saber que no está
allá me holgaré...
en nuestro cuarto y no puedo
entrar.
pero ve aquí que le tiene,
porque al suceso conviene.
y lleva luz, porque tengo
que disponer y escribir,
y esta noche he de salir
de Madrid.
pues dices con eso aquí
que tienes miedo al suceso.
que no hago caso de ti,
pues de otras cosas me acuerdo
que son diferentes; cuando
en estas me estás hablando,
el tiempo en efeto pierdo.
En tanto que me despido
de don Juan, ten luz.
luz al duende llevaré,
que es hora que sea servido
y no esté a escuras. Aquí
ha de haber una cerilla;
en aquella lamparilla
que está murmurando allí
encenderla agora puedo.
¡Oh, qué prevenido soy!
Y entre estas y estotras voy
titiritando de miedo.
me lo dijo. Agora es tiempo
de poner este azafate
de ropa blanca en el puesto
señalado. ¡Ay de mí, triste!,
que, como es de noche, tengo
con la grande obscuridad
de mí misma asombro y miedo.
¡Válgame Dios, que temblando
estoy! El duende primero
soy que se encomienda a Dios.
No hallo el bufete. ¿Qué es esto?
Con la turbación y espanto
perdí de la sala el tiento.
No sé dónde estoy ni hallo
la mesa. ¿Qué he de hacer? ¡Cielos!
Si no acertase a salir
y me hallasen aquí dentro,
dábamos con todo el caso
al traste. Gran temor tengo
y más agora que abrir
la puerta del cuarto siento
y trae luz el que la abre.
Aquí dio fin el suceso,
que ya ni puedo esconderme
ni volver a salir puedo.
obligan los rendimientos
a los duendes bien nacidos,
humildemente le ruego
que no se acuerde de mí
en sus muchos embelecos,
y esto por cuatro razones:
la primera, yo me entiendo;
Va andando y ISABEL detrás de él, huyendo de que no la vea. la segunda, usted lo sabe;
la tercera, por aquello
de que al buen entendedor...;
la cuarta, por estos versos:
«Señor Dama Duende,
duélase de mí,
que soy niño y solo
y nunca en tal me vi».
el tino del aposento
y él no me ha visto; si aquí
se la mato, será cierto
que, mientras la va a encender,
salir a mi cuarto puedo,
que, cuando sienta el ruido,
no me verá por lo menos
y a dos daños el menor).
¡Que me han muerto!
escaparme).
Cosme, ¿cómo estás sin luz?
el duende: la luz de un soplo
y a mí de un golpe.
te hará creer esas cosas.
que con el amo he encontrado).
a quien es.
asió; en sus manos le dejo.
Hallé la alacena. ¡Adiós!).
hasta que traigan la luz,
porque, si no, ¡vive el cielo,
que le dé de puñaladas!
Pero sólo abrazo el viento
y topo sólo una cosa
de ropa y de poco peso.
¿Qué será? ¡Válgame Dios,
que en más confusión me ha puesto!
Pues ¿qué es de él? ¿No estaba preso?
¿Qué se hizo? ¿Dónde está?
¿Qué es esto, señor?
a responder. Esta ropa
me ha dejado y se fue huyendo.
Aun bien que agora tú mesmo
dijiste que le tenías
y se te fue por el viento.
que con arte y con ingenio
entra y sale aquí, esta noche
estaba encerrada dentro;
que para poder salir
te mató la luz y luego
me dejó a mí el azafate
y se me ha escapado huyendo.
¡Vive Dios!, que yo le vi
a los últimos reflejos
que la pavesa dejó
de la luz que me había muerto.
tamañito y tenía puesto
un cucurucho tamaño,
que por estas señas creo
que era duende capuchino.
Alumbra aquí y lo que trujo
el frailecito veremos.
Ten este azafate tú.
sucias, señor, con el sebo
de la vela y mancharé
el tafetán que cubierto
le tiene; mejor será
que le pongas en el suelo.
Veamos si el fraile es discreto.
Lee.
«En el poco tiempo que ha que vivís en esta casa no se ha podido hacer más ropa; como se fuere haciendo, se irá llevando. A lo que decís del amigo, persuadido a que soy dama de don Luis, os aseguro que no sólo no lo soy, pero que no puedo serlo; y esto dejo para la vista, que será presto. Dios os guarde».
Bautizado está este duende,pues de Dios se acuerda.
cómo hay duende religioso?
las maletas y cojines,
y en una bolsa pon estos
Dale unos papeles. papeles, que son el todo
a que vamos, que yo intento
en tanto dejar respuesta
a mi duende.
para que no se me olviden
y estén a mano, ponerlos
mientras me detengo un rato
solamente a decir esto:
¿has creído ya que hay duendes?
tú mismo tantos efetos,
como venirse a tus manos
un regalo por el viento,
y aún dudas? Pero bien haces,
si a ti te va bien con eso;
mas déjame a mí, que yo,
que peor partido tengo,
lo crea.
si nos revuelven la ropa,
te ríes mucho de verlo
y yo soy quien la compone,
que no es trabajo pequeño;
si a ti te dejan papeles
y se llevan dos conceptos,
a mí me dejan carbones
y se llevan mi dinero;
si traen dulces, tú te huelgas
como un padre de comerlos
y yo ayuno como un puto,
pues ni los toco ni veo;
si a ti te dan las camisas,
las valonas y pañuelos,
a mí los sustos me dan
de escucharlo y de saberlo;
si, cuando los dos venimos
aquí casi a un mismo tiempo,
te dan a ti un azafate
tan aseado y compuesto,
a mí me da un mojicón
en aquestos pestorejos
tan descomunal y grande
que me hace escupir los sesos.
Para ti solo, señor,
es el gusto y el provecho;
para mí el susto y el daño;
y tiene el duende en efeto
para ti mano de lana,
para mí mano de hierro.
Pues déjame que lo crea,
que se apura el sufrimiento
queriendo negarle a un hombre
lo que está pasando y viendo.
que allá en el cuarto te espero
de don Juan.
si allá vestido de negro
has de andar y esto se hace
con tomar un herreruelo?
lleva, que si en este tiempo
hiciere falta, otra tiene
don Juan. Confuso me ausento
por no llevar ya sabido
esto que ha de ser tan presto;
pero uno importa al honor
de mi casa y de mi aumento,
y otro solamente a un gusto;
y así entre los dos estremos,
donde el honor es lo más,
todo lo demás es menos.
porque, si allí me viera,
fuerza, señora, fuera
el descubrirse todo;
pero, en efeto, me escapé del modo
que te dije.
suceso.
sin haber visto gente,
ver que dé un azafate y que se ausente.
que me vea del modo que te digo,
no dudo de que pierda
el juicio.
es fuerza que se espante,
Ángela, con suceso semejante,
porque querer llamalle
sin saber dónde viene y que se halle
luego con una dama
tan hermosa, tan rica y de tal fama,
sin que sepa quién es ni dónde vive
-que esto es lo que tu ingenio le apercibe-,
y haya, tapado y ciego,
de volver a salir y dudar luego,
¿a quién no ha de admirar?
está ya y por estar tú aquí no ha sido
hoy la noche primera
que ha de venir a verme.
yo callar el suceso
de tu amor?
sino que, estando en casa
tú, como a mis hermanos les abrasa
tu amor, no salen della,
adorando los rayos de tu estrella;
y fuera aventurarme,
no ausentándose ellos, empeñarme.
disimular su afecto! ¡Quién pusiera
límite al pensamiento,
freno a la voz y ley al sentimiento!
Pero ya que conmigo
tan poco puedo que esto no consigo,
desde aquí he de ensayarme
a vencer mi pasión y reportarme).
se podrá disponer para no hacerte
mal tercio y para hallarme
aquí, porque sintiera el ausentarme
sin que el efeto viera
que deseo.
que de su mismo aliento se recatan?).
que mi padre envió por mí y haremos
la deshecha con modos
que, teniéndome ya por ida todos,
vuelva a quedarme en casa...
sin estorbos podré ver el efeto...
de verte aquí otra vez?
-¡qué mal eso te admira!-
ingenio para hacer otra mentira?
Con nuevas penas y tormentos lucho).
deste notable amor veré el efeto,
pues, estando escondida
yo y estando la casa recogida,
sin escándalo arguyo
que pasar pueda de su cuarto al tuyo.
-cobarde vivo y atrevido muero-
su intención. Más dichoso
mi hermano la merece. ¡Estoy celoso!
A darle se prefiere
la ocasión que desea y así quiere
que de su cuarto pase,
sin que nadie lo sepa, y yo me abrase.
Y, por que sin testigos
se logren, ¡oh, enemigos!,
mintiendo mi sospecha,
quiere hacer conmigo la deshecha.
Pues, si esto es así, cielo,
para el estorbo de su amor apelo;
y, cuando esté escondida
buscando otra ocasión, con atrevida
resolución veré toda la casa
hasta hallarla, que el fuego que me abrasa
ya no tiene otro medio,
que el estorbar es último remedio
de un celoso. ¡Valedme, santos cielos,
que, abrasado de amor, muero de celos!).
y mañana diremos que te has ido.
tantas dichas mejora
que me eche menos vuestro sol, señora,
de mí mismo envidioso
tendré mi mismo bien por sospechoso,
que posible no ha sido
que os haya merecido
mi amor ese cuidado;
y así, de mí envidioso y envidiado,
tendré en tal dulce abismo
yo lástima y envidia de mí mismo.
argumento, don Juan, tan lisonjero,
que quien ha dilatado
tanto el venirme a ver y me ha olvidado,
¿quién duda que estaría
bien divertido? Sí, y allí tendría
envidia a su ventura
y lástima, perdiendo la hermosura
que tanto le divierte;
luego claro se prueba desta suerte
con cierto silogismo
la lástima y envidia de sí mismo.
intentara, Beatriz, satisfaceros
con deciros que he estado
con don Manuel, mi huésped, ocupado
agora en su partida,
por que se fue esta noche.
placer cumplido el que tu pecho vea,
pues volverá mañana.
Ya yo me había espantado,
que tan de paso nos venía el enfado,
que fue siempre importuno.
sino que tú y don Luis mostráis disgusto
por ser cosa en que yo he tenido gusto.
aunque tengo bien qué, y es por no hacerte
mal juego, siendo agora
tercero de tu amor, pues nadie ignora
que ejerce amor las flores de fullero
mano a mano mejor que con tercero.
Vente, Isabel, conmigo
(que aquesta noche misma a traer me obligo
el retrato, pues puedo
pasar con más espacio y menos miedo.
Tenme tú prevenida
una luz y en qué pueda ir escondida;
porque no ha de tener, contra mi fama,
quien me escribe retrato de otra dama).
tantas finezas.
de mi fe -porque es mucha-
en un discurso.
Bella Beatriz, mi fe es tan verdadera,
mi amor tan firme, mi afición tan rara,
que, aunque yo no quererte deseara,
contra mi mismo afecto te quisiera.
Estímate mi vida de manera
que, a poder olvidarte, te olvidara,
porque después por elección te amara;
fuera gusto mi amor y no ley fuera.
Quien quiere a una mujer, porque no puede
olvidalla, no obliga con querella,
pues nada el albedrío la concede.
Yo no puedo olvidarte, Beatriz bella,
y siento el ver que tan ufana quede
con la vitoria de tu amor mi estrella.
y la fuerza al impulso de una estrella,
voluntad más segura será aquella
que no viva sujeta a un desvarío;
y así de tus finezas desconfío,
pues mi fe, que imposibles atropella,
si viera a mi albedrío andar sin ella,
negara, vive el cielo, que era mío;
pues aquel breve instante que gastara
en olvidar, para volver a amarte,
sintiera que mi afecto me faltara;
y huélgome de ver que no soy parte
para olvidarte, pues que no te amara
el rato que tratara de olvidarte.
infamia mía, que hiciera
un desatino.
en que te he servido bien
y un descuido no está en mano
de un católico cristiano.
si lo que más importó
y lo que más te he encargado,
es lo que más se ha olvidado?
por ser lo que me importaba;
que, si importante no fuera,
en olvidarse ¿qué hiciera?
¡Viven los cielos!, que estaba
tan cuidadoso en traer
los papeles, que por eso
los puse aparte y confieso
que el cuidado vino a ser
el mismo que me dañó,
pues si aparte no estuvieran,
con los demás se vinieran.
en la mitad del camino.
sin saber qué le causaba,
que le juzgué a desatino
hasta que en el caso di
y supe que era el cuidado
el habérseme olvidado
los papeles.
el mozo espere teniendo
las mulas, porque también
llegar con ruido no es bien,
despertando a quien durmiendo
está ya, pues puedo entrar,
supuesto que llave tengo,
y el despacho por quien vengo
sin ser sentido sacar.
mas considera, señor,
que sin luz es grande error
querer hallarlos y el ruido
excusarse no es posible,
porque, si luz no nos dan
en el cuarto de don Juan,
¿cómo hemos de ver?
es tu enfado! ¿Agora quieres
que le alborote y le llame?
Pues ¿no sabrás -dime infame,
que causa de todo eres-
por el tiento dónde fue
donde quedaron?
la duda, que yo a la mesa
donde sé que los dejé
iré a ciegas.
es que no sabré yo adónde
el duende los habrá puesto,
porque ¿qué cosa he dejado
que haya vuelto a hallarla yo
en la parte que quedó?
luz entonces pediremos;
pero hasta verlo no es bien
que alborotemos a quien
buen hospedaje debemos.
está la casa y es dueño
de los sentidos el sueño,
ladrón de la media vida,
y sé que el huésped se ha ido,
robarle el retrato quiero
que vi en el lance primero.
y hasta venirme a avisar
no saldré yo, por no dar
en más riesgo.
que, si aquí sienten rumor,
será alboroto mayor.
Este duende bien pudiera
tenernos luz encendida.
por que de aquesta manera
no se viese, es tiempo ya
de descubrir.
el duende tan bien mandado.
¡Qué presto la luz nos da!
Considera agora aquí
si te quiere bien el duende,
pues que para ti la enciende
y la apaga para mí.
esto sobrenatural,
que traer con prisa tal
luz no es obra humana.
cómo a confesar veniste
que es verdad?
Por volverme atrás estoy.
y con papeles está.
una admiración tan nueva!
a lo que vamos buscando
sin que veamos quién la lleva?
la escribanía veré.
de la luz todo se ve
y no vi en toda mi vida
tan soberana mujer.
¡Válgame el cielo! ¿Qué es esto?
Hidras a mi parecer
son los prodigios, pues de uno
nacen mil. ¡Cielos! ¿Qué haré?
Silla arrastra.
de la más rara beldad
que el soberano pincel
ha obrado.
porque sólo la hizo él.
sus ojos.
que son sus ojos luceros
del cielo de Lucifer.
del sol.
se las trujeron acá,
o una parte de las tres.
si el pie la vieras, porque estos
son malditos por el pie.
un ángel hermoso es.
con mis papeles?
que querrá mirar y ver
los que buscas, por que aquí
tengamos menos que hacer,
que es duende muy servicial.
Nunca me he visto cobarde,
sino sola aquesta vez...
de prisión de hielo el pie,
tengo el cabello erizado
y cada suspiro es
para mi pecho un puñal,
para mi cuello un cordel.
Mas ¿yo he de tener temor?
¡Vive el cielo, que he de ver
si sé vencer un encanto!
Llega y ásela. Ángel, demonio o mujer,
a fe que no has de librarte
de mis manos esta vez.
(Fingida su ausencia fue,
más ha sabido que yo).
Troya del diablo- nos di...
Enríquez, a quien está
guardado un inmenso bien,
no me toques, no me llegues,
que llegarás a perder
la mayor dicha que el cielo
te previno por merced
del hado que te apadrina
por decretos de su ley.
Yo te escribí aquesta tarde
en el último papel
que nos veríamos presto
y, anteviendo, aquesto fue.
Y pues cumplí mi palabra,
supuesto que ya me ves
en la más humana forma
que he podido elegir, ve
en paz y déjame aquí,
porque aún cumplido no es
el tiempo en que mis sucesos
has de alcanzar y saber.
Mañana los sabrás todos
y mira que a nadie des
parte desto, si no quieres
una gran suerte perder.
Ve en paz.
nos convida, señor, ¿qué
esperamos?
que corrido de temer
vanos asombros estoy!
Y, puesto que no los cree
mi valor, he de apurar
todo el caso de una vez).
Mujer, quienquiera que seas
-que no tengo de creer
que eres otra cosa nunca-,
¡vive Dios, que he de saber
quién eres, cómo has entrado
aquí, con qué fin y a qué!
Sin esperar a mañana
esta dicha gozaré,
si demonio, por demonio,
y, si mujer, por mujer,
que a mi esfuerzo no le da
qué recelar ni temer
tu amenaza, cuando fueras
demonio, aunque yo bien sé
que, teniendo cuerpo tú,
demonio no puedes ser,
sino mujer.
echas una dicha.
el señor diablo muy bien:
no la toques, pues no ha sido
arpa, laúd ni rabel.
con la espada lo veré,
pues, aunque te hiera aquí,
no ha de poderte ofender.
sangriento el brazo detén!,
que no es bien que des la muerte
a una infelice mujer.
Yo confieso que lo soy
y, aunque es delito el querer,
no delito que merezca
morir mal por querer bien.
No manches, pues, no desdores
con mi sangre el rosicler
de ese acero.
porque no puedo llevar
tan al fin como pensé
este amor, este deseo,
esta verdad y esta fe.
Pero estamos a peligro,
si nos oyen o nos ven,
de la muerte, porque soy
mucho más de lo que ves;
y así es fuerza, por quitar
estorbos que puede haber,
cerrar, señor, esa puerta
y aun la del portal también,
por que no puedan ver luz,
si acaso vienen a ver
quién anda aquí.
cerremos las puertas. ¿Ves
cómo es mujer y no duende?
Ya, ¡cielos!, fuerza ha de ser
decir la verdad, supuesto
que me ha cerrado Isabel,
y que el huésped me ha cogido
aquí.
Tu hermano por ti pregunta.
de la alacena. ¡Ay, amor,
la duda se queda en pie!
proseguid, señora; haced
relación... Pero ¿qué es esto?
¿Dónde está?
Ve delante.
es, señor, descortesía
ir yo delante.
todo el cuarto. Suelta, digo.
Tome la luz.
es mi suerte!
por la puerta no se fue.
-siempre te lo he dicho yo-
cómo es diablo y no mujer?
todo este cuarto hasta ver
si debajo de los cuadros
rota está alguna pared,
si encubren estas alfombras
alguna cueva y también
las bovedillas del techo!
esta alacena.
no hay que dudar ni temer,
siempre compuesta de vidrios.
A mirar lo demás ven.
que es fantástica su forma,
puesto que llegó a temer
la muerte.
a adivinar y saber
que a sólo verla esta noche
habíamos de volver.
fantástica su luz fue,
pero como cosa humana
se dejó tocar y ver;
como mortal se temió,
receló como mujer,
como ilusión se deshizo,
como fantasma se fue.
Si doy la rienda al discurso,
no sé, ¡vive Dios!, no sé,
ni qué tengo de dudar
ni qué tengo de creer.
pues que novedad no es
-pues la mujer es demonio
todo el año-, que una vez,
por desquitarse de tantas,
sea el demonio mujer.
Jornada III
Sale DON MANUEL como a escuras, guiándole ISABEL.luego saldrá a verte aquí
mi señora.
la tramoya. ¿Cerró? Sí.
¿Qué pena a mi pena iguala?
Yo volví del Escurial
y este encanto peregrino,
este pasmo celestial
que a traerme la luz vino
y me deja en duda igual
me tiene escrito un papel,
diciendo muy tierna en él:
«Si os atrevéis a venir
a verme, habéis de salir
esta noche sin aquel
criado que os acompaña.
Dos hombres esperarán
en el cimenterio -¡estraña
parte!- de San Sebastián,
y una silla». Y no me engaña;
en ella entré y discurrí
hasta que el tino perdí.
Y al fin a un portal de horror
lleno, de sombra y temor,
solo y a escuras salí.
Aquí llegó una mujer
-al oír y al parecer-
y, a escuras y por el tiento,
de aposento en aposento,
sin oír, hablar ni ver,
me guió. Pero ya veo
luz; por el resquicio es
de una puerta. Tu deseo
lograste, amor, pues ya ves
la dama; aventuras leo.
Acecha. ¡Qué casa tan alhajada!
¡Qué mujeres tan lucidas!
¡Qué sala tan adornada!
¡Qué damas tan bien prendidas!
¡Qué beldad tan estremada!
a tu casa mis hermanos,
quedándote aquí escondida,
los recelos serán vanos,
porque, una vez recogida,
ya no habrá que temer nada).
luego el de ver, retirada,
lo que me pasa con él).
¿Estaréis muy disgustado
de esperarme?
que quien espera al aurora
bien sabe que su cuidado
en las sombras sepultado
de la noche obscura y fría
ha de tener, y así hacía
gusto el pesar que pasaba,
pues cuanto más se alargaba,
tanto más llamaba al día.
Si bien no era menester
pasar noche tan obscura,
si el sol de vuestra hermosura
me había de amanecer,
que para resplandecer
vos, soberano arrebol,
la sombra ni el tornasol
de la noche no os había
de estorbar, que sois el día
que amanece sin el sol.
Huye la noche, señora,
y pasa a la dulce salva
de los pájaros el alba,
que ilumina, mas no dora;
después del alba la aurora,
de rayos y luz escasa,
dora, mas no abrasa. Pasa
la aurora y tras su arrebol
pasa el sol; y sólo el sol
dora, ilumina y abrasa.
El alba, para brillar,
quiso a la noche seguir;
la aurora, para lucir,
al alba quiso imitar;
el sol, deidad singular,
a la aurora desafía,
vos al sol; luego la fría
noche no era menester,
si podéis amanecer
sol del sol después del día.
discurso tan cortesano,
quejarme quiero, no en vano,
de ofensa tan lisonjera;
pues, no siendo esta la esfera
a cuyo noble ardimiento
fatigas padece el viento,
sino un albergue piadoso,
os viene a hacer sospechoso
el mismo encarecimiento.
No soy alba, pues la risa
me falta en contento tanto;
ni aurora, pues que mi llanto
de mi dolor no os avisa;
no soy sol, pues no divisa
mi luz la verdad que adoro;
y así lo que soy ignoro,
que solo sé que no soy
alba, aurora o sol, pues hoy
ni alumbro, río, ni lloro.
Y así os ruego que digáis,
señor don Manuel, de mí
que una mujer soy y fui,
a quien vos solo obligáis
al estremo que miráis.
pues, aunque me llego a ver
aquí, os pudiera argüir
que tengo más que sentir,
señora, que agradecer,
y así me doy por sentido.
pues que no fiáis de mí
quién sois.
que eso no mandéis, que ha sido
imposible de contar.
Si queréis venirme a hablar,
con condición ha de ser
que no lo habéis de saber
ni lo habéis de preguntar,
porque para con vos hoy
una enigma a ser me ofrezco,
que ni soy lo que parezco
ni parezco lo que soy.
Mientras encubierta estoy,
podréis verme y podré veros;
porque, si a satisfaceros
llegáis y quién soy sabéis,
vos quererme no querréis,
aunque yo quiera quereros.
Pincel que lo muerto informa
tal vez un cuadro previene,
que una forma a una luz tiene
y a otra luz tiene otra forma;
Amor, que es pintor, conforma
dos luces que en mí tenéis:
si hoy a aquesta luz me veis
y por eso me estimáis,
cuando a otra luz me veáis
quizá me aborreceréis.
Lo que deciros me importa
es en cuanto a haber creído
que de don Luis dama he sido,
y esta sospecha reporta
mi juramento y la acorta.
a encubriros de él?
ser tan principal mujer
que tuviera qué perder,
si don Luis me conociera.
cómo a mi cuarto pasáis.
que es el mismo inconveniente.
Ya el agua y dulce está aquí;
vuexcelencia mire si...
Necia, ¿quién es Excelencia?
¿Quieres engañar así
al señor don Manuel
para que con eso crea
que yo gran señora sea?).
duda salí con aquel
descuido; agora he creído
que una gran señora ha sido,
que por serlo se encubrió
y que con el oro vio
su secreto conseguido).
fortunas? ¡Válgame el cielo!).
a esconderos a un retrete.
Isabel, llévale tú
hasta que oculto le dejes
en aquel cuarto que sabes
apartado; ya me entiendes.
de abrir la puerta?
cielos, que vida y honor
van jugadas a una suerte!
en esa cuadra, Beatriz;
no te hallen aquí.
¿Qué quieres
a estas horas en mi cuarto,
que así a alborotarnos vienes?
Ángela, ¿qué traje es ese?
es causa el mirarme siempre
llena de luto, y vestime,
por ver si hay con qué me alegre,
estas galas.
que tristezas de mujeres
bien con galas se remedian,
bien con joyas convalecen;
si bien me parece que es
un cuidado impertinente.
donde nadie llegue a verme?
a su casa?
su padre, por mejor medio,
en paz su enojo convierte.
para ir a ver si pudiese
verla y hablarla esta noche.
Quédate con Dios y advierte
que ya no es tuyo ese traje.
Cierra esa puerta, Beatriz.
susto. A buscarme tu hermano
va.
más la casa y don Manuel
vuelva de su cuarto a verme,
para ser menos sentidas
entremos a este retrete.
te llaman .la dama duende
que no hagas ruido, que pueden
sentirte.
a cerrar, que estoy turbada).
quien se atreve a entrar en parte
donde ni alcanza ni entiende
qué daños se le aperciben,
qué riesgos se le previenen!
Venme aquí a mí en una casa
que dueño tan noble tiene
-de Excelencia por lo menos-,
lleno de asombros crueles
y tan lejos de la mía.
Pero ¿qué es esto? Parece
que a esta parte alguna puerta
abren. Sí, y ha entrado gente.
entrar podré libremente
en mi aposento sin miedo,
aunque sin luz salga y entre;
porque el duende, mi señor,
puesto que a mi amo tiene,
¿para qué me quiere a mí?
Pero para algo me quiere.
Topa con DON MANUEL. ¿Quién va? ¿Quién es?
quienquiera que es, si no quiere
que le mate a puñaladas.
pobre en la casa del rico.
que acaso ha entrado hasta aquí.
De él informarme conviene
de dónde estoy). Di ¿qué casa
es esta y qué dueño tiene?
son el diablo que me lleve,
porque aquí vive una dama,
que llaman ,la dama duende
que es un demonio en figura
de mujer.
soy un súbdito, un sirviente,
que sin qué ni para qué
estos encantos padece.
un loco, un impertinente,
un tonto, un simple, un menguado,
que por tal dama se pierde.
Enríquez.
me llamo.
Pues ¿cómo has entrado aquí?
Tu señor soy. Dime ¿vienes
siguiéndome tras la silla?
¿Entraste tras mí a esconderte
también en este aposento?
Dime ¿cómo estás aquí?
¿No te fuiste muy valiente
solo donde te esperaban?
Pues ¿cómo tan presto vuelves?
Y ¿cómo, en fin, has entrado
aquí, trayendo yo siempre
la llave de aqueste cuarto?
Porque lejos de mi casa
y en casa bien diferente
estaba en aqueste instante.
sin duda, porque te he dicho
la verdad pura.
que pierda el juicio?
de desengañarte? Vete
por esa puerta y saldrás
al portal, adonde puedes
desengañarte.
Iré a examinarle y verle.
de tanto embuste aparente?
y, por que a saber no llegue
don Manuel adónde está,
sacarle de aquí conviene).
Ce, señor, ce.
ceáticas son estas cees).
queda.
conmigo.
Llévale ISABEL.
de dónde nace este engaño?
¿No respondes? ¡Qué necio eres!
¡Cosme, Cosme! ¡Vive el cielo,
que toco con las paredes!
¿Yo no hablaba aquí con él?
¿Dónde se desaparece
tan presto? ¿No estaba aquí?
Yo he de perder dignamente
el juicio; mas, pues es fuerza
que aquí otro cualquiera entre,
he de averiguar por dónde,
porque tengo de esconderme
en esta alcoba y estar
esperando atentamente
hasta averiguar quién es
esta hermosa dama duende.
mi hermano y pues Isabel
a su mismo cuarto ha ido
a traer a don Manuel,
esté todo apercebido;
halle, cuando llegue aquí,
la colación prevenida.
Todas le esperad así.
igual cuento.
que ya siento sus pisadas.
Ya estas son burlas pesadas.
Mas no, pues mirando estoy
bellezas tan estremadas.
¿Yo soy Cosme o Amadís?
¿Soy Cosmico o Belianís?
¡Señor!
pues tengo el alma en un tris).
donde a don Manuel dejé,
volviendo por él agora
a su criado encontré.
Todo está ya declarado.
Cosme.
llegad.
temor?
en llegando al pundonor).
¿Respeto no puede ser
sin ser espanto ni miedo?,
porque al mismo Lucifer
temerle muy poco puedo
en hábito de mujer.
Alguna vez lo intentó
y, para el ardid que fragua,
cota y nagua se vistió
-que esto de cotilla y nagua
el demonio lo inventó-.
En forma de una doncella
aseada, rica y bella,
a un pastor se apareció
y él, así como la vio,
se encendió en amores della.
Gozó a la diabla y después
con su forma horrible y fea
le dijo a voces: «¿No ves,
mísero de ti, cuál sea
desde el copete a los pies
la hermosura que has amado?
Desespera, pues has sido
agresor de tal pecado».
Y él, menos arrepentido
que antes de haberla gozado,
le dijo: «Si pretendiste,
¡oh, sombra fingida y vana!,
que desesperase un triste,
vente por acá mañana
en la forma que trujiste;
verasme amante y cortés,
no menos que antes, después,
y aguardarte»; en testimonio
de que aun horrible no es
en traje de hembra un demonio.
una conserva y bebed,
que los sustos causan sed.
que habéis de volver, mirad,
docientas leguas de aquí.
un hermano.
es el verdadero duende.
a estorbar otros placeres.
Vi ya tarde en ese cuarto
una silla, donde vuelve
Beatriz, y vi que mi hermano
entró.
me pareció que había gente
y para desengañarme
sólo he de mirarle y verle.
Alza una antepuerta y topa con BEATRIZ. Beatriz, ¿aquí estás?
estoy, que hube de volverme,
porque al disgusto volvió
mi padre, enojado siempre.
¿Qué notable estrago es este
de platos, dulces y vidrios?
de lo que, en estando a solas,
se entretienen las mujeres?
Ya no puede ser mi hermano
quien se guarda desta suerte.
Aparta la alacena para entrar con luz. ¡Ay de mí, cielos piadosos!,
que queriendo neciamente
estorbar aquí los celos
que amor en mi pecho enciende,
celos de honor averiguo.
Luz tomaré, aunque imprudente,
pues todo se halla con luz
y el honor con luz se pierde.
si le topa!
en su cuarto ya Isabel,
en vano dudas y temes,
pues te asegura el secreto
de la alacena.
tal mi desdicha, que allí
con la turbación no hubiese
cerrado bien Isabel
y él entrase allá?
en salvo será importante.
como él se valió de mí,
por que, trocada la suerte,
si a ti te trujo un pesar,
a mí otro pesar me lleve.
en la cuadra siento gente.
desviada esta alacena?
que he topado aquí me valga.
Escóndese.
Echa mano.
¿Quién vio confusión más fuerte?
Decirlo quise mil veces).
traidor, fementido huésped,
que al honor de quien te estima,
te ampara, te favorece,
sin recato te aventuras
y sin decoro te atreves:
esgrime ese infame acero.
le esgrimiré, tan confuso
de oírte, escucharte y verte,
de oírme, verme y escucharme,
que, aunque a matarme te ofreces,
no podrás, porque mi vida,
hecha a prueba de crueles
fortunas, es inmortal;
ni podrás, aunque lo intentes,
darme la muerte, supuesto
que el dolor no me da muerte,
que, aunque eres valiente tú,
es el dolor más valiente.
sino con obras.
sólo hasta pensar si puedo,
don Luis, satisfacerte.
si así agraviarme pretendes?
Si en el cuarto desta fiera
por ese paso que tienes
entras, ¿hay satisfaciones
a tanto agravio?
rompa esa espada mi pecho,
don Luis, si eternamente
supe desta puerta o supe
que paso a otro cuarto tiene.
sin luz?
Un criado espero.
yo te he visto esconder, ¿quieres
que mientan mis ojos?
que ellos engaños padecen
más que otro sentido.
los ojos mientan, ¿pretendes
que también mienta el oído?
tú solo dices verdad
y eres tú solo el que...
porque aun antes que lo digas,
que lo imagines y pienses,
te habré quitado la vida;
y, ya arrestada la suerte,
primero soy yo; perdonen
de amistad honrosas leyes.
Y, pues ya es fuerza reñir,
riñamos como se debe.
Parte entre los dos la luz,
que nos alumbre igualmente;
cierra después esa puerta
por donde entraste imprudente,
mientras que yo cierro estotra;
y agora en el suelo se eche
la llave, para que salga
el que con la vida quede.
por aquí con un bufete,
por que no puedan abrirla
por allá cuando lo intenten.
es la mía!).
el criado que esperabas?
Yo sé que tengo razón.
Creed de mí lo que quisiereis,
que con la espada en la mano
sólo ha de vivir quien vence.
¿Qué esperáis?
si eso presumes de mí;
pensando estoy qué ha de hacerse
del criado, porque echarle
es enviar quien lo cuente,
y tenerle aquí, ventaja,
pues es cierto ha de ponerse
a mi lado.
si es ese el inconveniente.
y, como en ella se cierre,
quedaremos más iguales.
diligencias tan urgentes,
que para que yo no riña
cuidado escusado es ese.
Riñen.
Sin armas estoy; mi espada
se desarma y desguarnece.
de la fortuna accidente
sí; busca otra espada, pues.
(Fortuna, ¿qué debo hacer
en una ocasión tan fuerte,
pues, cuando el honor me quita,
me da la vida y me vence?
Yo he de buscar ocasión
verdadera o aparente
para que pueda en tal duda
pensar lo que debe hacerse).
y, como a que venga esperes,
presto volveré con ella.
Cierro la puerta y la llave
quito, por que no se eche
de ver que está gente aquí.
¡Qué confusos pareceres
mi pensamiento combaten
y mi discurso revuelven!
¡Qué bien predije que había
puerta que paso la hiciese
y que era de don Luis dama!
Todo, en efeto, sucede
como yo lo imaginé.
Mas ¿cuándo desdichas mienten?
que lo que solo estuvieres
me eches allá, porque temo
que venga a buscarme el duende
con sus dares y tomares,
con sus dimes y diretes,
en un retrete que apenas
se divisan las paredes.
tan rendido a los desdenes
del discurso que no hay
cosa que más me atormente.
que me informe y me aconseje
de la causa que a estas horas
te ha sacado desta suerte
de casa, porque no quiero
que en tu cuarto, ingrata, entres,
por informarme sin ti
de lo que a ti te sucede.
Aparte. (De don Manuel en el cuarto
la dejo y, por si él viniere,
pondré a la puerta un criado
que le diga que no entre).
Unas a otras suceden
mis desdichas. ¡Muerta soy!
y que aun allí no me deje.
y en una puerta un bufete
y en otra la llave está,
¿por dónde quieres que entre?
encaja aquí lindamente.
mujer que a matarme vienes?
Pues, ¿cómo has entrado aquí?
Llamó don Luis turbado,
entró atrevido, reportose osado,
prevínose prudente,
pensó discreto y resistió valiente;
miró la casa ciego,
recorriola advertido, hallote y luego
ruido de cuchilladas
habló, siendo las lenguas las espadas.
Yo, viendo que era fuerza
que dos hombres cerrados, a quien fuerza
su valor y su agravio,
retórico el acero, mudo el labio,
no acaban de otra suerte
que con sólo una vida y una muerte,
sin ser vida ni alma,
mi casa dejo y a la obscura calma
de la tiniebla fría,
pálida imagen de la dicha mía,
a caminar empiezo;
aquí yerro, aquí caigo, aquí tropiezo,
y torpes mis sentidos
prisión hallan de seda mis vestidos.
Sola, triste y turbada,
llego de mi discurso mal guiada
al umbral de una esfera
que fue mi cárcel, cuando ser debiera
mi puerto o mi sagrado
-mas, ¿dónde le ha de hallar un desdichado?-.
Estaba a sus umbrales
-¡cómo eslabona el cielo nuestros males!-
don Juan, don Juan, mi hermano,
que ya resisto, ya defiendo en vano
decir quién soy, supuesto
que el haberlo callado nos ha puesto
en riesgo tan estraño.
¿Quién creerá que el callar me ha hecho daño,
siendo mujer? Y es cierto,
siendo mujer, que por callar me he muerto.
En fin, él esperando
a esta puerta estaba, ¡ay, cielo!, cuando
yo a sus umbrales llego,
hecha Volcán de nieve, Alpe de fuego.
Él, a la luz escasa
con que la luna mansamente abrasa,
vio brillar los adornos de mi pecho
-no es la primer traición que nos ha hecho-
y escuchó de las ropas el ruido
-no es la primera que nos han vendido-;
pensó que era su dama
y llegó, mariposa de su llama,
para abrasarse en ella
y hallome a mí por sombra de su estrella.
¿Quién de un galán creyera
que, buscando sus celos, conociera
tan contrarios los cielos
que ya se contentara con sus celos?
Quiso hablarme y no pudo,
que siempre ha sido el sentimiento mudo.
En fin, en tristes voces,
que mal formadas anegó veloces
desde la lengua al labio,
la causa solicita de su agravio.
Yo responderle intento
-ya he dicho cómo es mudo el sentimiento-
y, aunque quise, no pude,
que mal al miedo la razón acude,
si bien busqué colores a mi culpa;
mas, cuando anda a buscarse la disculpa,
o tarde o nunca llega:
más el delito afirma que le niega.
«Ven -dijo-, hermana fiera,
de nuestro antiguo honor mancha primera;
dejarete encerrada
donde segura estés y retirada
hasta que, cuerdo y sabio,
de la ocasión me informe de mi agravio».
Entré donde los cielos
mejoraron, con verte, mis desvelos.
Por haberte querido,
fingida sombra de mi casa he sido;
por haberte estimado,
sepulcro vivo fui de mi cuidado;
porque no te quisiera
quien el respeto a tu valor perdiera;
porque no te estimara
quien su traición dijera cara a cara.
Mi intento fue el quererte,
mi fin amarte, mi temor perderte,
mi miedo asegurarte,
mi vida obedecerte, mi alma amarte,
mi deseo servirte
y mi llanto, en efeto, persuadirte
que mi daño repares,
que me valgas, me ayudes y me ampares.
al renacer de sus cenizas frías.
¿Qué haré en tan ciego abismo,
humano laberinto de mí mismo?
Hermana es de don Luis, cuando creía
que era dama. Si tanto, ¡ay, Dios!, sentía
ofendelle en el gusto,
¿qué será en el honor? ¡Tormento injusto!
Su hermana es; si pretendo
librarla y con mi sangre la defiendo,
remitiendo a mi acero su disculpa,
es ya mayor mi culpa,
pues es decir que he sido
traidor y que a su casa he ofendido,
pues en ella me halla;
pues querer disculparme con culpalla
es decir que ella tiene
la culpa, y a mi honor no le conviene.
Pues ¿qué es lo que pretendo,
si es hacerme traidor, si la defiendo;
si la dejo, villano;
si la guardo, mal huésped; inhumano,
si a su hermano la entrego;
soy mal amigo, si a guardarla llego;
ingrato, si la libro, a un noble trato
y, si la dejo, a un noble amor ingrato.
Pues de cualquier manera
mal puesto he de quedar, matando muera).
No receles, señora;
noble soy y conmigo estás agora.
pues que mi valor te guarda.
Ponte luego a mis espaldas.
¡Traidora!
Amenázala.
señor don Luis. Yo os he estado
esperando en esta sala
desde que os fuisteis y aquí,
sin saber cómo, esta dama
entró, que es hermana vuestra,
según dice; que palabra
os doy, como caballero,
que no la conozco, y basta
decir que engañado pude,
sin saber a quién, hablarla.
Yo la he de poner en salvo
a riesgo de vida y alma,
de suerte que nuestro duelo,
que había a puerta cerrada
de acabarse entre los dos,
a ser escándalo pasa
de todo el lugar, si aquí
no me hacéis la puerta franca.
En habiéndola librado,
yo volveré a la demanda
de nuestra pendencia y, pues
en quien sustenta su fama
espada y honor han sido
armas de más importancia,
dejadme ir vos por honor,
pues yo os dejé ir por espada.
para volver a postrarla
a vuestros pies; y, cumpliendo
con la obligación pasada
en que entonces me pusisteis,
pues que me dais nueva causa,
puedo ya reñir de nuevo.
Esa mujer es mi hermana:
no la ha de llevar ninguno
a mis ojos de su casa
sin ser su marido. Así,
si os empeñáis a llevarla,
con la mano podrá ser,
pues con aquesa palabra
podéis llevarla y volver,
si queréis, a la demanda.
de tu prudencia y constancia,
a sólo echarme a esos pies.
con la obligación jurada,
a tu hermana doy la mano.
aquí estoy yo, que, viniendo
adonde dejé a mi hermana,
el oíros me detuvo
no salir a las desgracias,
como he salido a los gustos.
no se acaben sin terceros.
te podré decir la causa.
pues tan a voces nos llama.
se declaró! Dime ¿estaba
borracho?
hoy con Isabel te casas.
mas no puedo.
que en estas cosas se gasta,
pudiéndolo aprovechar
en pedir de nuestras faltas
perdón; humilde el autor
os le pide a vuestras plantas.
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- TextGrid Repository (2026). Calderón Drama Corpus. La dama duende. La dama duende. CalDraCor. Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach. https://hdl.handle.net/21.11113/4gbx3.0