La exaltación de la cruz

Personajes

SIROES, Príncipe de Persia
MENARDES, su hermano
COSDROAS, Rey de Persia, su padre
ANASTASIO, galán
MORLACO, villano
ZACARÍAS, Patriarca de Jerusalén
HERACLIO, Emperador de Constantinopla
ARNESTO, viejo
LIBIO, Soldado
IRENE, Dama
FLORA, Dama
CLODOMIRA, Reina de Gaza

Jornada I

Salen Siroes y Menardes, príncipes de Persia, cada uno por su parte representando al teatro, que ha de ser todo una montaña.
SIROES ¡Ah del soberbio monte
que línea desigual deste horizonte
tanto a los cielos sube
que una vez es montaña y otra nube!
MENARDES ¡Ah de las altas peñas
que confundiendo equívocas las señas
de luces y verdores,
una vez sois estrellas y otras flores!
SIROES ¡Ah del rústico seno
que ya de horror, ya de hermosura lleno,
en tus breñas incultas
el prodigio del Asia nos ocultas!
MENARDES ¡Ah del albergue esquivo
que verde tumba de cadáver vivo,
cuando en ecos respondes,
el asombro de Persia nos ascondes!
SIROES Pasmo del tiempo.
MENARDES Asumpto de la fama.
SIROES Anastasio.
Anastasio.
Sale Anastasio vestido de pieles de una gruta.
ANASTASIO ¿Quién me llama?
SIROES Yo soy, que hablarte quiero,
Siroes, de Persia príncipe heredero.
MENARDES Y yo que verte pretendí, no en vano,
Menardes soy, y su menor hermano.
ANASTASIO A vuestros pies rendido,
me perdonad no haberos conocido;
que como infantes os dejé seis años
que ha que aquí me trujeron desengaños
del palacio, hoy al veros
jóvenes ya, mal pude conoceros:
y sepa yo, ¡oh famosos
príncipes bellos, héroes generosos!,
qué causa os ha traído
a penetrar lo inculto, lo escondido,
deste monte: decidme vuestro intento.
SIROES Yo hablaré por los dos. Escucha atento.
Cosdroas, rey de Persia invicto,
padre de los dos, queriendo
por todo el orbe ensanchar
los límites de su imperio,
ejércitos numerosos
puso en arma, cuyo estruendo,
Asia escuchándole en voces,
África oyéndole en ecos,
y Europa en noticias, tuvo
tan pasmado, tan suspenso
el mundo, que sus tres partes
estremecidas temieron
ver el relámpago al rayo,
oído el escándalo al trueno
si bien, porque tanto asombro
de armas, estragos y incendios,
no atribuyese una y otra
nación a solo soberbio
afecto de ambición, quiso
tanto honestar el afecto,
que haciéndole religioso,
dio a entender que sus pretextos
solo miraban al sumo
honor de los dioses nuestros
contra el Dios de los cristianos
publicando a sangre y fuego
de su jornada el dictamen,
asolando y destruyendo
cuantas fértiles provincias
delante se le pusieron
hasta llegar a la grande
Jerusalén, corte y centro
de su fe y mayor teatro,
de sus errados misterios.
A esta, pues, según que vienen
los avisos, puso cerco,
a quien por fuerza de armas,
sin esperar el asedio,
intenta ganar, dejando
sus alcázares deshechos,
sus altares destruidos
y derribados sus templos.
Los dos, pues, aunque intentamos
dispensar con los alientos
del ánimo la cobarde
edad de los años tiernos,
sirviendo al rey de soldados
en esta empresa, él atento
a nuestra seguridad
aún más que al aplauso nuestro,
no lo permitió y así,
obedientes al precepto,
en Babilonia quedamos,
bien que a pesar del esfuerzo.
En ella estamos los dos
tan pendientes del suceso
que nos tardan los avisos,
aunque lleguen por momentos,
y así, para anticipar
las noticias al deseo,
que colérico no deja
que se le dé tiempo al tiempo,
hoy que por aqueste monte
salimos a caza, haciendo
que se retiren las tropas
de criados y monteros
en busca tuya venimos
penetrando lo secreto
desta estancia, a quien el sol
registra apenas, temiendo
salir de sus laberintos,
si una vez le cogen dentro.
La causa con que los dos
te buscamos, ya tu ingenio
la habrá prevenido, pues
se deja ver al reflejo
de poca luz, que a tu albergue
nos tray curioso el intento
de saber en qué ha parado
de Jerusalén el cerco,
y pues eres, Anastasio,
hijo de aquel gran maestro
que tuvo en mágicas ciencias
escuela pública, siendo
a un tiempo de sus lecciones
discípulo y heredero,
pues el oráculo eres
destos bárbaros desiertos,
donde son para tu estudio
verdes y azules cuadernos
las láminas de las flores,
las cifras de los luceros,
de quien es árbitro el sol,
cuyos dos rumbos opuestos
sigues en su natural
y rápido movimiento,
pues eres (dejando aparte
la astrología y viniendo
a mayor ciencia) el asombro
de la mágica, en que has hecho
tantos prodigios usando
en todos cuatro elementos
la geomancia en la tierra,
la eteromancia en el viento,
la hidromancia en el agua,
la piromancia en el fuego,
y pues eres finalmente
el que a pesar de los tiempos,
presente haces lo futuro,
siendo para ti en el viento
los arrullos vaticinios
y los graznidos agüeros,
dinos en qué trance se halla
el rey nuestro padre puesto,
si son de Jerusalén
los muros ruina o trofeo
de sus armas, porque así
descanse nuestro recelo,
sosiegue nuestro cuidado
y descuide nuestro afecto;
que aunque puede ser que sea
menos feliz el suceso
que esperamos, es mayor
daño al que vive temiendo
la congoja de dudarlo
que la pena de saberlo.
ANASTASIO Aunque pudiera, ¡oh famosos,
príncipes!, no obedeceros,
por la contingencia que hay
siempre en las lides, y puedo,
yendo a buscaros un gusto
daros con un sentimiento,
con todo eso, como en mí
es tan sagrado el precepto
de la obediencia, es forzoso
no excusarme, y así, quiero,
informado de la causa
responder con el efecto.
¿Tendréis ánimo los dos
para, sobre aquesos mesmos
peñascos que ahora os halláis,
ir penetrando los vientos
hasta que desde la media
región del aire estéis viendo
la facción en que se halla
vuestro padre?
LOS DOS Sí tendremos.
Hace Anastasio un círculo en la tierra, y van subiendo sobre dos peñascos los dos lo más que pudieren; y esta apariencia se ha de obrar en las dos puntas del tablado, y Anastasio enmedio. Tocan cajas y trompetas, y ábrese la montaña y queda el teatro de muralla todo.
ANASTASIO Pues espíritus impuros,
que sois los dañados genios
que a mis voces obedientes
y a mis conjuros atentos
asistís, en virtud mía
Van subiendo. esos dos jóvenes bellos,
elevados sobre el aire,
vean en su vago asiento
a pesar de las distancias
que se les ponen en medio
del ejército las tropas
y de la ciudad el cerco.
Tocan dentro.
UNOS Al arma, arma.
OTROS Guerra, guerra.
COSDROAS ¡Viva de Persia el imperio!
Ábrese la montaña.
SIROES Ya al son de trompas y cajas
nueva Babilonia veo
que intenta escalar al sol,
montes sobre montes puestos.
MENARDES Ya esa nueva Babilonia
en más confusión advierto
que la primera, asaltada
de los escuadrones nuestros.
Tocan arma. Dase la batalla en el tablado, saliendo unos retirándose otros tras ellos.
UNOS Arma, arma.
OTROS Guerra, guerra.
COSDROAS ¡Viva de Persia el imperio!
TODOS ¡Viva Persia, Persia viva!
SIROES ¡Qué prodigio!
MENARDES ¡Qué portento!
SIROES El rey el primero es
que anda sus calles corriendo.
MENARDES Y con la espada en la mano,
va a sus soldados diciendo.
Arma. Sale Cosdroas vestido a lo persiano, con la espada desnuda.
COSDROAS ¡Ea valientes soldados,
hoy el día ha de ser nuestro,
y en fe de vuestro valor,
mi nombre vivirá eterno!
Ya la gran Jerusalén,
que pudo llamarse un tiempo
emperatriz de las gentes,
esclava está en cautiverio.
Ya postrada, ya rendida,
a voces clama pidiendo
misericordia. Ninguno
se enternezca a sus lamentos;
a sangre y a fuego entrad
abrasando y destruyendo
sus alcázares y muros,
sus edificios y templos,
y en venganza de los dioses
que adoramos, el acero
a nadie perdone. Mueran
mujeres, niños y viejos;
púrpura corran sus calles;
sus casas con el incendio
llamas aborten de suerte
que entre la sangre y el fuego
bajel parezca que corra
tormenta sobre el Bermejo
mar, habiéndose encendido
de desesperado él mesmo,
que yo el primero de todos,
por dar a todos ejemplo,
para mi despojo elijo
este edificio opulento
de quien piedra sobre piedra
no me ha de quedar.
Al entrar por una puerta que ha de tener el muro, sale Zacarías, viejo venerable, vestido de sacerdote a lo antiguo y pónese de rodillas, y él se suspende.
ZACARÍAS Soberbio
idólatra, no profanes
los umbrales deste templo.
COSDROAS ¿Quién eres, oh venerable
anciano, que al verte has hecho
que se suspendan mis iras?
ZACARÍAS Soy, si de quien soy me acuerdo,
el infeliz patriarca
de Jerusalén.
COSDROAS ¿Qué afecto
te trae buscando la muerte
de que andan todos huyendo?
ZACARÍAS El de morir a tus manos
antes de ver el desprecio
del templo a quien amenazas.
COSDROAS ¿Pues qué templo, di, qué templo
es este?
ZACARÍAS El que fabricaron
la fe, religión y el celo
de Elena y de Constantino
al soberano madero,
en que fue crucificado
nuestro Dios.
COSDROAS Al oírlo, tiemblo.
Pero de vuestros encantos
serán mágicos efectos
el hacer que tiemble yo
y he de empezar a vencerlos
desta suerte.
Atropéllale.
ZACARÍAS ¡Ay infeliz!
COSDROAS Y pues solo a vengar vengo
los altos dioses que adoro
en ese dios que aborrezco,
esa cruz, imagen suya
será mi mayor trofeo:
a Babilonia cautiva
la he de llevar, donde tengo
de ofrecérsela a mis dioses,
y tú, vil caduco viejo,
como su mayor ministro
cautivo con ella y preso
has de ir también. ¿Dónde está
ese árbol, ese madero?
ZACARÍAS No sé.
COSDROAS No excuses decirlo
pues ves que es fuerza saberlo.
ZACARÍAS En este altar, ¡ay de mí!,
está colocado y puesto.
Abre Zacarías la puerta del muro, y descúbrese dentro un altar y en él la cruz, y a sus lados Elena, vestida de viuda y Constantino de rey; y estos, o sean figuras vivas, o bultos. Entra Cosdroas y Zacarías deteniéndole. A este tiempo se cierra todo como estaba primero y los dos peñascos vienen al suelo con la mayor velocidad que pueda. Anastasio queda como asombrado.
VOZ Dentro La cruz de Cristo es aquella;
vamos de su vista huyendo.
COSDROAS Subiré a pisar sus aras,
y dellas...
Cúbrese todo.
LOS DOS Valedme, cielos.
ANASTASIO Supremos dioses, ¿qué miro?
SIROES Sin vida estoy.
MENARDES Yo estoy muerto.
SIROES ¿Qué es esto, docto Anastasio?
MENARDES Traidor mágico, ¿qué es esto?
SIROES ¿Por qué has cortado el discurso?
MENARDES Con ira. ¿Por qué has troncado el suceso?
ANASTASIO No sé, no sé con qué causa
los espíritus que apremio,
a mi obediencia faltaron
y de mi asistencia huyeron.
SIROES En parte he de agradecerte
ver el estrago suspenso
de Jerusalén, porqué
a mis piadosos afectos
ya movía a compasión
la lástima de estar viendo
tan gran tragedia.
MENARDES A mí no;
ni lo estimo ni lo precio,
porque tan gustoso estaba
de estar sus desdichas viendo
que por haberme quitado
tan triste mísero objeto,
le tengo de dar la muerte.
Saca la daga Menardes, Siroes le detiene, y Anastasio huye como asombrado siempre.
ANASTASIO Yo culpa ninguna tengo.
SIROES No le ofendas, pues que ya
hemos visto, por lo menos,
rendida a Jerusalén.
MENARDES ¿Qué importa, si el fin no vemos,
ni el ultraje de la Cruz?
SIROES Estimar debieras eso.
MENARDES Tú siempre has sido piadoso.
SIROES Tú siempre has sido sangriento.
MENARDES Es verdad, y a ti agradezca
ese mágico no serlo
con él, quitándome el ver
muertes, desdichas y incendios,
que son mis mayores gustos.
Vase.
SIROES Yo no solo no me quejo,
pero habérmelos quitado
de delante, le agradezco.
Vase.
ANASTASIO ¿Qué es lo que pasa por mí?
¿Cómo (ni aun a hablar acierto)
pudo (el pecho se estremece)
faltar (ahógame el aliento)
la fuerza de mis encantos?
¿Qué es esto, dioses, qué es esto?
Cuando Cosdroas, rey de Persia,
iba a ultrajar el madero,
que del Dios de los cristianos
fue patíbulo sangriento
¿el pacto negáis a vista
suya? Aquí hay mayor misterio,
que yo en mis ciencias no alcanzo,
que yo en mis artes no entiendo.
Quédase suspenso y sale Morlaco vestido de pieles, redículo, con una cesta en el brazo.
MORLACO Oigan qué elevado está
hendo visajes y gestos
el amo que Dios me ha dado,
o el diablo, que es lo más cierto.
Desde mi aldea me trujo
por aquesos verecuetos
a ser salvaje de paz,
donde ando cada momento
dado al diablo, sin haber
perdido ni tener celos;
pero llego a hablarle, pus
esto no tiene remedio.
Señor.
ANASTASIO Que no pueda yo...
Al llegar, él, divertido, hace una acción, dándole un golpe y él cae.
MORLACO ¡Ah, señor!
ANASTASIO ...saber qué es esto...
MORLACO Yo sí, y muy bien.
ANASTASIO ¿Pues qué ha sido?
MORLACO Haberme de un golpe muerto.
ANASTASIO ¿Tú eres?
MORLACO ¿Quién, sino yo, pudo
ser tan grande majadero
que aquí llegase sin ser
cernícalo? De ese pueblo
vecino, como otros días,
hoy con la comida vengo
y viéndote embelesado
llegué a hablarte a tan mal tiempo,
que me has hecho las narices
con habérmelas deshecho.
ANASTASIO Admiración fue que hice
divertido.
MORLACO Pues por cierto,
que de propósito no
pudieras darme más recio:
pero ¿qué te ha sucedido?
ANASTASIO ¡Ay Morlaco, que estoy muerto!
MORLACO ¡Ay que no estás sino vivo
más que un capitán con sueldo!
ANASTASIO Todas mis ciencias son vanas.
MORLACO Pues no las vendas a peso.
A cada acción le hace temblar.
ANASTASIO Otra hay superior, pues día
de mi mayor lucimiento
quedé con mayor desaire
vencido (de pena muero)
de mayor (rabio de ira)
poder (de cólera tiemblo.)
MORLACO Pues tiembla, muérete y rabia
un poquitito más lejos.
ANASTASIO ¿De qué, cielos, me ha servido
desde mis años primeros
haberme dado al estudio?
MORLACO De haber perdido ese tiempo,
porque para medrar más
mejor fuera saber menos.
ANASTASIO ¿De qué el haber observado
los más ocultos secretos
de la gran naturaleza?
MORLACO De ser en este desierto
ermitaño del dimoño.
ANASTASIO ¿De qué la mágica, haciendo
moverse a mi voz los montes,
pararse a mi voz los vientos...
MORLACO De solo que al verlo tenga
yo tantísimo de miedo.
ANASTASIO ...si todo mi estudio, y todas
mis obras y mis desvelos,
invocaciones y libros,
líneas, pactos y argumentos,
carácteres y conjuros
me faltan al mejor tiempo?
Más hay que saber, pues hay
ciencia que vence todo esto:
y así, pues es mi ambición
saber más, buscar pretendo
quién desta ciencia que ignoro,
me dé luz; salgamos presto
destas montañas.
MORLACO Salgamos.
ANASTASIO Busquemos los dos...
MORLACO Busquemos.
ANASTASIO ...esta ciencia de las ciencias,
que tengo de hallar, si puedo,
quién es causa de las causas,
que hasta hoy ni alcanzo ni entiendo.
Vanse. Salen los músicos con instrumentos, y los sombreros en las espadas. Irene y Flora, damas; detrás el emperador Heraclio mirando un retrato.
MÚSICOS ¿Qué dolor, qué pena a ser
de más sentimiento viene,
perder un bien que se tiene
u dejarle de tener?
HERACLIO No cantéis más, que aunque bien
concuerde vuestra armonía
con el gusto y alegría
con que mis dichas se ven,
esperando cada instante
ser dueño de la divina
belleza de mi sobrina
Eudocia, nada a un amante
divierte como el hablar
en sus afectos; y así,
la música para mí
tiene parte de pesar
en la de que no querría
que el gusto se me atribuya
a gloria que no sea suya
ni a pena que no sea mía.
¿Qué nueva, Irene, has tenido
de tu padre, que es quien fue
por ella a Colcos?
IRENE No sé
más de que la ha detenido
el tiempo; y si esto es no más,
ya por esos golfos viene.
HERACLIO Toma ese diamante, Irene,
por la nueva que me das.
Tú, pues de mi madre (a quien
vienen los avisos) eres,
Flora, la valida, ¿quieres
darme nuevas de mi bien?
IRENE Por no hacer mayor tu pena,
callé, que a lo que he oído yo,
no vendrá tan presto.
HERACLIO ¿No?
Pues toma tú esta cadena,
por esa nueva también,
que es tan fino mi tormento,
que aun nuevas de sentimiento
agradecerlas es bien,
porque como en mí no veo
partes para merecer
tanto bien, deseo tener
la pena deste deseo
para hacer mérito della,
y así agradecer es justo
a ti el pesar, a ti el gusto,
porque si tú, Irene bella,
lisonjeas mi amor, más
tú, Flora, le facilitas,
pues tú un cuidado me quitas
y tú un mérito me das,
y para que mi locura
disculpéis las dos, llegad,
Llegan las dos, haciendo reverencia al retrato. llegad las dos y mirad
esta divina hermosura:
¿no está mi amor en su objeto
bien disculpado?
Mirando el retrato.
LAS DOS Y muy bien.
HERACLIO Pues escuchad, que también
lo estará aqueste conceto.
Bellísima deidad, que repetida
de uno y otro matiz vives pintada;
bellísima beldad, que iluminada
de un rasgo y otro animas colorida.
¿Cómo estando en la lámina sin vida
dejas la vida a tu deidad postrada?
¿Cómo estando en el bronce inanimada
dejas el alma a tu beldad rendida?
Si nació con estrella tan segura
tu dueño y él no más es señor della,
el influjo que debe a luz tan pura
vuelve a su original, ¡oh copia bella!,
que es mucha vanidad de una hermosura
querer estar pintada con su estrella.
Salen Arnesto y Libio por dos puertas.
ARNESTO ¡Ah cielos, qué divertido
Heraclio de un ciego amor,
se olvida de su valor!
LIBIO Albricias, señor, te pido.
ARNESTO Yo no, que aunque no quisiera
darte nuevas de pesar
hoy no lo puedo excusar.
HERACLIO Oye, Libio..., Arnesto, espera,
que de los no sé a quién
si gusto y pesar infiero
escuchar deba primero.
LIBIO A mí, señor, pues es bien
porque te halles prevenido
para el sentimiento, dar
al gusto el primer lugar.
ARNESTO Mejor es tener sabido
el mal.
HERACLIO Decid vos, y vos
callad, que es trance importuno
que por preferir al uno
me esté sin oír los dos,
y pues tengo que elegir
decidme el pesar primero
que el gusto, porque más quiero
habiéndole de sentir
sentirle antes y guardar
su alivio, pues menor susto
es oír con pesar un gusto
que no un gusto con pesar.
ARNESTO Después que Cosdroas entró
en tus estados por quien
a la gran Jerusalén,
como ya sabes, llegó,
escriben que combatida
de uno y otro asalto fue,
y si presto no se ve
de tus armas socorrida
se ha de rendir al exceso
de tantos bárbaros.
HERACLIO Pues
dejadme ahora que después
me podéis hablar en eso.
Pensé que se había perdido,
encareciendo el pesar,
mi bella esposa en el mar.
¿Dices, Libio...?, y más si ha sido...
¿es algo del sol que adoro?
LIBIO No es menos de que llegó
al puerto ya, que aunque no
la vi, ser ella no ignoro;
pues viendo una nave entrar,
de dónde era a ver salí,
y a un marinero le oí
(que a tierra salió del mar)
que era la reina, señor.
Otra razón no esperé
en oyendo esta, porqué
no me permitió el amor
con que te sirvo dejar
de ser el primero que
tan buena nueva te dé.
HERACLIO Sin duda ha querido entrar
sin hacer salva, excusando
públicos recebimientos,
atenta a los sentimientos
que está la guerra causando
en mis estados; y así,
salir a esperarla es bien.
FLORA Excusado es, pues ya ven
nuestros ojos desde aquí
su gente.
Ruido dentro y sale Clodomira vestida de luto.
HERACLIO Entre dichas tantas,
no sé lo que el alma dice.
CLODOMIRA Permítele a una infelice
besar, gran señor, tus plantas.
HERACLIO Qué es lo que miro (¡ay de mí!)
¡qué ajeno, qué infiel, qué ingrato
es a su vista el retrato!
CLODOMIRA No, sin gran causa de mí
te admiras, cuando me miras
en suerte tan importuna,
monstruo ya de la fortuna,
venir huyendo sus iras.
HERACLIO Mal pudo la vista mía
no dudar, no temer, pues
tengo la noche a mis pies
teniendo en mi mano el día.
¿Tú, tú eres Eudocia?
CLODOMIRA No.
HERACLIO ¿Pues dime, mujer, quién eres?
¿Qué me buscas, qué me quieres,
y qué causa te obligó
a este engaño, por quien tengo
el alma en confusa lucha
pendiente de un hilo?
CLODOMIRA Escucha,
y sabrás a lo que vengo.
Yo, cuya voz en lágrimas se baña;
yo, cuyo llanto en voces se retira,
de los hados hurtándome a la saña,
de los astros huyéndome a la ira,
soy, mas no digo bien, mi error te engaña...
fui, mejor diré agora, Clodomira,
reina de Gaza un tiempo y ya importuna
fábula, gran señor, de la fortuna.
Mi patria, entonces reino, agora ruina,
es del Asia Menor mayor colonia,
neutral confín de Persia y Palestina,
tributaria al soldán de Babilonia.
Cosdroas, que ambos imperios predomina,
llegó a ella y con la antigua ceremonia
de que los reyes usan con los reyes,
me propuso sus dioses y sus leyes.
Yo, que heredera fui de la cristiana
religión, desde aquel tremendo día,
que estremecida vio toda la humana
naturaleza su alta monarquía,
reconociendo en lid tan soberana
que ella espiraba o su hacedor moría,
al ver en desiguales horizontes
chocar las piedras y temblar los montes,
de crueles decretos intimada,
de ciegas amenazas persuadida,
le respondí que solo de fe armada,
en su defensa perdería la vida.
él, sangrientos los filos de su espada,
tirano rey y bárbaro homicida,
con furia horrible, con crueldad extraña
asoló la ciudad y la campaña.
buscando puestos mi temor seguros
para la vida que me había quedado,
vi de Jerusalén los altos muros;
buscando en su sagrado mi sagrado,
apenas, pues, de idólatras perjuros
me hubo el dolor apenas retirado,
cuando me hubo retirado a penas,
a cosdroas viendo desde sus almenas.
tan numeroso ejército traía,
según la multitud que le acompaña,
que daba que dudar a quien le vía
cuál era la ciudad, cuál la campaña.
con tan loca, tan bárbara osadía
su soberbia, su cólera, su saña
a los muros llegó que desde luego
les publicó la guerra a sangre y fuego.
Jerusalén de idólatras sitiada,
Jerusalén de fieles no asistida,
de los unos tres veces asaltada,
de los otros ninguna socorrida,
la frente de cenizas coronada
y la cerviz de púrpura teñida,
toda horror, toda asombro, toda espanto,
apeló solo al tribunal del llanto.
No bastó, no bastó a la rigurosa
furia la retirada de la queja:
cuál allí por su padre morir osa,
cuál por el hijo allí de sí se aleja,
cuál aquí muere en brazos de su esposa
y en poder de los bárbaros la deja;
sintiendo más, celosamente sabio,
que su honor muerto, póstumo su agravio.
¡Oh nunca hubiera en confusión tan fuerte,
oh nunca hubiera en pena tan crecida,
sin vida yo escapado de la muerte,
sin muerte yo escapado de la vida!
¡Nunca me hubiera mi infelice suerte
de un portillo enseñado la salida,
por donde pude, sin que estorbos tope,
llegar a Jafa y embarcarme en Jope!,
de cuyo puerto, traída de los hados,
vengo donde te cuenten mis gemidos,
que dejo sus alcázares postrados
y sus antiguos muros demolidos,
sus sagrados lugares profanados,
sus altares y templos destruídos,
y que por fin de suerte tan esquiva
la cruz de Cristo a Persia va cautiva.
No puedo aquí...
HERACLIO Ni yo puedo,
cuando tus voces escucho,
dejar que prosigas; cesa,
que helado, absorto y confuso,
no sé (¡ay infeliz!), no sé
si vivo estoy u difunto.
El madero soberano,
iris de paz, que se puso
entre las iras del cielo
y los delitos del mundo,
el sagrado leño que
siendo arca deste diluvio,
fue después de Dios humano
el carro, el plaustro y el triunfo,
¿ultrajado (¿tal repito?)
de bárbaros (¿tal pronuncio?)
en Persia cautivo yace,
sin estimación y culto?
¡Oh mal hayan, oh mal hayan!...
¿pero a quién culpo, a quién culpo?,
Si mis omisiones solas
Dieron materia a este insulto?
Pero aunque conozco tarde
el yerro en que amor me puso,
presto he de enmendarle. Salga
del lugar donde le tuvo
mal entretenido el ocio,
mal aconsejado el gusto,
salga eudocia de mi pecho,
Rompe el retrato. Y este hermoso objeto suyo,
desperdiciado del aire
vuele en átomos menudos.
Los aplausos de mis bodas
que el alborozo dispuso,
trueque el dolor en exequias,
sea el tálamo sepulcro.
No haya en mi valor, no haya
en mi amor afecto alguno
desde hoy que en orden no sea
a rescatar este sumo
tesoro: sepa cobrarle
quien solo perderle supo.
Deudos, vasallos y amigos,
heraclio, césar augusto
de constantinopla, os pide
perdón del ocio en que os tuvo.
En todo mi imperio a un tiempo
se escuchen ecos confusos
de trompas y cajas, pero
bien pronunciado ninguno.
Destemplado el parche gima,
bastardo el metal robusto,
y en vez de los estandartes
que fueron en sus dibujos
primavera de los vientos,
el aire tremole oscuros
tafetanes; negras sean
en sentimiento tan justo,
banderas, plumas y bandas,
que a tan sacrílego hurto,
es bien que la cristiandad
se vista de negros lutos,
y yo he de ser el primero
que embrazado el fuerte escudo,
que el templado arnés trenzado
y el limpio acero desnudo,
en la campaña resista
los destemplados influjos
de las escarchas de enero
y de los soles de julio
hasta que o pierda la vida
o vea si restituyo
la cruz de Cristo al lugar
adonde Elena la puso.
Dentro cajas destempladas y sordinas.
DENTRO ¡Viva Heraclio, viva Heraclio!
LIBIO Nobleza, señor, y vulgo
tu nombre aclaman, oyendo
tu resolución.
FLORA ¿Qué mucho
que los hombres se conmuevan
con tan religioso asumpto,
si hasta las mujeres hoy
hacen la milicia estudio?
Y yo en el nombre de todas,
a quien de mi parte juzgo,
seguirte ofrezco; y más viendo
que para caudillo suyo,
Clodomira las alienta.
CLODOMIRA Hacer mi nombre procuro
eterno; ea invicto Heraclio...
ARNESTO Cristiano césar augusto...
FLORA ...católicamente airado...
LIBIO ...piadosamente sañudo...
IRENE ...sal a campaña, que todos
te seguirán.
CLODOMIRA Y no dudo,
que ver en campaña al rey
lleva asegurado el triunfo.
Las cajas y sordinas.
TODOS ¡Viva Heraclio, viva Heraclio!
HERACLIO Con vuestras voces infundo
nuevo espíritu en el pecho.
Sagrado leño, yo os juro
de no volverme sin vos,
si mil veces aventuro
el mundo en rescate vuestro:
¿pero qué mucho, qué mucho,
que el mundo aventure todo
por quien salvó a todo el mundo?
Vanse, tocando como primero. Salen Anastasio y Morlaco, vestidos de soldados.
ANASTASIO ¿Qué te parece, Morlaco,
del traje?
MORLACO Galán estás,
mas yo muchísimo más;
si bien, por cosas que saco,
nunca puedo pergeñar
lo que a aquesto te obligó:
la culpa es tuya, pues no
me enseñaste a adivinar.
ANASTASIO Bien fácil está de ver;
buscando una ciencia voy,
de quien ignorante estoy.
MORLACO Y dime, ¿para saber
uno de ciencias que ignora,
es la guerra buena tierra?,
que yo nunca oí ser la guerra
universidad.
ANASTASIO ¿Agora
sabes que en ella concurren
varias gentes y naciones,
ritos, leyes y opiniones,
y unos con otros discurren
de suerte que entre ellos puedo
tomar noticias mejor
que en la escuela superior
de Grecia, puesto que excedo
sus maestros; y siendo así
que esta ciencia que ignoré
ciencia reservada fue
tanto a ellos como a mí,
habiéndola de buscar,
por verme della burlado,
no la ha de hallar el cuidado,
el acaso la ha de hallar;
y esto ha de ser conversando
religiones diferentes
y costumbres de otras gentes.
Marchar. La caja a una parte.
Mas ya viene el rey marchando
la vuelta de Persia, en quien
conseguidos sus deseos
quiere ostentar los trofeos
que trae de Jerusalén.
Marchar. Música dentro a la otra parte.
MÚSICOS En hora dichosa venga
coronado de victorias
el gran rey de Persia invicto,
el soldán de Babilonia.
Venga en hora dichosa
y repitan las cajas y las trompas
al son de dulces ecos...
TODOS ¡Viva Cosdroas!
MORLACO Sus hijos, como supieron
que victorioso venía,
con música y alegría
a recebirle salieron.
ANASTASIO Retírate, hasta ocasión
que a hablarle llegue.
MORLACO ¿No es
mijor llegar ahora?, pues
entre tanta confusión
podremos dar a entender
que en la guerra hemos estado
y fuertemente peleado,
como lo suelen hacer
otros que en la corte están
vestiditos de color,
y no se sabe, señor,
ni cuándo vienen ni van.
Suena todo junto y salen por una puerta Siroes y Menardes y los músicos, y por otra Cosdroas y soldados y Zacarías, vestido de cautivo.
MÚSICOS En hora dichosa venga
coronado de vitorias
el gran rey de Persia invicto,
el soldán de Babilonia,
y repitan las cajas y las trompas
al son de dulces ecos.
TODOS ¡Viva Cosdroas!
SIROES En hora dichosa venga
de laureles coronado
el que siendo en Persia sol
es en Palestina rayo.
MENARDES En hora dichosa venga
lleno de honores y aplausos
el que hizo de su valor
a Jerusalén teatro.
COSDROAS Hasta este punto no supe
que había vencido y triunfado,
pues para mí es el mejor
laurel veros en mis brazos:
¿Como estáis, Siroes?
SIROES Señor,
desvanecido y ufano
con tus victorias.
COSDROAS ¿Y tú,
Menardes?
MENARDES No lo estoy tanto,
porque me parece todo
poco para ti.
COSDROAS Otro abrazo
me vuelve a dar, que aunque sois
retratos míos entrambos,
tú de mis alientos eres
más parecido retrato.
SIROES Solo aquí es virtud la envidia.
Llegan Anastasio y Morlaco tras él.
ANASTASIO Si día de triunfos tantos
llegar merece a tus plantas,
señor, un nuevo soldado,
permítele que a ellas puesto,
tu mano bese.
COSDROAS Anastasio,
¿qué es esto? ¿pues tú, que al monte
te fuiste de mi palacio,
agora vuelves y en traje
tan ajeno y tan contrario
a tus estudios?
ANASTASIO Señor,
de parecer muda el sabio;
y aunque yo no lo soy, sé
que día en que de soldado
se viste el rey, no están bien
de otra suerte sus vasallos.
No me ha sufrido el afecto
dejar de venir buscando
tus banderas.
MORLACO Mayormente
como ya pasó el asalto.
ANASTASIO Que aunque es tarde, por no haberme
en tan gran facción hallado
otras habrá en que te sirva.
MORLACO Demás, que dice el adagio,
más que tarde vale nunca.
COSDROAS Levanta y llega a mis brazos...
SIROES ¡Cuánto de verle me alegro!
MENARDES (¡Cuánto de verle me canso!)
COSDROAS ...que aunque confieso que estuve
contigo un tiempo enojado,
estimo más tu venida
que la empresa de quien traigo,
dejando a Jerusalén
asolada, esos esclavos
que reservé para humanas
fieras de mi triunfal carro.
Su gran patriarca era
este miserable anciano
que en nueva transmigración
a Babilonia, llorando
viene su cautividad;
y este aun no es mi mayor lauro:
la cruz, en que dicen ellos
que murió crucificado
su dios para redimirlos,
también prisionera traigo,
y supuesto que a tan buena
ocasión hoy has llegado,
aunque allá no fuiste quiero
que tengas parte en el saco:
ese cristiano te doy
por cautivo.
MORLACO Lindo trasto,
señor, si para su entierro
dotado no viene en algo.
ZACARÍAS ¡Ah cielos!, ¿para ver tantas
desdichas habéis guardado
mi vida?
COSDROAS Y escucha aparte
la causa que me ha obligado
a darte ese esclavo: es
ser entre ellos el más sabio;
a su ejemplo no habrá alguno,
que a su dios no deje falso
como él le deje; y así,
te le doy a ti, Anastasio,
porque tú, como tan docto,
le arguyas en sus engaños,
y convencido le obligues
a adorar los dioses santos.
ANASTASIO Palabra te doy de que
con tan sutiles, tan claros
silogismos le concluya
que se reduzga.
COSDROAS Eso aguardo,
y porque ni un solo instante
pierda de tiempo el cuidado
que tengo, hasta que le ofrezca
a Júpiter soberano
la cruz de Cristo, a marchar
toca, y a su templo vamos,
que tengo de entrar en él
primero que en mi palacio,
donde no tengo de dar
un hora sola al descanso,
pues he de marchar a Egito,
cuyo gran reino teatro
será, como Palestina,
de mi poder, arrancando
raíces de religión
a quien aborrezco tanto.
SIROES Toca a marchar y vosotros
venid tañendo y cantando.
Vase, repitiendo la música al tiempo que las cajas y trompetas.
MÚSICOS En hora dichosa venga
coronado de vitorias
el gran rey de Persia invicto,
el soldán de Babilonia,
y repitan las cajas y las trompas
al son de dulces ecos.
TODOS ¡Viva Cosdroas!
ANASTASIO Cristiano...
ZACARÍAS Humilde a tus pies,
ya como dueño te trato,
¿qué me mandas?
ANASTASIO Lo primero
que de ti saber aguardo,
es tu nombre.
ZACARÍAS Zacarías.
MORLACO Yo pensé que ungüento blanco:
¿eras en Jerusalén
patriarca u boticario?
ZACARÍAS Nada era, nada soy,
y nada he de ser.
ANASTASIO El llanto
suspende, y pues te dan tantas
liciones los desengaños
de la edad, no al sentimiento
te rindas, que los trabajos
se hicieron para los hombres.
Sucesos buenos y malos
han de ver, pues para eso
tiene la vara en la mano
la diosa de la fortuna,
que los reparte...
ZACARÍAS Es engaño,
no hay más Fortuna que Dios.
ANASTASIO ¿Luego niegas de los hados
el poder?
ZACARÍAS Sí, que Dios solo
infinitamente sabio,
reparte males y bienes
sin que nosotros sepamos
aprovecharnos del bien
ni del mal aprovecharnos;
siendo así que bien y mal
todo viene de su mano
para nuestro bien, supuesto
que aunque no lo conozcamos
viene el bien como castigo,
viene el mal como regalo.
ANASTASIO Según eso, también vienes
tú a ser con tu Dios ingrato,
pues la infelicidad lloras
que te envía, confesando
que viene para tu bien.
ZACARÍAS No lloro yo en este estado
la infelicidad que tengo,
sino la causa que he dado
para tenerla, pues es
castigo de mis pecados,
que sino fuera por ellos
ni mi Dios en ese sacro
leño muriera, ni él
a Persia viniera esclavo.
ANASTASIO Ven acá, ¿tú no confiesas
que murió?
ZACARÍAS Sí.
ANASTASIO Luego es falso
decir que es Dios quien no es
immortal.
ZACARÍAS No es, porque es llano
que no murió en cuanto Dios.
ANASTASIO ¿Pues en cuanto murió?
ZACARÍAS En cuanto
hombre no más.
ANASTASIO ¿Dios y hombre
no implica?
ZACARÍAS No, que tomando
nuestra carne, fue hombre y Dios.
ANASTASIO Ni lo entiendo, ni lo alcanzo.
MORLACO ¿Esto no alcanzas ni entiendes?
Pues yo con ser un Morlaco
no lo he entendido tampoco.
ANASTASIO Varias ciencias he estudiado,
varios libros he leído,
y ni en ellas ni ellos hallo
que pueda un Dios ser pasible
en la multitud de tantos
como las gentes adoran,
de quien el nombre ha tomado
la gentilidad.
ZACARÍAS Estudia
en el libro soberano
de la ciencia de las ciencias:
verás misterios más altos.
ANASTASIO Aguarda, ¿libro hay alguno
en el mundo intitulado
ciencia de ciencias?
ZACARÍAS No es libro
materialmente tomando
el nombre, sino un supuesto
tan grande, tan docto y sabio,
que es capaz de todas ciencias.
ANASTASIO ¿Quién es? Que ese voy buscando.
ZACARÍAS Cristo.
ANASTASIO ¿Cristo?
ZACARÍAS Sí.
ANASTASIO ¿Pues cómo?
Las cajas.
MORLACO ¿No miras que el rey marchando...
ANASTASIO Ven conmigo, que en habiendo
oído todos tus engaños
en ellos te he de argüir,
probándote que los altos
dioses son más verdaderos.
ZACARÍAS Yo probaré que son falsos.
MORLACO Yo por quitaros de dudas
me conformaré con ambos.
Vase.
ANASTASIO ¿Tú no eres docto?
ZACARÍAS ¿No tienes
tú sutil ingenio claro?
ANASTASIO Pues tú dejarás tu dios.
ZACARÍAS Pues tú seguirás su bando.
ANASTASIO Pues quédese por ahora
el desafío aplazado
para después.
ZACARÍAS Norabuena.
ANASTASIO Y cree, esclavo...
ZACARÍAS Y cree, Anastasio...
ANASTASIO ...que yo te he de hacer gentil.
ZACARÍAS ...que yo te he de hacer cristiano.

Jornada II

Sale Zacarías huyendo y Morlaco dándole empellones.
ZACARÍAS No me maltrates, amigo,
ten lástima, ten clemencia,
si no por mi dignidad
por mis canas.
MORLACO ¿Pues qué hubiera
hecho, señor Zacarías,
con él la fortuna adversa
en traerle a cautiverio
a Babilonia, si en ella,
más que si estuviera libre
como un patriarca se huelga?
Trabaje, ¡cuerpo de Apolo!,
como esotros y no quiera
en fe de que con mi amo
tiene pláticas diversas
allá de unas tollogías
que nadie hay que las entienda
ser previlligado.
ZACARÍAS Bien
sabe el cielo que quisiera
no excusar ningún trabajo,
mas no me alcanzan las fuerzas.
MORLACO Tírelas y alcanzaranle,
que así hice yo con aquestas
bragas y coleto el día
que por venir a la guerra
dejé el pellejo.
ZACARÍAS Mal puedo
acudir yo a la tarea
en que Cosdroas los cautivos
ocupa haciendo defensas
al ejército de Heraclio
que dicen que ya se acerca.
MORLACO No digo yo que trabaje
en guarnecer la ribera
del Nilo, donde hoy estamos
esperándole que venga,
pero que trabaje en casa
en algo, que no hay paciencia
para que siendo usté esclavo
de mi amo, yo lo sea
de su patriarcanidad.
ZACARÍAS Norabuena, norabuena.
¿En qué quieres que te ayude?
MORLACO En traer de esa cisterna
agua.
ZACARÍAS Sí haré, aunque en mis ojos
pudiera hallarla más cerca.
Dale un cubo de sacar agua y sale Anastasio.
ANASTASIO Zacarías, ¿dónde vas,
y qué lágrimas son esas?
ZACARÍAS Voy por agua y llevo agua,
tributos de mi miseria,
porque el trabajo del cuerpo
y el del espíritu tengan
en los ojos y en las manos
igual la correspondencia.
ANASTASIO ¿No tengo mandado yo
que ni trabajes, ni entiendas
más que en dejar a su adbitrio
de la fortuna la rueda
hasta que llegue el felice
día, que se la detengas,
haciendo que pare fácil
por más que corra violenta?
MORLACO Lo mismo le decía yo,
no permitiendo que fuera
por el agua; pero tanto
de ser escravo se precia
que no quiere estar ocioso:
diga él si no es verdad esta.
ZACARÍAS Conténtate con que calle,
porque aunque yo en mi ley pueda
omitir una verdad,
no puedo oponerme a ella.
MORLACO ¡Qué lindo escrúpulo! ¿Pues
que cristiano hay que no mienta?
ANASTASIO Según eso, ¿este villano
te trata mal en mi ausencia?
ZACARÍAS No señor, muy bien me trata,
pues que me da en que merezca.
ANASTASIO ¡Vive el cielo, si con él
riñes y no le respetas
como a mi misma persona
que te mate!
ZACARÍAS No le ofendas.
MORLACO Digo, señor, que si en eso
consiste que gusto tengas,
le trataré desde aquí
como a tu persona mesma,
verbigracia: pues señor
tú mesmo asimismo intentas
lo mismo hacer que yo, estando
yo mesmo aquí mismo, suelta
el mismo cubo y yo mismo
iré a la misma cisterna
por la misma agua y no vaya
tu misma persona mesma.
Hácele reverencia, y quítale el cubo, y vase sin hacer caso de Anastasio.
ANASTASIO No hagas caso deste loco,
que yo haré que te obedezcan
todos en casa.
ZACARÍAS Mil honras
me hace tu piedad. ¡Oh quiera
el cielo que yo las pague
quizá en la misma moneda
de traerte el agua otro día!
ANASTASIO Nada, amigo, me agradezcas
pues no puedo hacer contigo
todo lo que yo quisiera,
y el tratarte como esclavo
cree que es desmentir sospechas
de algunos que mal afectos
murmuran la amistad nuestra,
y si va a decir verdad
tienen razón en tenerlas,
pues desde el primero instante,
que me dijiste que era
ese Cristo Dios que adoras
capaz ciencia de las ciencias,
le debo a tu estimación
el deseo de saberlas,
si bien hallo en tus noticias
repugnancias tan opuestas
a la ley en que nací
que me hacen resistencia
para no crerelo.
ZACARÍAS ¿Cómo?
ANASTASIO Como tú dices y enseñas
que hay un dios y que este dios
siendo uno solo en esencia
es trino en personas. Dejo
aparte esta duda inmensa
de ser trino y de ser uno,
a cuyos visos flaquea
la vista más perspicaz
del águila más atenta;
dejo aparte que sea el padre
dios, que dios el hijo sea,
dios el espíritu, y siendo
tres las personas no tenga
autoridad de tres dioses,
y dejo en fin que de aquestas
la segunda, la divina
y humana naturaleza
con hipostática unión
enlazase de manera
que siendo dios fuese hombre
para restaurar la deuda
del primer padre, muriendo
crucificado en aquella
cruz que triunfo de mis dioses
hoy yace cautiva en Persia,
y voy porque no toquemos
tan difícil materia
solo a una razón que en mí
hace grandísima fuerza.
ZACARÍAS ¿Qué razón?
ANASTASIO Tú me dijiste
en la disputa primera
que es ciencia de ciencias, dando
al padre la omnipotencia,
al espíritu el amor
y la ciencia al hijo.
ZACARÍAS Esa
es canónica dotrina
de mis teólogos.
ANASTASIO Pues esta
es la duda de mis dudas,
y así quiero entrar en ella,
pues es ella por quien voy
comunicando diversas
naciones. ¿Cómo es tu dios
ciencia de todas las ciencias?
ZACARÍAS Como no hay ninguna que
en el principio no tenga.
ANASTASIO ¿Ninguna? Pues veme dando
a estas preguntas respuesta.
¿Hay en él filosofía?
ZACARÍAS ¿Quién es su criador no es fuerza
saber todos los principios
de la gran naturaleza?
Luego la filosofia
más oculta y más secreta
en él, como en centro suyo,
patente está y descubierta.
ANASTASIO ¿Hay jurisprudencia en él?
ZACARÍAS ¿Siendo la ley verdadera,
quién puede dudar que es Dios
divina jurisprudencia?
ANASTASIO ¿Hay medicina?
ZACARÍAS No solo
como autor della la engendra,
pero aplica los remedios
de vida y salud eterna.
ANASTASIO ¿Hay teología?
ZACARÍAS Es la mesma
teología, puesto que ella
tiene por objeto a Dios,
y es quien más nos le penetra.
ANASTASIO ¿Hay matemáticas?
ZACARÍAS Todas
las matemáticas muestra
tener, y aun sus liberales
artes.
ANASTASIO Di, ¿de qué manera?
ZACARÍAS Oye por curiosidad
cuando no por advertencia:
en él hay astrología
porque es suma inteligencia,
a cuyo adbitrio se mueven
cielo, sol, luna y estrellas;
dialéctica, porque es
en su divina presencia
su mismo ser de sí mismo
silogismo y consecuencia;
música, porque compone
la dulce armonía perfeta
de elementos que entre sí
se templan y se destemplan;
gramática, porque es
el origen de las letras,
y así, que es principio y fin,
dicen dos, alfa y omega;
retórica, porque solo
en una palabra encierra
altos misterios, y es cierto
que él es su palabra mesma;
poética, porque no
hay obra en sus obras bellas
que en números y medidas
heróico metro no tenga;
geometría, porque mide
distancias de cielo y tierra
sin que haya tan remota
estancia que no trascienda;
arquitetura, hable a voces
esta fábrica opulenta
del universo, a quien hizo
solo con querer hacerla;
pintura, dígalo el hombre,
pues su ser lo manifiesta,
dando a su imagen en cuerpo
y en alma forma y materia:
luego si filosofía
están, y jurisprudencia,
medicina y teología,
matemáticas y en ellas
las artes, como en su centro
en Dios y Dios los enseña,
este Dios en quien están,
ciencia será de las ciencias.
ANASTASIO Antes que te arguya contra
esa máxima, quisiera
saber cómo haces resumen
de tantas ciencias diversas
y de las más principales,
Zacarías, no te acuerdas:
¿dónde la mágica está
y las que proceden della,
hasta la nigromancía,
que ni las nombras ni mientas,
ni dices que están en Dios?
ZACARÍAS Cómo no están en Dios esas,
ni esas son ciencias.
ANASTASIO ¿Pues qué
serán, si el serlo me niegas?
ZACARÍAS Unos diabólicos artes
dignos que él los aborrezca.
ANASTASIO ¿Cómo diabólicos? ¿Pues
los espíritus (¡qué pena!)
que los obran no son genios
de los dioses, a quien fuerzan
carácteres y conjuros
para hacer por su obediencia
cosas sobrenaturales?
ZACARÍAS Genios son, más considera
que son los dañados genios
que opuestos a Dios intentan
competir con sus milagros
valiéndose de apariencias
fantásticas que lo ausente
o futuro representan
por conjeturas, formando
en agua, fuego, aire y tierra
vagos fantasmas, y en esto
hable mejor la experiencia.
¿Cuántas veces solo al nombre
de Dios falta la asistencia
de esos espíritus? ¿Cuántas
sólo a la divina seña
de la cruz de Cristo, huyen
de su vista, y...
ANASTASIO Oye, espera,
que aunque piensas lo que dices,
dices más de lo que piensas:
¿la señal (¡qué es lo que escucho!)
A voces altas. de la cruz (el alma tiembla)
por si (el pecho se estremece)
los espíritus ahuyenta
que forman esos fantasmas
y (la voz falta a mi lengua)
pierden a la vista suya
estudio, poder y fuerzas?
ZACARÍAS Sí.
ANASTASIO Pues si tú lo probaras,
con saber yo que no fuera
de probar dificultoso
yo...
Sale Cosdroas.
COSDROAS Pues ¿qué voces son estas,
Anastasio?
ANASTASIO Una cuestión
me arrebató de manera
que me obligó a destemplarme.
COSDROAS ¿Y qué era la cuestión?
ANASTASIO Era
del culto de nuestros dioses.
COSDROAS ¿Y qué habéis sacado della?
ANASTASIO Con no ser nada hasta ahora,
es más de lo que me ordenas.
COSDROAS ¿Cómo?
ANASTASIO Como pienso que
andamos, señor, muy cerca
de convenirnos los dos
a ser de una opinión mesma.
COSDROAS ¿Qué dices tú a esto?
ZACARÍAS Que sí,
porque es tan grande la fuerza
de la verdad que no dudo
que el errado se convenza.
Aparte con Anastasio.
COSDROAS Mucho me huelgo de oírlo,
y es verdad, porque si llega
ese esclavo miserable
a dejar su ley, es cierta
cosa que arrancar podré
las raíces de la Iglesia
de quien ya he troncado el árbol.
¿Pero qué cajas son estas?
Sordina. Cajas destempladas y sale Morlaco huyendo.
MORLACO ¡Ah señor mesma persona!
Mire usted qué dicen esas
cajas, que como habran gordo
no me atrevo a responderlas.
ZACARÍAS ¿Dónde vas?
MORLACO ¿Qué me faltara
si yo dónde voy supiera?
ANASTASIO Segunda vez el clamor
se oye.
COSDROAS ¿No hay quien decir sepa
qué es aquesto?
MORLACO Sí señor.
COSDROAS ¿Qué es?
MORLACO Una cosa que suena
a truenos de la otra vida.
COSDROAS Ve, Anastasio, a ver qué sea
esta novedad.
Sale Menardes.
MENARDES No vayas,
que la novedad es esta.
El ejército de Heraclio,
ya, gran señor, desde aquellas
altas puntas se descubre,
anticipando las nuevas
el ronco bastardo son
de cajas y de trompetas,
que como pisando viene
las oscuras sombras negras
de su muerte, marcha dando
ya de ser vencido muestras,
a cuyo efecto, de negros
pendones el aire cuelga,
como anticipado luto
de sus tempranas exequias.
Sordina. Las cajas y sale Siroes.
SIROES Aunque te habrá dicho el viento
en tristes voces funestas
la marcha de Heraclio, yo
que vengo, señor, de verla,
diré mejor cuánto es grande
el pavor con que se acerca,
pues en fe de que a ninguno
librar de la muerte piensa,
viene de todos nosotros
celebrando las postreras
ceremonias de la vida,
construyendo en las riberas
del Nilo, que ya es Leteo
de pálidas sombras feas,
un sepulcro en cada planta,
un túmulo en cada piedra,
de que es panteón el monte,
de que es bóveda la selva.
MORLACO Aqueste y yo nos calzamos
miedos en una horma mesma.
COSDROAS Mejor interpretación
que tú a esas fúnebres señas
dio Menardes, pues por sí
el luto será que ostentan.
MENARDES Sal, señor, a recebirle,
no aguardes que formar pueda
sus escuadrones.
SIROES No salgas
sin que conozcas y veas
número y disposición.
MENARDES Tu voz y discurso muestran
cuánto temes la batalla.
SIROES Primero que se acometa
el temerla es valentía.
MENARDES No es, pues en fin es temerla.
SIROES Quien piense...
COSDROAS Calla cobarde,
que me corro de que sea
hijo mío quien no tiene
ya la victoria por cierta.
¿Puede el poder del destino,
puede del hado la fuerza,
ni contrastar mi valor
ni amedrentar mi soberbia?
¿Para temer me pediste
que conmigo te trujera?
Quedáraste en Babilonia.
SIROES Señor...
COSDROAS Suspende la lengua.
Toca a recoger y empiecen
a formarse las hileras
para que a campaña salgan
en buena ordenanza puestas
de las fortificaciones,
quedando quien las guarnecen
para nuestra retirada,
si es que hay retirada nuestra,
que no quiero que presuma
que viene a encerrarme en ella.
Tú, Menardes, ven conmigo,
tú, Siroes, atrás te queda,
que no he menester yo que
cobardes conmigo vengan.
Vanse.
SIROES ¿Que esto escuche mi valor?
¿Que esto mi fama consienta?
MORLACO Por mí lo dice también,
no hay sino tener paciencia.
SIROES Pues yo haré de suerte, que
el rey y Menardes vean
si es la atención valentía
y si es el valor prudencia.
ZACARÍAS ¿Anastasio, en qué quedamos?
ANASTASIO En grandes dudas me dejas;
después hablaré contigo,
que ahora mostrar quisiera
el hermoso maridaje
de las armas y las letras.
ZACARÍAS ¡Oh llegue el felice día
que Dios por su causa vuelva!
ANASTASIO Tú ven conmigo.
MORLACO No quiero.
ANASTASIO ¿Por qué?
MORLACO Porque tú me ordenas
lo de la mesma presona,
y pues te vas y él se queda,
quiero quedar a serville
como a tu presona mesma.
Tocan cajas y trompetas destempladas, y salen por vna parte Libio y Arnesto y Heraclio, y soldados, y por la otra Irene, Flora y Clodomira y las mujeres que puedan, todas con bandas y plumas negras. Arnesto trae un estandarte negro y Flora otro, pintada en ellos la cruz.
HERACLIO Es esta parte, donde
despavorido el eco nos responde
a media voz, del susto que le ha dado
ronco el metal, el parche destemplado,
hagan alto las tropas de mi gente.
CLODOMIRA En este sitio, donde dulcemente
suena a mi oído, porque triste suena,
la voz de tanta militar sirena
que a gemidos el aire desafía,
alto hagan las escuadras de la mía.
HERACLIO ¡Oh Clodomira bella,
con cuya luz, el sol parece estrella...
CLODOMIRA Heraclio generoso,
de cuyo esfuerzo Marte está envidioso.
HERACLIO ¿Cómo vienes?
CLODOMIRA Quien viene
a esta empresa y contigo, dicho tiene
que ufana, alegre, osada y atrevida
viene a ofrecer la vida por la vida.
Tú, señor, muy cansado
de la marcha vendrás.
HERACLIO Solo el cuidado
a que el celo me obliga
de mis fatigas es mayor fatiga;
si bien, te puedo asegurar que apenas
pisé aquestas arenas
que con traidor estilo
son temporales márgenes del Nilo,
pues hidra de cristal con siete bocas
le muerde a tiempos árboles y rocas,
cuando con nueva fe, con valor nuevo,
a apellidarme vencedor me atrevo,
sabiendo que me espera
Cosdroas fortificado en su ribera.
CLODOMIRA Si a tan remota parte,
católico campeón, cristiano Marte,
te trae de Dios la gloria,
justa es la vanidad de la vitoria
que tanto triunfo encierra,
pues yo que soy...
Arma dentro.
DENTRO ¡Arma, arma, guerra, guerra!
HERACLIO ¿Qué es esto?
ARNESTO A recebirnos ha salido
Cosdroas.
FLORA Y tanto el número ha extendido
de sus gentes, que todo este desierto
se mira ya de bárbaros cubierto.
Las cajas.
LIBIO Tantas las flechas son de la primera
salva, que el sol en su dorada esfera
se oscurece y asombra.
HERACLIO Pues así pelearemos a la sombra:
toca a embestir, y vos leño sagrado...
A los lados.
CLODOMIRA Iris de roja púrpura manchado...
HERACLIO ...dadme esfuerzo...
CLODOMIRA ...valor me dad divino...
HERACLIO ...y si contra Magencio a Constantino...
CLODOMIRA ...y si a Elena el favor de su desvelo...
HERACLIO ...un ángel dijo...
CLODOMIRA ...la previno el cielo....
HERACLIO ...que con vuestra señal le vencería...
CLODOMIRA ...que con luz vuestra oculto os hallaría...
HERACLIO ...yo con vos y por vos vengo a libraros.
CLODOMIRA ...yo por vos y con vos vengo a buscaros.
HERACLIO No es menor triunfo el vuestro que un imperio.
CLODOMIRA No fue una pena más que un cautiverio.
LOS DOS Acierte la intención si la voz yerra.
DENTRO ¡Persia viva!
OTROS ¡Arma, arma, guerra, guerra!
Arma. Salen Cosdroas, Anastasio, Menardes, y Siroes y otros; y hácense Heraclio y los demás a una parte, y trábase la batalla.
COSDROAS Antes que prevenidos
en batalla se pongan atrevidos,
los embestid, soldados.
HERACLIO De fe, de religión, de celo armados
nos tiene ya nuestra gran fama altiva.
UNOS ¡Viva Cosdroas!
OTROS ¡Heraclio viva!
UNOS ¡Cierra, por Asia!
OTROS ¡Cierra
por Europa!
TODOS ¡Arma, arma, guerra, guerra!
En dándose la batalla sale Menardes solo, mirando a todas partes.
MENARDES ¡Ah cielos, cuánto miente, cuánto engaña,
vista desde la corte la campaña
al que nunca ha sabido
cuán pavoroso ha sido,
cuán terrible es, cuán fuerte
el pálido semblante de la muerte!
Animoso venía
juzgando que podía,
desvanecida en triunfos la memoria,
dar yo solo a mi patria una vitoria,
y apenas de la guerra el teatro veo,
a discreción del hado,
de sangrientos cadáveres poblado,
cuando escapar deseo
no más que con la vida.
Honor, no acuerdes lo que el pasmo olvida.
Entre las quiebras que hacen estas peñas
donde no alcanzan de la lid las señas
esperaré escondido
quién es el vencedor, quién el vencido...
pero gente (¡ay de mí!) hasta aquí ha llegado.
Escóndese y sale Siroes con uno de los estandartes y Clodomira tras él.
CLODOMIRA Viendo, valiente joven, que has ganado
ese real estandarte,
a esta escondida parte
a singular batalla te he llamado,
donde cobrarle cuerpo a cuerpo espero.
SIROES Sí harás, bello prodigio, si el acero
no esgrimes, pues vitoria más segura
que tu valor te ofrece tu hermosura.
CLODOMIRA No pienses de esa suerte
con lisonjas librarte de la muerte;
demás que están en trances y rigores
de las armas violentos los amores,
y yo valor y no hermosura tengo.
Lidia, pues solo a restaurarle vengo.
SIROES Sí haré, que no me dan tantos enojos,
recelos ni desmayos,
de tu espada los rayos
como me dan los rayos de tus ojos.
Y si aquestos despojos
te obligan a apartarme
de la lid, como dices, a matarme,
ya que este es aplazado desafío,
lidien iguales tu valor y el mío,
yo entre los dos arrojo en ese suelo
Arroja el estandarte. la asta que ha sido todo tu desvelo;
arroja tú, pues a cobrarla vienes,
la ventaja también que a mí me tienes.
CLODOMIRA ¿Qué ventaja? Una espada
mis armas son.
SIROES Engáñaste, que armada
de soles, me deslumbra la extrañeza
de tu belleza.
CLODOMIRA ¡Oh pese a mi belleza!
U defiéndete u muere.
Riñen, y cáesele la espada a Clodomira donde está Menar- des cerca.
SIROES ¿Quién ha sido
vencedor con deseos de vencido,
sino yo?
CLODOMIRA ¡Ay infeliz! Perdí la espada.
SIROES Vuelve a cobrarla, pues.
CLODOMIRA De ti obligada
al tiempo que ofendida, mis desvelos
han de pensar si es bien...
Dentro.
COSDROAS ¡Valedme, cielos!
SIROES Aquella voz que escucho
es de mi padre; en nuevas dudas lucho,
pues veloz su caballo se desboca
a chocar de una roca en otra roca.
Piensa lo que has de hacer, bella homicida,
que luego vuelvo en dándole la vida.
Vase.
CLODOMIRA Del afecto de hijo arrebatado,
estandarte y espada me ha dejado,
y en vano, pues ha sido
en vano su socorro, detenido
ya de otros el caballo;
y pues libre me hallo
veré si hasta mi gente
puedo llegar.
Toma el estandarte, y al ir a tomar la espada sale Menardes y tómala primero.
MENARDES Aqueso no, detente,
que prisionera mía
has de ser.
CLODOMIRA Generosa bizarría
será de otro dejada
triunfar de una mujer, y sin espada.
MENARDES Yo de ti no deseo
por vitoria el trofeo,
sino por interés.
CLODOMIRA ¿Quién le asegura?
MENARDES Tener por prisionera tu hermosura.
CLODOMIRA Primero me darás la muerte esquiva.
MENARDES ¿Cómo has de defenderte?
DENTRO ¡Persia viva!
MENARDES ¿Y más cuando veloces,
Persia viva, repiten esas voces?
CLODOMIRA ¡Ay de mí!, que mi gente fugitiva,
de los montes se ampara.
DENTRO ¡Persia viva!
CLODOMIRA Ceda el valor a la ira de los hados:
tu esclava soy.
HERACLIO Dentro. A retirar, soldados.
MENARDES Ven conmigo.
CLODOMIRA Piedad, cielos, os pido.
MENARDES No hay valor que primero no haya sido
dicha, pues goza en más seguro estado
la opinión el felice que el osado.
Vase y sale como acechando Morlaco y tras él Siroes.
MORLACO Soldado a longe, si es verdad que vive
Persia, según que así nos lo descubre
la voz, verás...
SIROES Ya que llegar no pude
a socorrer al rey, mi aliento acude
otra vez a esta parte
para cobrar la dama y estandarte
que aquí dejé para ir con mayor gloria
a celebrar con todos la vitoria...
Ya ves, beldad divina...
MORLACO ¿Yo beldad? Loco me es sobre gallina
este príncipe.
SIROES ¿Dónde...
MORLACO No sé nada
y hágase allá, que es burla muy pesada.
SIROES ...está mi bien?
MORLACO ¿Qué bien?
SIROES Es una bella
mujer que estaba aquí.
MORLACO Yo no sé della.
SIROES Sí sabes...
MORLACO ¿De qué modo?
SIROES ...y tú la ocultas.
MORLACO Míreme usted todo.
SIROES La has visto.
MORLACO No le he visto,
y a no ser persa lo jurara a Cristo.
SIROES Pues ella no ha podido
ir a su gente, porque o ha tenido
paso, que ya la nuestra le ha ocupado.
MORLACO Yo no sé si se ha ido o si se ha estado.
SIROES Sin duda entre estas peñas
se oculta; dadme indicios, dadme señas,
altos montes, de cuál estancia oscura
es ocaso del sol de su hermosura.
Vase. Salen Cosdroas, Anastasio y gente.
ANASTASIO Dame en albricias de tan gran vitoria
la mano.
COSDROAS Corto premio son mis brazos
cuando te ciñan en eternos lazos,
que tú, Anastasio, has sido
por quien no solo digo que he vencido,
sino que vivo estoy, pues en ti hallo
socorros al desmán de mi caballo.
ANASTASIO De aquella flecha herido,
se despechó, mas luego reducido
de tu valor, templó la furia airada,
que a mí, señor, no me debiste nada,
pues de tu riesgo solo fui testigo.
COSDROAS ¡Qué derrota ha tomado el enemigo!
ANASTASIO Solo ese monte en que abrigarse tiene.
COSDORAS Pues si su retirada en él previene
sin que un soldado se aventure quiero
que en él le acabe el hambre y no el acero,
y así de sus salidas
se le tomen no más las avenidas
que más importa estando de esa suerte
de Heraclio la prisión que no la muerte.
Sale Menardes con el estandarte y Clodomira.
MENARDES Recibe, invicto señor,
de aqueste nuevo soldado,
los trofeos que ha ganado,
primicias de su valor:
este estandarte real
es de Heraclio, y esta es
su esposa o su dama, pues
la hermosura celestial
que la adorna no podía
ser menos que suya, y yo
te la doy a ti, que no
merezco yo que sea mía.
Llega a sus pies y asegura
la dicha, esclava, en que estás.
COSDROAS No sé qué agradezca más,
tu valor o su hermosura.
Levanta del suelo, que es
indignidad que en el suelo
estén tan sin arrebol
tibios los rayos del sol,
muertas las luces del cielo.
¿Quién eres?
CLODOMIRA Pues de tu ira
la muerte deseando estoy,
no he de negarlo: yo soy
la infelice Clodomira.
COSDROAS ¿La reina de Gaza?
CLODOMIRA Sí.
COSDROAS Cuando en tu reino me viste,
a Jerusalén te fuiste
huyendo entonces de mí;
cuando fui a Jerusalén,
la ciudad desamparaste
y en Ajope te embarcaste
huyendo de mí también.
¿Qué te han contado de mí
que tanto temor me tienes?
Pero puesto que a ser vienes
hoy mi prisionera aquí,
yo venceré tu temor
dándote a entender que he sido
más de mujeres vencido
que de hombres vencedor;
y tú este don verás cuánto
le estimo.
MENARDES Aunque quiero yo
que me le agradezcas, no
que me le agradezcas tanto.
COSDROAS ¿Y Siroes?
MENARDES No le vi más,
que al principio, y que le esconde,
pienso, esa montaña.
Sale Siroes hablando desde dentro.
SIROES ¿Dónde,
hermoso prodigio, estás?
Mira... mas ¿quién está aquí?
COSDROAS ¿De qué vienes tan turbado?
Ya, ya la lid se ha acabado,
bien puedes volver en ti,
que no quiero otro castigo
dar a tu temor villano
que el trofeo que tu hermano
ha ganado al enemigo.
Este estandarte quitó
y hizo en lid sangrienta y dura,
prisionera esta hermosura.
Ha tenido la mano delante Clodomira, como llorando, y ahora la quita y él se admira de vella.
SIROES ¿Qué escucho?
CLODOMIRA ¿Qué miro?
SIROES Yo...
COSDROAS Calla, cobarde.
SIROES ...fui quien....
COSDROAS En ese monte guardado
toda la batalla ha estado.
SIROES ...ese estandarte...
COSDROAS Está bien.
SIROES ...y esa hermosa deidad bella
en la batalla gané,
u dígalo ella quién fue.
MORLACO ¿De los de dígalo ella
me es? Pues sin más ver ni oír
apostaré la cabeza
a que es gallina su alteza.
MENARDES ¿Cómo ella lo ha de decir
Si por haberla vencido
se querrá vengar de mí?
COSDROAS Claro está, y pues yo te vi
salir de donde escondido
estuviste, es asentada
cosa que allí tu temor
te retiró.
CLODOMIRA Yo, señor...
COSDROAS Ninguno me diga nada,
que nada creeré.
SIROES ¡Ay de mí!
COSDROAS Ya es para el engaño tarde,
ven, Clodomira. Cobarde,
yo me vengaré de ti,
Vase.
SIROES ¿Posible es mi singular
valor tus labios no digan?
CLODOMIRA Fuerza es callar, que me obligan
muchas cosas a callar.
Vase.
SIROES ¡Suerte injusta! ¡hado enemigo!
Oye Menardes, verás...
MENARDES No me faltaba ahora más
que ponerme a hablar contigo.
Vase.
SIROES ¿Hay más infelice estado
que ver con aplauso honroso,
en las manos del dichoso
méritos del desdichado?
¡Viven, Anastasio amigo,
los altos dioses, que fui
quien ganó este honor aquí!
De su poder el castigo
me confunde, dando llenos
de horror mortales desmayos
la cólera de sus rayos
y la saña de sus truenos.
Vase.
MORLACO Con estas voces pregona
cuán poca justicia tiene;
pero allí viene...
ANASTASIO ¿Quién viene
allí?
MORLACO Su misma persona,
que en oyendo que vencía
Cosdroas, tan marchito estaba,
que a mí, aunque él a Dios se daba,
al diablo me parecía.
ANASTASIO ¿Qué murmuras? ¿Como a mí
tratarle no te mandé?
Sale Zacarías, y Morlaco haciendo reverencias en medio de los dos a entrambos.
MORLACO ¿Y quién te ha dicho a ti que
yo no murmuro de ti?
Mas porque no me den pena
las disputas de los dos,
sor mesma presona, adiós,
adió, sor presona ajena.
ZACARÍAS Hasta llegar a tus pies
no he salido del cuidado
que tu peligro me ha dado.
ANASTASIO Guárdete el cielo, que aunque es
con pérdida la victoria
de tu rey, de tu nación,
tu Dios y tu religión,
quiero creer que la gloria
della te alcance por mí.
ZACARÍAS Verdad es que yo me holgara,
señor, que mi rey triunfara
de todos, mas no de ti.
ANASTASIO Deshecho y desbaratado
al monte se retiró,
de adonde no pienso yo
que saldrá, porque sitiado
en él abrigo no tiene
ni bastimento.
ZACARÍAS ¡Ay de mí!
Mas si Dios lo quiere así
eso es lo que nos conviene.
ANASTASIO Su muerte el rey no ha intentado,
por reducirle primero
a hacerle su prisionero.
ZACARÍAS Sea Dios siempre alabado.
ANASTASIO Entre el mísero conflito,
cautiva de nuestra ira
fue la reina Clodomira.
ZACARÍAS Sea Dios siempre bendito.
ANASTASIO ¿Cómo con tanta paciencia
llevas los trabajos?
ZACARÍAS Como
de mano de Dios los tomo
por regalos.
ANASTASIO De su ciencia
capaz me empezaba a hacer,
y aunque pendiente quedó
aquello de la cruz, no
quiero ahora sino saber
si es tu Dios tan poderoso,
cómo no puede ayudar
a los suyos, y pasar
los vemos por el penoso
golfo de calamidades
que en una y otra avenida
son escollos de la vida.
O puede usar sus piedades
o no: si puede, ¿por qué
a ellos no se las concede?
¿Y cómo, si es que no puede,
todopoderoso fue?
ZACARÍAS No es dejar uno de usar
tal vez de todo el poder
argumento de no ser
poderoso, pues gozar
puedo yo un tesoro, y no,
por no querer dispendelle
dejaré de poseelle
ni de ser su dueño yo.
Luego de mi Dios no dudo
que a nuestro entender remiso
pudo usar de lo que quiso
sin usar de lo que pudo.
ANASTASIO Al padre y hijo aplicado
has saber, poder, favor,
y al espíritu el amor,
y habiendo en los tres juntado
poder, amor y saber,
si esto no es contra la ciencia,
ni contra la omnipotencia,
contra el amor vendrá a ser,
pues dejar tu dios de dar
favor a los suyos, ya es
faltar uno de los tres.
ZACARÍAS Un padre que a castigar
llega a un hijo, no por eso
deja de tenerle amor.
A∫ntes le muestra mayor
cuanto con mayor exceso
le hiere, y de enojo lleno
hace del dolor regalo,
porque su hijo ha sido malo
mas no porque él no sea bueno,
y así el día que castiga
Dios su pueblo, hace mayor
argumento de su amor,
sin que por eso se diga
que quiere más al infiel,
pues allí es bien que se note
que le toma como azote
con que le corrige a él.
ANASTASIO Si aqueso fuera verdad,
le castigara y le hiriera,
pero no le destruyera
tan del todo su crueldad
que la vida le quitara,
o vuelve a ver de qué suerte
a prenderle u darle muerte
va Cosdroas donde él se ampara.
Cajas a marchar.
ZACARÍAS Quizá dél compadecido,
viéndole tan castigado,
le pondrá en mejor estado.
ANASTASIO Mal podrá, si reducido
a los peñascos se ve,
y casi a ninguna gente.
ZACARÍAS Bien podrá, si con fe...
ANASTASIO Tente,
y deja eso de la fe
La caja marchar. para después, que ahora es
fuerza que al rey asistamos.
ZACARÍAS Si haré, pero mucho vamos
dejando para después.
Vase y salen todos los que pudieren con Cosdroas.
COSDROAS No paséis de aquí, que quiero,
después de haber advertido
seña de paz, llegar solo
a ese trágico retiro
de cristianos, para ver
si ya que están reducidos
o al trance de una batalla
o a la pesadez de un sitio,
antes que con el acero
con sola una voz los rindo.
Hace señal con un pañuelo y cantan en la cumbre del monte todos los que pudieren.
MÚSICOS Piedad, Señor divino,
no entres con tus esclavos hoy en juicio.
COSDROAS ¿Cuando pensé solo oír
quejas, llantos y suspiros,
la respuesta que me han dado
sonora música ha sido?
¿Si es ceremonia en su ley
tratar así los vencidos
al vencedor? Anastasio.
ANASTASIO ¿En qué gran señor, te sirvo?
COSDROAS ¿Suelen, dime, los cristianos,
cuando se miran rendidos
pedir cantando piedades?
ANASTASIO No sé que hasta hoy haya habido
tal ceremonia en su ley.
COSDROAS Pues llega, acércate a oírlo.
MÚSICOS Piedad, Señor divino,
no entres con tus esclavos hoy en juicio.
ANASTASIO Esto, señor, es hablar
con su dios, que no contigo.
COSDROAS ¿Pues qué dicen a su dios?
ANASTASIO Cántanle en salmos y himnos
alabanzas.
COSDROAS ¿Alabanzas,
cuando se ven afligidos?
ANASTASIO Sí, que quien por él padece,
muere con tal regocijo
que como cisnes celebran
su muerte en esos Caístros.
Antes que acaben de cantar, represente.
COSDROAS Pues porque él no los escuche
mi voz ha de interrumpirlos.
¡Ah de ese soberbio monte!
¡Ah de ese encumbrado risco,
que rústica pira hoy
es de cadáveres vivos!
En lo alto Heraclio.
HERACLIO ¡Ah de ese profundo valle!
¡Ah de ese desierto abismo,
que de muertos animados
hoy es bárbaro obelisco!
COSDROAS Decid a Heraclio que yo,
Cosdroas, rey de Persia invicto,
gran soldán de Babilonia
y gran sátrapa de Egito,
dueño de Gaza y aun dueño
del hermoso sol divino
de Clodomira, que es
el triunfo que más estimo,
señor de Jerusalén,
y... mas ¿para qué repito
—habiendo dicho que yo—,
más señas, si en eso he dicho,
cuánto puedo, pues yo soy
rey y reino de mí mismo?,
que hablarle pretendo.
HERACLIO Heraclio,
cristiano césar indigno
de Constantinopla, rey
de Jerusalén y Cipro,
protector de Egipto y cuanto
ese monstruo cristalino
del archipiélago moja,
conducidor y caudillo,
y general destas armas,
que todas mis señas digo
yo, porque yo soy por ellas
mucho,y nada por mí mismo,
te escucha: ¿qué es lo que quieres?
COSDROAS Que yo, el humano prodigio
de los hombres y las fieras,
aunque en mi vida he tenido
compasión y más de aquellos
que sin ley, razón, ni juicio
siguen el errado bando
del crucificado Cristo,
de tus míseras fortunas,
o vano o compadecido,
que allá en la parte de rey
simbolizaron conmigo,
a rogarte con la paz
vengo, y para esto es preciso
que te proponga primero
que estás sujeto al adbitrio
de mis armas, siendo un monte
mal defensable retiro
de las tuyas, pues en él,
cuando no te estreche el brío
de mis soldados, podrán
los embotados cuchillos
de la hambre y de la sed
herir con menor peligro
que el acero, y cuando no
fuera uno y otro conflicto
bastante, puedo poner
fuego a todo este distrito,
haciendo que arda en pavesas
aun antes que alumbre en visos.
Siendo, pues, así, y que no
tienes más seguro alivio
que apelar a la piedad
de que quiero usar contigo,
mira si te estará bien
disponerte a los partidos
de buena guerra y si quieres
capitularlos conmigo.
TODOS Dentro. Aceta, señor, las vidas,
pues que nos miras rendidos.
HERACLIO Antes que yo te responda
mi gente te ha respondido,
porque es mi gente tan mía
que viendo que nunca ha sido
para uno solo desaire
desaire de muchos, quiso
decirlo ella, porque yo
no tuviese que decirlo;
y puesto que la fortuna
y el valor son enemigos,
y siempre deshizo aquella
las hechuras que este hizo,
a tus capitulaciones
quiero doblar los oídos,
no por mí, sino por tantos
hijos y vasallos míos,
que de católicos reyes
aun los vasallos son hijos.
COSDROAS La primera condición
es que sin armas, rendidos
han de salir tus soldados
de todos estos recintos.
HERACLIO ¿Sin armas?
COSDROAS Sin armas.
HERACLIO Puesto
que las honras del vencido
son triunfos del vencedor,
y ese no fuera honor mío,
sino tuyo, di adelante,
que esa condición afirmo.
COSDROAS La segunda que el imperio
de Constantinopla altivo
ha de ser mi tributario.
HERACLIO Tampoco a aquesa replico,
que el interés no ha de hacer
lo que la opinión no hizo.
COSDROAS Es la tercera que tú
no has de ir con ellos; cautivo
has de quedar.
HERACLIO Sí haré: mira
qué presto te la confirmo,
que ya que llevar no puedo
la cruz de Cristo conmigo,
es bien quedarme con ella,
para que digan los siglos
que ella me cautiva a mí
ya que yo a ella no la libro.
COSDROAS La cuarta y última es
que antes de salir rendidos
habéis de jurar mis fueros,
mis ceremonias y ritos,
y en el templo en que esa cruz
a Júpiter le dedico,
ante ella habéis de hacer todos
a mis dioses sacrificios.
TODOS Dentro. No lo acetes, no lo acetes,
muramos antes que oírlo.
HERACLIO ¡Oh ingrata gente! ¡qué presto
os vengáis de un beneficio!,
pues apenas me quitasteis
aquella infamia al principio,
cuando me quitáis la gloria
de decir lo que habéis dicho.
Blasfemo y bárbaro rey,
soberbio y desvanecido,
no prosigas, no prosigas,
que si yo puedo conmigo
dispensar en los honores
de mis vasallos y míos,
en los de mi Dios no puedo.
Colérico, vengativo,
sañudo, fiero, ostinado,
o esgrime el acero impío
o flecha el hambre penosa
o apresura el fuego activo,
que a morir determinados
estamos, y no a rendirnos.
COSDROAS Eso lo dices tú solo.
TODOS Dentro. Todos, todos lo decimos.
MENARDES ¿Pues qué aguardas? Todos mueran,
pues todos lo han elegido.
Vase.
SIROES Ten piedad, quizá otra vez
responderán más benignos.
COSDROAS ¿Que aun de los rendidos tienes
temor?
SIROES Hoy serás testigo
de mi valor y tu engaño.
Vase y tocan cajas. Arma.
COSDROAS ¡Al arma, al arma!
HERACLIO Ea, amigos,
los que estáis para el manejo
de las armas impedidos,
cantad a Dios alabanzas
mientras nosotros morimos,
porque las voces de unos
digan de otros el martirio.
Estos versos y la música y cajas a un tiempo, y al mismo aparecerán dos ángeles en lo alto con espadas de fuego.
MÚSICOS ¡Piedad, Señor divino!
COSDROAS Y LOS SUYOS ¡Viva Cosdroas!
OTROS ¡Viva Heraclio!
TODOS ¡Viva la gran cruz de Cristo!
MÚSICOS ¡Piedad, Señor divino!
ÁNGEL 1 A esa voz desa milicia
los soldados elegidos
hemos de pelear haciendo
en vuestro favor prodigios.
ÁNGEL 2 Todos los cuatro elementos
en su defensa movidos
se amotinen y con ellos
venza Dios sus enemigos.
Todo junto otra vez y suenan truenos y morteretes y rayos, y si se puede escurecer el teatro se haga. Truenos.
UNOS ¡Viva Heraclio!
OTROS ¡Viva Cosdroas!
TODOS ¡Viva la gran cruz de Cristo!
COSDROAS Santos dioses, ¿qué espantoso
terremoto de improviso
la luz del sol ha apagado?
Sale Menardes.
MENARDES ¿Dónde han desaparecido
las luminarias antorchas
de planetas, y de signos?
Sale Siroes.
SIROES Contra nosotros pelean
los montes estremecidos,
arrancando los peñascos
solo para destruirnos
las ráfagas de los vientos.
Dura la tempestad. Sale Morlaco.
MORLACO Ve aquí por lo que se dijo
aquello de estar el mundo
para dar un estallido.
Sale Anastasio.
ANASTASIO ¿Sin magna conjunción cuando
el orbe jamás ha visto
igual eclipse ni cabe
en el humano juicio?
COSDROAS Anastasio.
ANASTASIO ¿Quién me llama?
SIROES Gran sabio.
MENARDES Docto prodigio.
MORLACO Mal amo.
ANASTASIO ¿Qué me queréis?
COSDROAS Pues contra mí se han valido
los cristianos de sus artes
y ves que a ellos no ha podido
ofenderles la tormenta
y que valientes y altivos
con sus hechizos nos vencen,
peleemos hechizo a hechizo.
TODOS Serena el cielo que a rayos
se está desatando en giros;
los relámpagos apaga
que nos van ahogando a visos.
ANASTASIO No puedo, que mis secuaces
prisioneros del abismo
no me obedecen al ver
más soberanos ministros
peleando contra ellos.
TODOS ¿Pues de qué nos han servido
tus ciencias?
COSDROAS A retirar,
soldados.
Otra vez música, cajas y tempestad, y representa Anastasio procurando cerrar la jornada todos.
HERACLIO ¡Que huyen, seguidlos!
ANASTASIO De mucho, de mucho, pues
en solo un instante he visto
del Padre la omnipotencia,
la sabiduría del Hijo,
del Espíritu el amor,
y así confieso y publico
con la voz de los cristianos...
TODOS ¡Viva la gran cruz de Cristo!

Jornada III

Suena otra vez la tempestad con que acabó la segunda jornada y salen como asombrados Clodomira y Zacarías. Truenos.
ZACARÍAS Clodomira.
CLODOMIRA Padre mío.
ZACARÍAS ¡Qué desdicha...
CLODOMIRA ¡Qué desgracia...
ZACARÍAS ...es la que hoy nos espera!
CLODOMIRA ...es la que hoy nos aguarda!
ZACARÍAS Con los demás prisioneros,
Cosdroas, esa fiera humana...
CLODOMIRA ...en sus fortificaciones
a los dos dejó con guardas...
ZACARÍAS ...en tanto que él a buscar
iba a Heraclio a la montaña...
CLODOMIRA ...adonde se retiró
cuando perdió la batalla.
ZACARÍAS Atentos, pues, al estruendo
de las trompas y las cajas...
CLODOMIRA ...estábamos, cuando el cielo
se cubrió de nubes pardas.
ZACARÍAS Contra nosotros sin duda
sus azules velos rasga,
y enojado con nosotros
no quiere que ajenas armas
nos castiguen.
CLODOMIRA No lo creas,
que quizá su soberana
piedad hoy de su poder
usa en favor de su causa.
ZACARÍAS ¡Ay, que son nuestros pecados
muchos!
La tempestad.
CLODOMIRA ¡Ay, que nuestras ansias
son muchas, y Dios es Dios
de piedad!
ZACARÍAS Y de venganza.
CLODOMIRA Yo por lo menos vivir
tengo en esta confianza,
en fe de la cual parece
que ya su cólera aplaca
el cielo, y segunda vez
permite, que el sol nos nazca,
a cuya luz veo que rotas
y deshechas las escuadras
de Cosdroas, a las defensas
se retiran destas altas
fortificaciones.
ZACARÍAS ¿Quién
nos dirá qué ha habido?
Sale Morlaco huyendo.
MORLACO Gracias
a Baco, opíparo dios
de las cepas y las parras,
que es el que yo invoco en todas
mis buenas y malandanzas,
que llegue vivo a ponerme
en salvo.
ZACARÍAS Detente.
CLODOMIRA Aguarda.
LOS DOS Dinos qué es esto.
MORLACO Esto es
que una bela retirada
a tota la vita onora.
ZACARÍAS ¿Pues qué sucede?
CLODOMIRA ¿Qué pasa?
MORLACO ¿Qué más quisieran ustedes
de que yo se lo contara
y tener dos buenos ratos
en mi prosa y mi desgracia?
Pues mal haya mi alma (si es
que Morlacos tienen alma)
si yo dijere que Heraclio,
vuestro cristiano monarca,
amparado de los cielos
que en su favor se declaran
o se escurecen, nos viene,
cocinero de campaña,
para hacérnosla gigote,
picando la retaguardia,
fuera de que aunque quisiera
decirlo, no me dejara
Cosdroas, que con los demás
que le siguen y acompañan
viene diciendo.
Sale Cosdroas furioso, y huyendo dél algunos soldados, y Siroes, Menardes y Anastasio.
COSDROAS Huid de mí
todos.
SIROES Advierte...
MENARDES Repara...
ANASTASIO Considera...
TODOS Mira...
COSDROAS Nadie
me hable, pues que nadie basta
a reparar los extremos
de mi cólera y mi rabia:
¿yo sin laurel?, ¿yo sin triunfo?,
¿yo sin honor?, ¿yo sin fama?
¿de cuatro humildes rendidos
huyendo vuelvo? ¡Qué ansia,
qué pena, qué sentimiento,
qué horror, qué asombro, qué infamia!
ANASTASIO No hay cosa, señor, que más
sujeta esté a la mudanza
que la guerra, de un instante
a otro.
COSDROAS No prosigas, calla,
calla, bárbaro, que de esos
prodigios que me acobardan
tú tienes la culpa, pues
con inútiles, con vanas
ciencias engañado tienes
el mundo, y a hacer no bastas
contra cristianos hechizos,
en cielo y tierra mudanza,
y así, puesto que te precias
de enseñar lo que no alcanzas,
desterrado para siempre
de mi imperio y de mi gracia,
sal al instante.
ANASTASIO Señor.
MORLACO (Hoy cobra mi amo gran fama,
que hechiceros y hechiceras
nunca son famosos hasta
que por ser tan poderosos,
les mormuran las espaldas.)
SIROES No señor, por un acaso,
triste y desterrado salga
quien es honor de tu reino.
COSDROAS ¿Pues tú, cobarde, me hablas?
MENARDES Salga, señor, desterrado
quien con sus ciencias engaña
el mundo, y siempre vencidas,
al mejor tiempo le faltan.
COSDROAS Siempre tú de mi opinión
eres, tú de la contraria;
y así, por darte a ti gusto,
y a ti pesar, le arrojara,
cuando no por no vencer
de los cristianos la magia.
ANASTASIO No es magia de los cristianos,
señor, la que hoy amenaza
tus ejércitos.
COSDROAS ¿Pues qué es?
ANASTASIO Ciencia más divina y alta
de su Dios.
COSDROAS ¿De su dios?
ANASTASIO Sí,
que es en quien solo se hallan
saber, amor y poder:
poder, pues oprime y ata
los espíritus que genios
de los dioses se acobardan
en presencia suya; amor,
pues favorece y ampara
a los suyos cuando más
rendidos su nombre aclaman,
y saber, pues a pesar
de sombras y de fantasmas
cuando su causa fallece
sabe volver por su causa
COSDROAS ¿Quién, di, bárbaro, te enseña
esa vil doctrina falsa?
¿Quién te engaña?
ZACARÍAS Nadie y yo,
pues nadie es el que le engaña
y yo soy el que le enseña
esa verdad.
COSDROAS Oye, aguarda,
que ahora conozco, ahora veo
cuán opuesto efeto saca
mi diligencia en los dos,
pues cuando ciego pensaba
que él te redujera a ti,
hallo la acción tan contraria,
que tú reduces a él.
MORLACO ¿Ahora sabes que si andan
juntos un sabio y un tonto,
al cabo de la semana,
uno no enseña su ciencia
y otro pega su ignorancia?
COSDROAS Ven acá, ¿tú dices que este
accidente de la varia
naturaleza, con que
la luz se eclipsa, el sol falta,
la tierra tiembla, los vientos
gimen, los montes se arrancan,
efeto es de tu Dios?
ZACARÍAS Sí.
COSDROAS ¿Y tú crees que por su causa
con tales prodigios vuelve?
ANASTASIO Y con la vida y el alma
moriré por su verdad.
COSDROAS ¿Pues qué mi cólera aguarda,
infames mágicos viles,
que no os arroja a mis plantas
y en ellas... Mas no, de otra
suerte ha de ser mi venganza.
¡Hola!
SOLDADO Señor.
COSDROAS A ese anciano
caduco, y a esa tirana
fiera que apóstata ya
de los dioses se declara,
con prisiones reducid
a la más lobrega estancia.
Veamos, veamos si ese dios
que uno enseña y otro ensalza
los libra de mí. Ea, llevaldos.
Préndenlos y Morlaco entre los demás.
MORLACO Yo el primero cuanto mandas
en ejecución pondré.
(Veré si puedo dar traza
de no ser por su criado
conocido.)
ANASTASIO ¿Tú me atas?
MORLACO ¿Pues no? Lindamente, y por
servirte en cuanto me encargas,
como a tu misma presona
ataré ahora al patriarca.
ZACARÍAS Anastasio.
ANASTASIO Zacarías.
ZACARÍAS Ten en mi Dios confianza.
ANASTASIO En fe suya mi deseo
vivir y morir aguarda.
COSDROAS Llevadlos presto.
MORLACO Venid.
ANASTASIO Gran Dios, pues mis ignorancias
venciste, dame lugar
de aprender tus alabanzas.
MORLACO Heme aquí hecho en un instante
sayón de capa y espada.
Llévalos.
MENARDES Yo por ser tu gusto y ser
acción justa, heroica y santa,
seré, hasta dejallos presos,
el ministro desta causa.
COSDROAS Tú solo agradarme sabes.
SIROES ¡Qué desdicha!
CLODOMIRA ¡Qué desgracia!
COSDROAS ¿De qué, Clodomira, lloras?
¿De qué tú, Siroes, te espantas,
y los dos, mirando al cielo,
suspiráis?
CLODOMIRA Yo de ver cuánta
es tu crueldad, pues no pueden
enternecerte las canas
de ese miserable anciano.
SIROES Yo de ver cuánta es tu saña,
pues por un fácil error
así a Anastasio maltratas.
COSDROAS ¿Fácil error te parece
oponerse a las sagradas
deidades de nuestros dioses?
Solo esa culpa te falta
de cometer.
SIROES Él no dice
que nuestras deidades santas
no lo sean, sino que
la de los cristianos causa
este prodigio, y no es
ofenderlas y negarlas
dar poder a otra, supuesto
que las adoramos varias,
que si él negara los dioses
yo el primero le quitara
la vida y...
COSDROAS No disculpes
ya el error; ¿ser no te basta
cobarde, sino también
sacrílego?
Al irle a dar, pónese enmedio Clodomira.
CLODOMIRA Interesada
en lo uno, quiero en lo otro
volver, señor, por su fama:
ni es sacrílego, ni es
cobarde, que en la campaña
él fue...
COSDROAS Otra vez me lo has dicho,
y ya sé que esa es venganza
de Menardes, no prosigas.
Sale Menardes con una carta.
MENARDES Ya en la más lobrega estancia
de una cueva obscura y triste
quedan los dos, y esta carta
trae a toda diligencia
un hombre, y respuesta aguarda.
COSDROAS ¿De dónde es?
MENARDES De Babilonia.
Lee haciendo extremos.
COSDROAS Temor me ha dado al tomarla,
que adivino el corazón
no sé qué le dice al alma.
SIROES Como va leyendo va
los semblantes de la cara
mudando.
MENARDES ¿Qué novedad
tan nuevos extremos causa?
COSDROAS Yo os lo diré. Pues es fuerza
hacer notoria esta carta
no solo, ¡ay de mí!, a vosotros,
pero a cuantos me acompañan
en esta facción, y así
para haber de publicarla
venid los dos a mi tienda;
pues que llevo en las antrañas
un áspid, dél sacaré
el veneno y la triaca.
Vase.
MENARDES Deste rara suspensión...
SIROES Desta novedad extraña...
MENARDES ...algún bien mi dicha espera.
SIROES ...algún mal mi suerte aguarda.
CLODOMIRA Notable aprensión ha sido
la suya, pues a borrarla
ya de Siroes en favor
ningún desengaño basta.
¡Válgame Dios, qué de cosas
tan opuestas y contrarias
pasan por mí! Ya un solo
bien que aquí tuve me falta.
Preso Zacarías está;
yo prisionera y esclava
de un bárbaro; Heraclio, aunque
dueño es hoy de la campaña
con poco poder milita...
mas si el cielo se declara
ya en defensa suya ¿cómo
fallecen mis confianzas?
¿Cuándo, Señor, será el día
que den fin desdichas tantas?
De lo que a vos os pregunto
me dan respuesta las cajas,
Tocan a marchar. Cajas y trompetas, ábrese una tienda de campaña, y vese en ella Cosdroas sentado en un trono con laurel y bastoncillo; a sus lados, Siroes y Menardes, en asientos más bajos y los más que pudieren al paño. por buen agüero lo tomo,
pues es decir que ya marcha
el consuelo al compás mismo
de la guerra, aunque es contraria
la razón, pues en la tienda
de el rey un trono levantan
adonde con sus dos hijos
sentado a sus gentes habla.
COSDROAS Vasallos, deudos y amigos,
en cuyos hombros descansa
el peso de mi corona,
aquel prodigio que en tanta
confusión nos puso el día
que perdimos la batalla,
hasta la gran Babilonia
llegó, y refiere esta carta,
que de Júpiter el templo,
donde se conserva esclava
la cruz de Cristo, ha temblado,
cayendo en tierra su estatua.
Los cristianos que cautivos
en Babilonia se hallan
validos de la ocasión
han puesto la plebe en arma,
de suerte que me es forzoso
que yo a reducirla parta.
Habiendo, pues, de faltar
de aquí, lo es también que haya
quien en mi ausencia gobierne
las tropas y las escuadras
que al opósito de Heraclio
es preciso conservarlas.
Aquesto asentado, ya
sabéis que es costumbre usada
de Persia que entre sus hijos,
sin que mayor edad valga,
puedan elegir los reyes
sucesor; ley soberana
que mira a que no porqué
primero uno que otro nazca
ciña la sacra diadema,
sino porque sea su fama
más digna della; y así,
pues constan en lides tantas
de Siroes y de Menardes
los triunfos y las infamias,
puesto que a Menardes vimos
el día de la batalla
ganar trofeos y Siroes
esconderse en las montañas,
y uno de sí degenera
tanto que aun ser no le falta
en nuestra fe sospechoso
cuando otro su nombre ensalza,
desta ley usando, quiero
que en él la elección se haga,
y que príncipe jurado
y general de mis armas
quede, en fe de lo cual, yo
pongo en su frente la sacra
corona, y de mi bastón
su mano adorno y en altas
voces publico al compás
de trompetas y de cajas:
¡Viva Menardes!
Levántase, pónele su corona y bájase del trono y Menardes se sienta en él.
TODOS ¡Menardes
viva!
COSDROAS ¿Qué esperas? ¿qué aguardas?
Siroes, que el primero tú
no te pones a sus plantas?
SIROES Padre, rey y señor mío,
¿por qué desta suerte infamas
tu sangre en mí y en mí a toda
la naturaleza faltas?
Mira, señor, que un engaño
y una pasión avasallan
tus acciones de manera,
que a ser rey y padre faltas.
Si es ley de Persia que herede
la majestad soberana
el mérito y no la edad,
también lo es que no se hagan
violencias en la elección
a quien no haya dado causa.
¿Qué incapacidad, qué culpa
viste en mí, qué repugnancia,
qué descrédito, que no
sea fundado en la vana
apariencia de un acaso?
Segunda experiencia aguarda;
verás cómo mi valor
desempeña las pasadas
calumnias, pues cuando fuesen
verdaderas y no falsas
la enmienda dellas debía
restituirme a tu gracia.
De rodillas y él volviéndole el rostro. Señor, rey y padre mío,
(segunda vez te lo llama
la voz) duélete de mí,
no en la parte de que hagas
a mi hermano sucesor
del reino, que en eso no habla
mi valor, sino en la parte
con que mi opinión disfamas
no solo en el honor, pero
en la religión sagrada
de nuestros dioses, a quien
doy por...
Arrojándole.
COSDROAS Ya basta, ya basta;
y pues ha de ser, ¿qué esperas?;
llega y échate a sus plantas.
SIROES Sí haré, pues que la fortuna,
deidad de los hombres varia,
lo quiere así; protestando
a ti, señor, que lo mandas,
a los cielos que lo miran,
a los dioses que lo trazan,
y a tus gentes que lo escuchan,
que nunca te he dado causa
para este oprobio, y que tengo
de morir en la demanda
de mi honor, hasta tomar
satisfación y venganza.
Bésale la mano y él se levanta.
MENARDES ¿Soberbio, bárbaro, loco,
qué satisfacción aguardas?
SIROES Tú lo verás algún día.
COSDROAS No le escuches.
CLODOMIRA ¡Qué tirana
acción!
COSDROAS Y pues ya la noche
extiende sus negras alas,
cubriendo el mundo de horrores,
a Babilonia mañana
he de partir, ya que puedo,
seguro en la confianza
de dejar quien os gobierne.
y agora decid en altas
voces que el viento confunda
al son de músicas varias,
¡viva el gran Menardes!
TODOS ¡Viva!
Éntranse con la majestad mayor que puedan, haciéndole to- dos reverencias y quédanse Clodomira y Siroes.
SIROES ¿Qué es esto que por mí pasa?
¿Yo con nota de cobarde
desheredado (¡qué rabia!)
del laurel? ¿Yo (¡qué veneno!)
desposeído de tanta
majestad? ¡Oh para cuándo
Júpiter sus rayos guarda
o para cuándo sus iras
se suspenden? ¿Que en venganza
deste baldón, deste oprobio,
desta injuria, desta infamia
no se declaran, haciendo
que de las duras entrañas
de las nubes abortados
embriones de fuego nazcan
que...? Mas no puedo, no puedo
articular las palabras,
que torpe la voz, helado
el labio, la lengua atada,
tengo un puñal en el pecho,
un cordel en la garganta,
en el corazón un áspid
y una víbora en el alma.
Mas ¿quién aquí por testigo
ha quedado de mis ansias?
CLODOMIRA Quien no quiso interrumpirlas
imaginando aliviarlas
con oírlas, porque dellas
no la menor parte alcanza.
SIROES ¡Ay Clodomira, tú sola
pudieras hoy consolarlas,
pues tú sola eres capaz
de la pasión que le engaña
a mi padre, y es consuelo
el mayor de las desgracias,
ya que es fuerza el padecerlas
el padecerlas sin causa.
CLODOMIRA Otro consuelo hay mayor.
SIROES ¿Cuál es?
CLODOMIRA Tratar de vengarlas.
SIROES ¿Cómo puedo?
CLODOMIRA ¿Tomarás
un consejo?
A media voz con miedos y recelos.
SIROES ¿En qué reparas,
si me ves aborrecido?
CLODOMIRA ¿Tendrás valor?
SIROES ¿Qué lo extrañas,
si me ves desesperado?
CLODOMIRA ¿Guardarás secreto?
SIROES ¿Eso hablas,
si me miras sin honor?
CLODOMIRA Es tu padre el que lo causa.
SIROES No es padre el que me aborrece.
CLODOMIRA Es tu hermano quien te agravia.
SIROES No es mi hermano, mi enemigo.
CLODOMIRA Pues yo.
SIROES ¿Qué?
CLODOMIRA Te daré traza
de vengarte.
SIROES ¿De qué suerte?
CLODOMIRA Así... pero gente pasa;
ven donde no haya testigos
de vernos hablar.
SIROES ¿Qué aguardas?
Guía por donde quisieres.
CLODOMIRA ¿En fin, que me das palabra
de tomar consejo?
SIROES Sí.
CLODOMIRA ¿Tener valor?
SIROES Cosa es clara.
CLODOMIRA ¿Y guardar secreto?
SIROES Es cierto.
CLODOMIRA Pues tú tomarás venganza.
SIROES ¡Oh, plegue al cielo, aunque borre
con una infamia otra infamia!
[Vanse y] salen Heraclio y Arnesto y Libio y trae luces y pónelas sobre un bufete.
HERACLIO Apenas mañana al día
habrá dispertado el alba
cuando en la primera salva
de militar armonía,
auxiliados mis blasones
del cielo, en su albor primero,
a Cosdroas embistan fiero
en sus fortificaciones,
y así, prevenida esté,
y en buena ordenanza puesta
la gente, armada y dispuesta
porque el asalto se dé
en esta facción, que viva
está el honor del imperio,
y el sacar de cautiverio
aquel leño en quien estriba
nuestro aplauso.
LIBIO Con extraña
fe toda la gente espera
la ocasión.
ARNESTO Y es de manera
lo que verte en la campaña
los anima y los alienta,
que el más humilde soldado,
de tu valor inspirado
ser rayo de Persia intenta.
HERACLIO Por justa y natural ley
es preciso, es evidente,
que sea el soldado valiente
a la vista de su rey
por dos razones; la una,
por parte del rey, porqué
como él mismo sabe y ve
los trances de la fortuna
los estima y agradece;
la otra del soldado, pues
al mirar que su rey es
el primero que padece
riesgo y incomodidad,
hielo, sol, hambre y fatiga,
de ver iguales se obliga
la pena y la majestad.
¿Qué es eso, Irene?
Sale Irene con una carta.
IRENE Que yo
tuve esta carta, y en ella
aviso que Eudocia bella
ya en Constantinopla entró
donde triunfante te espera.
HERACLIO Pues no tu voz me lo diga,
que a sentimiento me obliga
su memoria, y no quisiera
divertir el pensamiento
en cosa que en esta tierra
no fuese a fin de la guerra
con que católico intento,
caudillo de Diuos, triunfar
de idólatras enemigos,
y para haceros testigos
de que no he de descansar
ni aun este espacio pequeño
que la noche oscura y fría
hurta de su imperio al día
para entregársele al sueño,
quiero a Cosdroas escrebir
si a rescate de dineros
o a canje de prisioneros
quiere acaso remitir
a Clodomira, y de mí
creed que dé por su persona
la mitad de mi corona.
¿Dónde estará agora?
Sale Flora hablando de adentro, y Siroes y Clodomira ves- tidos de villanos, con bandas en los rostros.
FLORA Aquí
esperad.
HERACLIO ¿Qué es eso, Flora?
FLORA Dos villanos, sin mostrar
señor, los rostros, ni dar
más razón, a aquesta hora
dicen que audiencia les des,
que importa hablarte.
HERACLIO Pues di
que lleguen, que nunca en mí
entró el recelo.
SIROES Tus pies
nos da, señor, a besar.
HERACLIO Levantad los dos del suelo,
y de los rostros el velo
podéis quitaros, y dar
noticias de qué queréis,
y quién sois.
SIROES Si solo estás,
presto uno y otro sabrás.
HERACLIO Porque no lo dilatéis,
retiraos todos.
LIBIO Señor,
advierte que puede ser
traición.
HERACLIO Nada hay que temer,
conmigo está mi valor;
retiraos digo.
FLORA ¿Quedar
solo determinas?
HERACLIO No,
que conmigo quedo yo,
aun la tienda he de cerrar.
Ya estoy solo, decid, pues,
vuestra pretensión.
Vanse los cuatro.
SIROES Primero
que yo me descubra, quiero,
porque crédito me des,
cristiano césar, mostrar
una carta de creencia
que traigo a esta diligencia.
HERACLIO ¿Qué carta es?
SIROES Esta.
Descubre a Clodomira.
HERACLIO A dudar
llego, no sin ocasión,
lo mismo que la alma mira.
CLODOMIRA Pues no dudes, Clodomira
soy.
Abrázala.
HERACLIO Si estas las cartas son,
que de creencia has traído,
seguro puedes hablar,
pues no puedes tu contar
tanto como yo he creído.
Habla, que confuso estoy
hasta que sepa quién eres,
qué pretendes y qué quieres.
SIROES Yo, con tal seguro, soy
Siroes, príncipe heredero
de Persia.
CLODOMIRA Y yo, pues aquí
me trae, por crédito a mí
lo aseguro.
HERACLIO Darte quiero
los brazos sin que prosigas,
pues son en urbanidades
amigas las majestades
aunque sean enemigas
las religiones, y intento
saber qué es lo que pretendes,
qué solicitas, qué emprendes...
SIROES Solo que me esté atento.
Cristiano césar de Europa
cuyo valor fuera fácil,
a no serlo, que partiera
adoraciones con Marte:
hijo de Cosdroas nací
en tan enemigo instante
que su odio y mi desdicha
nacieron de un parto iguales.
Desde mi primer oriente
aborrecido fui, y aun antes
que su inclinación pudiera
partirse entre mí y Menardes;
Menardes, menor hermano,
si es que a pesar de la sangre
nace a ser hermano el que
a ser enemigo nace.
Dejo aparte sus engaños
y dejo, señor, aparte
mis verdades, pues que basta
para que conozcas cuáles
fueron felices o fueron
infelices al examen
de nuestra malicia ser
engaños y no verdades.
Tan opuesta mi fortuna
y siempre tan favorable
la suya, que siendo yo.
(¡oh quién pudiera en tal trance,
callándolo con la voz,
decirlo con el semblante!),
que siendo yo (como he dicho)
mayor hermano, en ultraje
de mi fama y de mi honor,
Cosdroas esta misma tarde,
estando en su tienda todo
el ejército delante
me desheredó alegando
una ley de que el inhábil
no reine, con nota indigna
de incapaz y de cobarde.
En esta parte callara
por lo que pudiera darte
lugar a que presumieras
el serlo, si en esta parte
no estuviera Clodomira,
que es la que mejor lo sabe,
pues me vio en el campo ser
el que ganó el estandarte
y ella prisionera hizo;
permíteme que me alabe,
que a quien falta todo el bien
que aun la modestia le falte.
De mis triunfos ladrón
mi hermano pudo ilustrarse
con ellos de suerte que
aplaudiéndolos mi padre
puso el laurel en su frente,
¡quién fuera en sus hojas áspid!
Al ir yo a besar su mano
protesté al cielo vengarme,
no solo, señor, no solo,
de mi hermano y de mi padre,
pero de cuantos vasallos
lisonjeros y parciales,
festejando su fortuna
aplaudieron mi desaire.
Bien veo cuán contra mí
voy ganando tu dictamen,
pues al oírme es forzoso
que rehúses o que extrañes
el dar tu favor a un hombre
tan cruel, tan ignorante,
que desesperado viene
a pedir contra su sangre
auxilios. Pues para que
ni te admires ni te espantes,
la razón que contra mí
milita es la que me vale
si a segunda luz la miras,
pues no es mucho que amor falte
para un padre un hijo, cuando
falta para un hijo a un padre.
Y así, no sin confianza,
aconsejado del grande
esfuerzo de Clodomira,
vengo, católico adlante,
a ponerme hoy en tus manos
para que mi vida ampares,
para que mi agravio vengues
y un perdido honor restaures,
pues como ádbitro glorioso
de las armas imperiales
de Europa, es fuerza que hagas
justicia a los que se valen
de tu poder. Sin honor,
sin ser, sin vida, a postrarme
vengo a tus plantas: admite
generosamente afable
mi apelación, y juntando
a los protestos que traes,
hoy he de desagraviar
un perdido honor; añade
este blasón a los muchos
que en láminas de diamante
escrebirá el tiempo a falta
del bronce, el mármol y el jaspe.
No faltará quien te ayude,
que muchos que agora aplauden
su tiranía sé yo
que se pondrán de mi parte,
y yo me ofrezco, si tomas
la voz de mi agravio, a darte
prisioneras las personas
de Cosdroas y de Menardes,
introduciendo tus gentes
aquesta noche en sus reales,
a cuyo efeto, salí
en este villano traje,
trayendo conmigo el nombre
y la contraseña, llave
en cuya seguridad
todo un ejército yace.
Después desto y que auxiliado
de ti, Asia mi nombre aclame,
te ofrezco la libertad
de cuantos cristianos halles
cautivos en Babilonia
y entre ellos, al venerable
Zacarías, patriarca
de Jerusalén triunfante.
Luego restituir ofrezco
al imperio las ciudades,
que tiranizadas hoy
tienen en sus homenajes
guarniciones, que tremolan
de Persia los estandartes.
El reino restituiré
de Gaza, que confinante
de Persia y de Palestina,
entrambas provincias parte,
a Clodomira, a quien como
la religión no lo extrañe
coronaré en Babilonia
por deidad de las deidades.
Cuantos vasos de oro, cuantos
ornamentos y metales
a tus altares robó
Cosdroas, daré a tus altares,
y finalmente, daré
por triunfo y blasón más grande
la cautiva cruz de Cristo,
para que vuelvas triunfante
con ella a Jerusalén.
HERACLIO Y no pases adelante,
que cuanto me das me sobra
si la cruz llegas a darme,
y della inspirado quiero
darme a presumir, no en balde,
que no son pretextos tuyos
los que estos efetos hacen,
sino del cielo, que siempre
de humanos medios se vale,
porque nosotros podamos
comprehenderle y penetrarle,
y así, porque no se pierda
tiempo, ni un punto, un instante
mi omisión la libertad
del sacro leño dilate.
¿Cómo lo dispones?
CLODOMIRA Eso
yo lo diré, pues son tales
mis dichas que han merecido
en esta interpresa parte.
Tú has de entregarnos a mí
y a Siroes los capitanes
de más satisfación tuya,
con la gente que bastante
pareciere que podrá
a la deshilada entrarse
con nosotros, pues llevando
nombre y seña, será fácil
llegar a su tienda, donde
o los prendan o los maten.
Tú a este tiempo, con el resto
de tus bien compuestas haces,
de todas sus avenidas
has de ocupar los lugares
de suerte que cuando sientas
que ya su ejército arde
en el arma que nosotros
toquemos, por todas partes
los embistas, publicando
la victoria a fuego y sangre.
HERACLIO ¿Quién sino tu ingenio fuera
de valor tan admirable?
SIROES ¿Y quién sino tu valor
dueño de ingenio tan grande?
CLODOMIRA Pues no ya valor ni ingenio
quiero que uno ni otro alabe.
LOS DOS ¿Pues qué?
CLODOMIRA Celo y religión;
y porque uno y otro ensalce,
mira que mañana Cosdroas
a los primeros celajes
del alba se ha de ausentar.
HERACLIO Pues no la ocasión nos falte.
Venid conmigo los dos
para que al punto despache
la gente que ha de seguiros.
CLODOMIRA Hoy verá el mundo si saben
las mujeres manejar
acero y gobierno iguales.
SIROES Hoy verá el cielo, supuesto
que el rey incapaz me hace,
la licencia con que pueden
obrar mal los incapaces.
HERACLIO Hoy, pues, el cielo y el mundo
también verá en este trance
la exaltación de la Cruz
en Jerusalén triunfante.
Vanse. Sale Morlaco con un lanzón y armado ridículo, paseándose.
MORLACO El diabro engañó mi humor,
ya que salí de criado
en meterme a ser soldado,
pues no sé cuál es peor,
servir a un amo o a mil;
mas porque no me prendieran
con Anastasio y me hicieran
causa de mágico vil,
tuve por mejor sentar
la plaza, con que a despecho
de mi pereza me han hecho
su posta, y en pergeñar,
ya que lo so, estoy dudando,
quién el primero ha de ser,
que ha de venirme a correr.
Fuera desto, maginando
estó también dónde irá
a parar quien me corriere,
pero vaya donde fuere
determinado estó ya
a serlo de buena gana,
que el que fue tan a su costa
ayer jumento y hoy posta,
caballo será mañana.
Fuera de que ¿para qué
me tengo yo de podrir,
si los presos de reír
tratan?, pues quando yo entré
la comida, Zacarías
de tan buen humor estaba
que el agua que le llevaba,
haciendo mil alegrías,
sobre la cabeza echó
de Anastasio, y él después
arrojándose a sus pies,
la burla le agradeció.
Y aun agora que dormir
pueden, puesto que no son
postas, en conversación
se están, que se puede oír
aquí: más que su pesar
Órgano. es su pracer, ¡juro a Dios!
que a media noche los dos
se ponen ahora a cantar
al son de un nuevo instrumento,
que quien se le dio no sé,
ni quien le toca, porqué
solos están... Oigo atento.
Suena un órgano dentro de una cueva debajo del teatro.
ZACARÍAS Dentro. En tu alabanza divina...
ANASTASIO Dentro. ...Señor, mis labios enciende.
MÚSICOS Deus in adiutorium meum intende,
Domine ad adiuvandum me festina.
MORLACO ¿Quién les ayuda a su canto
ni les da tan dulce auxilio?
MÚSICOS Gloria Patri, gloria Filio,
et gloria Spiritui Santo.
MORLACO No lo entiendo; más mijor
en la matutina hora
no vi cantar a la aurora.
ZACARÍAS Venid, venid, y al Señor...
ANASTASIO ...a cuyo nombre me postro
orad.
MÚSICOS Venite, exultemus
in Domino et iubilemus
Deo, salutari nostro.
MORLACO ¿Por qué con tales deseos
alaban a un dios en tres?
MÚSICOS Quoniam Deus magnus est,
et rex super omnes deos.
MORLACO ¿Porque es Dios de dioses? ¿Yerra
la voz, o sepamos, pues,
como dirá que lo es?
Arma. Cajas y trompas.
DENTRO ¡Arma, arma, guerra, guerra!
MORLACO Aqueste es otro cantar:
¿quién vio suerte más esquiva?
UNOS ¡Viva Heraclio!
OTROS ¡Siroes viva!
Dentro cajas.
TODOS ¡Traición, traición!
La caja.
MORLACO Escapar
me importa de aquí: ¿no es bueno,
que en cantando en esta tierra
los cristianos luego hay guerra?
Y aun no es poco, si es sin trueno.
En esta tienda (¿qué esperan
mis ansias?) mi vida estriba.
Al ir a entrar en la tienda de Cosdroas de dentro de ella.
UNOS ¡Viva Heraclio!
OTROS ¡Siroes viva!
Sale Cosdroas herido, cayendo y levantando, y Clodomira y soldados acuchillándole.
CLODOMIRA Cosdroas y Menardes mueran.
COSDROAS Traición, vasallos, amigos,
que en su tienda (¡pena fuerte!)
dan a vuestro rey la muerte.
MORLACO No tuviera él enemigos.
CLODOMIRA Aunque los llames, no habrá
quien te favorezca, pues
en el trance en que te ves
todo tu ejército está:
no hay breve espacio de tierra
que con sangre no se escriba.
UNOS ¡Viva Heraclio!
OTROS ¡Siroes viva!
Arma.
TODOS ¡Arma, arma, guerra, guerra!
COSDROAS No siento (¡fiero pesar!)
tanto mi tragedia esquiva,
como oír que Siroes viva.
Riñendo con todos sale por otra parte Menardes huyendo, y Siroes tras dél: él se pone detrás de Cosdroas, hace como que le defiende.
CLODOMIRA Todo eso es volverle a dar
más razón para vengarse.
SIROES Muere cobarde.
MENARDES ¡Ay de mí!,
pero mi padre está aquí.
De tu favor a ampararse
llega mi temor.
SIROES ¿Huyendo,
dél así a valerte vienes?
¿Dónde está el valor que tienes,
que a tu rey y padre viendo
morir con saña atrevida,
no antepones tu persona
y a quien te da una corona
no sabes darle una vida?
Mira, mira a quién aquí
premias y ofendes cruel.
COSDROAS ¿Pues a quién premio yo?
SIROES A él.
COSDROAS ¿Y a quién ofendo yo?
SIROES A mí.
Descúbrese Siroes.
COSDROAS ¿Tú eres, traidor?
SIROES No es traidor
quien, viéndose baldonado
de que valor le ha faltado
muestra que tiene valor;
aquesto es cumplir contigo.
Cosdroas quiere embestir con él y cae.
CLODOMIRA Mueran, pues.
SIROES Yo a vuestro acero
no digo que mueran, pero
que son los que buscáis digo.
CLODOMIRA Primero mi brazo fuerte
mostrará a quién ofendéis.
Sale Heraclio.
HERACLIO Esperad, no le matéis.
COSDROAS ¿Quién eres tú, que mi muerte
suspendes con acción que hoy,
aunque parece piedad,
tiene mucho de crueldad?
HERACLIO Heraclio, bárbaro, soy,
date a prisión.
COSDROAS Fuerza es
que obedezca a la fortuna,
deidad sin costancia alguna.
HERACLIO ¿Y Menardes?
MENARDES A tus pies
ya está también.
HERACLIO A mi tienda,
bellísima Clodomira,
presos a los dos retira,
porque nadie los ofenda.
COSDROAS Pena injusta.
MENARDES Suerte esquiva.
Vanse Clodomira, Cosdroas y Menardes.
UNO Dentro. Pues que vencidos nos vemos,
a la piedad apelemos.
TODOS ¡Viva Heraclio y Siroes viva!
HERACLIO Ya, Siroes, que prisioneros
tu padre y tu hermano están
y que tus gentes te dan
con aplausos lisonjeros
el laurel que él te quitó,
en cuya seguridad
con siempre firme amistad
he de conservarte yo,
mientras a disponer voy
que esas fortificaciones
ocupen mis escuadrones,
donde te corones hoy,
será bien, pues que ya viste
que hice lo que te ofrecí,
que empieces tú a hacer por mí
también lo que me ofreciste.
Vase Heraclio.
SIROES Honor y reino me das,
y así, a tus plantas, señor
invicto, reino y honor
pongo, y la vida por más
fianza de que siempre en mí
se ha de confesar deudora,
y en cuanto a cumplir agora
la palabra que te di,
mientras por la cruz envío
para entregártela, quiero
que no quede prisionero
cristiano que a su albedrío
libre no vaya; y así
goce las piedades mías
el primero Zacarías.
SOLDADO Este villano que aquí
está era su guarda.
MORLACO Yo
su posta, gran señor, era,
no su guarda.
SIROES Escucha, espera.
MORLACO Espero y escucho.
SIROES ¿No
eras (si no me he engañado)
criado de Anastasio?
MORLACO Sí.
SIROES ¿Pues como estás, traidor, di,
en su martirio ocupado?
MORLACO Pues si aqueso es ser traidor,
¿qué criado ves tratar
de cosa, que no sea mar-
tirizar a su señor?
SIROES Ve por ellos.
MORLACO Esta oscura
cueva ha sido su prisión.
SIROES Rompelda, que no es razón
que de vivos sepultura
sea un espacio que asombra
con tales melancolías.
¡Anastasio, Zacarías!
Ábrese la cueva y salen Zacarías y Anastasio.
ANASTASIO ¿Quién me llama?
ZACARÍAS ¿Quién me nombra?
ANASTASIO Que si es para darme muerte
albricias es bien que pida.
ZACARÍAS Que si es quitarme la vida
dichosa será mi suerte.
SIROES No solo el que os ha llamado
quiere que uno y otro muera,
mas daros la vida espera:
tanto un solo día ha mudado
lo cruel y lo piadoso
que libres os veis aquí;
al rey prisionero; a mí
rey, y a Heraclio vitorioso,
y ansí puedes, Zacarías,
buscarle y decirle que
yo te envío libre, en fe
de las obediencias mías,
en tanto que el leño en quien
murió su Dios, veo llegar,
yendo con él, hasta entrar
triunfando en Jerusalén.
ZACARÍAS Viva de uno en otro polo
tu fama: vente conmigo.
SIROES Que vayas tú solo digo,
que yo a ti le ofrecí solo;
quédate, Anastasio.
ZACARÍAS A Dios.
ANASTASIO ¡Ay padre!
ZACARÍAS ¿Qué haces extremos?
ANASTASIO Mucho temo que no habemos
de vernos ya más los dos.
Vase Zacarías.
SIROES Anastasio, yo he enmendado,
confieso que con alguna
indignación, mi fortuna;
y lo más que en este estado
agradezco a mi rigor,
es poder darte la vida,
que ya juzgabas perdida.
ANASTASIO Tus plantas beso, señor,
por la merced, que ya sé
las finezas que te debo.
SIROES Aunque es así, no me atrevo
hoy a librarte, porqué,
habiendo la voz corrido
que te hace en el culto honroso
de los dioses sospechoso,
no es bien que yo inadvertido
entre a reinar tropezando
en escrúpulos de que
ya que a mi padre falté,
falté a mis dioses, tomando
de Heraclio en esta ocasión,
no sólo lo militar,
sino la fe; y así, dar
importa satisfación
de que dijiste engañado
que la deidad verdadera
la de los cristianos era,
porque si ven que yo he dado
hoy a sus armas favor,
que sus ciudades entrego,
su cruz, esclavos, y luego
ven que a ti te doy honor,
podrán, y no injustamente,
presumir de mi también
que yo lo soy, y así es bien
quitar este inconveniente,
con que hoy otro yo serás.
ANASTASIO Tarde tus honores gano.
SIROES ¿Por qué?
ANASTASIO Porque ya cristiano
soy, señor, y no podrás
de aqueste intento mudarme.
SIROES ¿Qué dices?
ANASTASIO Que si me dieses
mil muertes, o si tuvieses
mil imperios que entregarme,
a Cristo ha de confesar
la ciega ignorancia mía
por suma sabiduría.
Esta he venido a buscar
desde el día que faltó
mi encanto por la asistencia
de la cruz, cuya presencia,
como tú viste, ahuyentó
los espíritus impuros,
y puesto que ya la hallé
y en mejor ciencia troqué
carácteres y conjuros,
no hay que esperar más de mí.
SIROES Aunque ofenderme debiera
y con tu muerte pudiera
asegurar hoy aquí
la corona, pues con eso
daba de mi religión
al mundo satisfación,
si la verdad te confieso,
te estimo y quiero de suerte
que la pena suspendida,
ni puedo darte la vida
ni puedo darte la muerte,
y así en aquesa prisión
es bien que otra vez te quedes,
adonde consultar puedes
tu razón y mi razón.
Della, pues, no has de salir,
aunque sea a mi pesar,
si no es a sacrificar
a los dioses, o a morir.
Vase, dejándole en la cueva.
ANASTASIO Dichoso mil veces yo
ese día, pues es cierto
que siendo a morir será
a tener mi fe su premio.
Y no siento en esta obscura
prisión penas y tormentos
que constante aguardo, pues
solamente en ella siento
el no haber de ver en ella
aquel grande triunfo immenso
con que ha de volver Heraclio
triunfando (¡ay de mí!) y venciendo
a la gran Jerusalén,
con el sagrado madero
que cautivo en Persia ha estado.
¡Ah, Señor, quién mereceros
pudiera ver este día
tan venturoso a los vuestros,
quién viera en la gran Sión
entre aplausos y trofeos,
la exaltación de la Cruz!
Pero no quiero, no quiero
discurrir en esto más,
si agora (¡ay de mí!) me acuerdo,
que fue mi mayor error
penetrar lo ausente; y puesto
que ya diabólicas ciencias
no he de usar y que confieso
las vuestras por las mejores,
a ellas me acojo, sabiendo
que no sé nada, y que vos
lo sabéis todo. Deseos,
dejadme, que si conviene
que lo vea, Dios eterno
que es sabiduría, sabrá
con ciencia mejor hacerlo.
Suenan las chirimías, y baja una nube con dos ángeles; toman a Anastasio de las manos y suben hasta la mitad del teatro, y como dicen los versos, por el palenque de enfrente suenan otras chirimías y salen Cosdroas y Menardes vestidos de cautivos, Clodomira y Siroes de gala, Irene, Libio, Flora y Morlaco, trayendo en las manos algunos vasos de oro. Después Zacarías vestido de pontifical, y detrás de todo el acompañamiento, Heraclio con manto imperial y corona de emperador, trayendo la cruz. Cuando vienen entrando por el palenque se abre la montaña, y se ve la ciudad de Jerusalén, con el altar adornado de luces, y las dos estatuas de Elena y Costantino, y por debajo de tierra, en la frente del tablado se levanta una portada grande, como que es la puerte de Jerusalén.
[ÁNGEL] 1 Anastasio, habiendo oído
Dios la humildad de tu afecto,
no quiere con ciencia suya
que eches otra ciencia menos.
[ÁNGEL] 2 Y así para que conozcas
que Él, con su saber inmenso
sabe vencer los espacios
con más milagrosos medios....
[ÁNGEL] 1 ...ven con los dos, que elevado
en las regiones del viento...
[ÁNGEL] 2 ...has de ver de ese gran día
el triunfo y el vencimiento.
ANASTASIO Con cuánto logro, Señor,
fiaré mis ciencias a trueco
de las vuestras, pues ya miro
ser milagros los que fueron
encantos, pues la ciudad
segunda vez a ver vuelvo
a esta parte y en sus campos
el grande acompañamiento
con que ya Heraclio a sus puertas
llega con el sacro leño,
cantando en sus alabanzas
himnos, canciones y versos.
Chirimías.
MÚSICOS En hora dichosa vuelva
el soberano madero
de la redención del mundo,
restituido a su templo.
SIROES ¡Salve, divina Sión!
CLODOMIRA ¡Salve, teatro del cielo!
ARNESTO ¡Salve, sagrada Salén!
IRENE ¡Salve, soberano centro!
LIBIO ¡Salve, nuevo paraíso!
FLORA ¡Salve, florido Carmelo!
ZACARÍAS ¡Salve, gran ciudad de Dios!
HERACLIO ¡Salve, honor de sus misterios!
MORLACO ¡Salve y aún salve Regina
de ciudades y de pueblos!
MENARDES ¡Que esto escuchen mis desdichas!
COSDROAS ¡Que esto vean mis tormentos!
MÚSICOS En hora dichosa vuelva
el soberano madero
de la redención del mundo,
restituido a su templo.
HERACLIO Felice yo, que a estas puertas
llegar triunfando merezco...
más ¡ay de mí! ¿qué temblor
me ha dado?, ¿qué horror, qué hielo
ha entumecido mis plantas?
ZACARÍAS Entra, gran césar, al templo.
HERACLIO No es posible, no es posible,
que un grave, un prolijo peso
Arrodíllase con la Cruz. me hace arrodillar en tierra,
y sobre mis hombros tengo
la máquina de esos montes,
la fábrica de esos cielos.
ZACARÍAS No te aflijas, que ya sé
la causa de ese portento:
en su primer fundación
esta que ahora es puerta, creo
que era el paso del Calvario.
HERACLIO Pues bien, ¿qué ha importado el serlo?
ZACARÍAS Mucho, pues cuando por él
iba Cristo, Señor nuestro,
llevando sobre sus hombros
ese divino madero,
no con imperial corona,
no con real púrpura, es cierto
que iba, sino coronado
de tosco cambrón sangriento
y vestido de una humilde
túnica; y no es justo, puesto
que mejor rey sin adorno
anduvo estos pasos mesmos,
que tú con ella le lleves
desvanecido y soberbio.
Quítate, pues, la corona,
desnúdate los arreos
de la vanidad humana,
y en humilde traje puesto
podrás en Jerusalén
entrar triunfando y venciendo.
Quítanle la corona y el manto imperial.
HERACLIO Dices bien y ya con esa
reprehensión, a que obedezco,
puedo llegar al altar
donde la sacra cruz vuelvo
restituida a sus aras
y consagrada a su templo,
en cuya exaltación todos
decid, cantando y tañendo.
Con esta música de todos vuelven las chirimías y se cierra la montaña, y vuelven los ángeles a dejar en el tablado a Anastasio, y ellos vuelven a subir en la nube.
MÚSICOS En hora dichosa vuelva
el soberano madero
de la redención del mundo,
restituido a su templo.
ÁNGEL 1 Ya que el triunfo deste día
viste, queda donde el cielo...
ÁNGEL 2 ...la corona del martirio
para tu frente ha dispuesto.
Chirimías.
ANASTASIO Dichoso mil veces yo,
que tan grande dicha espero,
y en tanto que esta se llega,
acabe agora con esto
la exaltación de la cruz;
perdonad sus muchos yerros.

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Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach

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TextGrid Repository (2026). Calderón Drama Corpus. La exaltación de la cruz. La exaltación de la cruz. CalDraCor. Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach. https://hdl.handle.net/21.11113/4gbj1.0