Dicha y desdicha del nombre

Personas

DON FÉLIX
DON CÉSAR
TRISTÁN, criado de don Félix
FABIO, criado de don César
AURELIO, viejo
VIOLANTE, su hija
NISE, criada de Violante
SERAFINA, dama
FLORA, criada de Serafina
PRÍNCIPE DE URBINO
LISARDO
LIDORO, padre de Serafina
LIBIO, criado de Lisardo
MÚSICOS
CRIADOS
GENTE

Jornada Primera

Salen don Félix, don César y Tristán.
Félix Alegre estáis.
César ¿No queréis
que lo esté, si hoy mis deseos
llegan a su mejor fin?
Félix ¿De qué suerte?
César Estadme atento.
Ya sabéis –como quien es
amigo tan verdadero
que en cada cuerpo hay dos almas,
si ya no un alma en dos cuerpos–,
ya sabéis cuántos disgustos,
cuántas penas y desvelos,
asistencias y cuidados,
finezas, ansias y riesgos
me cuesta el porfiado amor
de Violante, pretendiendo
con lágrimas y suspiros,
municiones de agua y viento,
batir muros de diamante,
romper montañas de acero,
minas penetrar de piedra,
y fosos vencer de fuego;
siendo no el menor, don Félix,
de todos mis sentimientos
la no olvidada desdicha
de la muerte de Laurencio
su primo, a quien ya sabéis
que con el fácil pretesto
de no sé qué tema, acaso,
en el campo cuerpo a cuerpo,
celoso maté porque
trataba su casamiento;
en cuyo trance, partido
se vio entre los dos el duelo
dejando a los dos iguales
dicha y desdicha; pues siendo
Laurencio el favorecido
y yo el despreciado, atento
con ambos el hado, quiso
que quedásemos a un tiempo
dichosos y desdichados;
pues dejar era lo mesmo
a un aborrecido vivo,
que a un favorecido muerto.
Ausenteme, pues, de Parma,
sin que de la ausencia el ceño
pudiese mirar en mí
vencido el menor afecto.
Cuál debe de ser la dura
prisión mía os encarezco,
pues aun no pudo gastarla
la sorda lima del tiempo.
Al cabo de algunos días,
el duque mi señor, viendo
que no se mostraba parte
nadie en la causa –respecto
de que Lisardo, un hermano
del infelice Laurencio,
que está desde niño al César
en Alemania sirviendo–,
no ha querido por justicia
declararse, y antes pienso
que a más ilustre venganza
aspiran sus ardimientos;
en fin, la causa sin parte,
el duque pudo ser dueño
del perdón: conque yo, Félix,
a Parma volví, trayendo
mi amor y celos conmigo;
pero ¿qué mucho, si es cierto
que el olvido es tan cobarde
que nunca riñe con riesgo?
Siempre ventajoso riñe,
pues cuando embestir le vemos
es cuando está solo amor,
no cuando está amor con celos.
Hallé a Violante, si fue
posible, más cruel, haciendo
de su ofensa nuevo agravio,
de mi amor nuevo desprecio;
pero como no hay diamante,
si a los ejemplares vuelvo
pasados, acero no hay,
no hay piedra, al fin, no hay incendio
que no se rinda a partidos,
puesto que el diamante vemos
a la porfía del arte
dócil, tratable el acero,
cavada la piedra al agua,
y el fuego apagado al viento;
y así Violante, trocando
los rigurosos estremos
en estremos más piadosos
–milagros que amor ha hecho
tantas veces cuantas vimos,
si a la antigüedad creemos,
orlar tablas y cadenas
las paredes de su templo–,
hoy me ha escrito que mañana...
Sale Fabio.
Fabio Señor...
César ¿Qué me quieres, necio?
Fabio El duque te está esperando,
y me ha dicho que, al momento
que te halle, diga que importa
que vayas a verle presto.
César Mirad cuál es mi desdicha;
que para decir tormentos,
ansias y penalidades,
tiempo me sobró; y en viendo
que voy a decir venturas,
dichas, gustos y contentos,
me falta. Mas yo le haré.
Esperadme; que ya vuelvo.
Vanse.
Félix Poco tenéis que decirme,
pues a bastante luz veo
que Violante pagará
vuestro amor; porque, en efecto,
la deidad más ofendida
de verse adorada, es cierto
que hacia la parte del alma
nunca le pesa de serlo.
Tristán ¡Y cómo yo galanteaba
–perdona que el galanteo
ponga hoy en tan bajos paños–
cierta mozuela del pueblo,
tan pedregosa, que era
ribazo de carne y hueso!
Y como yo, gloria a Dios,
soy tan fácil como tierno,
me cansé; y apenas ella
echó mi asistencia menos,
cuando me dijo: «Picaño,
infame, vil y grosero,
queredme, pues empezasteis
a quererme, o ¡vive el cielo
que os haga matar a palos!;
que, aunque atrevimiento inmenso
fue el quererme, el no quererme
es mayor atrevimiento».
Félix ¿Qué cosa habrá a que no saques,
Tristán, la frialdad de un cuento?
Tristán Estaba un hidalgo un día
remendando sus gregüescos,
y un amigo que entró a verle
le preguntó: «¿Qué hay de nuevo?».
A que él respondió: «El hilo».
Yo así te digo lo mesmo;
que, si a vejeces de amor
procuro echar un remiendo,
lo que habrá de nuevo sólo
será el hilo de mis cuentos.
Sale don César.
César ¿Habrá hombre más infelice
que yo? ¡Ay, don Félix, qué presto
se hace pesar un placer,
se hace tristeza un contento!
Bien temía que me había
de faltar el gusto el tiempo
que a la pena me sobraba.
Félix Pues bien, ¿qué ha habido? ¿Qué es eso?
¿Traéis algún disgusto?
César Y tal,
que no pudo, ¡vive el cielo!,
acontecerme mayor;
pues cuando os iba diciendo
que Violante, reducida
a la fe de mis deseos
–hoy me ha escrito que mañana
se sale a un cercano pueblo
adonde tiene la hacienda
su padre–, fiará al silencio
de la noche el darme entrada
en sus jardines, me veo
de la esperanza tan cerca
y de la dicha tan lejos
que no es posible lograrla,
porque se ponen en medio
montes de dificultades.
Félix ¿Tan presto, César?
César Tan presto.
¡Félix vos, que no servís
ni amáis! Y si queréis verlo,
el duque ha sabido...
Félix ¿Qué?
César ...que ha llegado de secreto...
Félix Decí.
César ...a Milán el de Urbino,
que viene, según entiendo,
de Alemania, general
de las armas del imperio
contra esgüízaros; y como
es tan su amigo y su deudo,
a darle la bienvenida
y norabuena del puesto
me envía con esta carta,
con orden de que al momento
salga de Parma. ¡Mirad
en qué confusión me veo!
Pues, si no parto, don Félix,
la gracia del duque pierdo;
y, si parto, la ocasión
que ha mil siglos que deseo.
Demás que podrá Violante
persuadirse a que pretendo
yo aquesta ausencia en venganza
de sus pasados desprecios;
y teniendo por desaire
lo que es fuerza, será cierto
que aborrecimiento, que
favor mi fineza ha hecho,
vuelva otra vez mi desdicha
a hacerle aborrecimiento.
Félix No sé qué os diga, si no es
que hasta mañana secreto
estéis aquí; que las postas
podrán suplir ese tiempo.
César No podrán, porque me manda
que las tome desde luego,
y en jornada de seis días
dos es fuerza echarse menos.
Félix Pues avisarlo a Violante
con mil rendidos extremos.
César Ese es medio a la disculpa,
mas no a la pérdida medio,
pues de la ausencia del padre
mañana la ocasión pierdo.
Félix ¿Qué dice la carta?
César ¿Qué
ha de decir? Cumplimientos
ordinarios.
Félix ¿Nómbraos?
César Sí,
como es costumbre, diciendo
«César Farnesio, mi primo,
va en mi nombre», porque esto
es estilo, para que
se sepa allá el cumplimiento
que se debe a la persona
que va.
Félix ¿No dice más que eso?
César No.
Félix A vos, ¿conóceos Urbino?
César Nunca me vio, ni sospecho
que haya en su casa persona
que me conozca, respeto
que ha tantos años que está
en Alemania sirviendo.
Félix Pues, si vos os atrevéis
a una cosa, yo me ofrezco,
ya que en cuanto a conocerme
a mí me pasa lo mesmo,
a hacer esa diligencia;
conque, quedándoos secreto,
podréis lograr vuestro amor;
pues consiste todo en esto
–sin que ni al duque ni a Urbino
se les haga agravio en ello,
pues logra uno su visita
y otro hace su cumplimiento–:
en llegar, dar una carta,
traer respuesta y venir presto.
César Cuando no fuera tan fácil,
yo estoy de suerte que pienso
que aun lo más dificultoso
aventurara.
Tristán Yo creo
que diera un medio mejor
para todos.
Félix Calla, necio.
César En fin, ¿hacéis la fineza
por mí?
Félix No soy yo de aquellos
que dan el consejo para
no ejecutar el consejo.
Yo con vuestro nombre iré.
César Mil veces los pies...
Félix Teneos;
que entre amigos desairado
está el agradecimiento.
César Sola una dificultad
resta ahora.
Félix ¿Qué es?
César Yo tengo
de cobrar de Aurelio, padre
de Violante, unos dineros
que por ayuda de costa
me ha librado el duque, haciendo
así mejor la deshecha
de que es verdad que me ausento:
con que no me esperará
mañana Violante.
Félix A eso
hay escribirla un papel.
César No hay; que la ocasión que tengo
de escribir yo, una criada
es que viene a verme; y creo
que, con pensar que me voy,
no me buscará tan presto.
Félix Ahí entra bien la libranza,
pues con ella un criado vuestro
podrá a entrambas diligencias
ir a su casa sin riesgo.
César ¿Cómo sin riesgo a su casa?
Desde el infeliz suceso
de su sobrino, aunque está
de mi amor y de mis celos
desimaginado, no
de su venganza; sospecho,
si ve en ella criado mío,
que antes que sepa el efecto
a que va, ha de hacer con él
alguna acción.
Félix Buen remedio.
Vaya Tristán, que sabrá,
sagaz, advertido y cuerdo,
desmentir ambas sospechas.
Tristán No sabré.
Félix ¿Qué temes?
Tristán Temo
que sospechas tan honradas
me maten, si las desmiento.
César Si vas de mi parte, a mí
será el desaire.
Tristán Eso es bueno
para quien sabe que un día
mal perfumado un portero
llegó a su corregidor,
en altas voces diciendo:
«Una moza de servicio
antes de hora mostró serlo,
y al tiempo que estaba yo
la denunciación haciendo,
otra moza sobre mí
hizo el desacato mesmo;
y estando yo, como estaba,
mandatos de usté escribiendo,
esto no se ha hecho conmigo,
sino con usted». Severo
el corregidor entonces
le dijo: «Pues, majadero,
¿quién os mete en sentir vos
lo que conmigo se ha hecho?».
Conque, si me dan con algo,
cuando venga medio muerto,
habiéndose hecho contigo,
podrás tú decir lo mesmo.
Félix No te canses; que has de ir
con el papel ahora, y luego
conmigo a Milán.
Tristán Contigo,
vaya; que deso me huelgo
cuanto me pesa de esotro.
César ¿Por qué, Tristán?
Tristán Porque siendo,
como son, Carnestolendas,
que es tan festejado tiempo
en Milán, me pienso holgar
como un padre.
Félix Vamos presto;
vestireme de colores
mientras estáis escribiendo
y lleva el papel Tristán.
César Y más que ahora tenemos
buena ocasión.
Félix ¿Cómo?
César Como
sale de su casa Aurelio;
y no estando en ella, da
el esperarle más medios
para el papel.
Sale Aurelio leyendo una carta.
Félix Divertido
viene una carta leyendo.
César Mejor es que no nos vea.
Ven; que allá decirte pienso
a qué criada has de dar
el papel.
Quédase Tristán mirando a Aurelio.
Félix ¿Qué esperas, necio?
Tristán Déjame.
Félix ¿Qué haces?
Tristán Estoy
tanteando la fuerza al viejo,
para ver qué tantos palos
podrá darme de un aliento.
Vanse don César, don Félix y Tristán.
Aurelio Lee. «Tío y señor mío: yo he llegado a esta corte de Milán, encubriendo
nombre y patria, en servicio del príncipe de Urbino; y, aunque deseo
llegar a mi casa, no me atrevo a parecer en ella hasta vengar la muerte
de mi hermano; y pues a todos toca esta desdicha de tan cerca,
avisadme si está en Parma don César Farnesio...».
Honrada resolución
es la de Lisardo; pero
¿qué mucho, si es sangre mía?
¿Qué he de hacer? Que, aunque mi pecho
volcán cubierto es de nieve
que esconde las llamas dentro,
y le suena esta venganza
bien al rencor que yo tengo,
me disuena por la parte
de la prudencia que debo
tener, porque ya en mi edad
es razón que valga menos
el rencor que la cordura
y el enojo que el consejo.
Si a Lisardo mi sobrino
a esta venganza no aliento,
no cumplo con mi valor;
y, si para ella le esfuerzo,
con mi obligación no cumplo;
que haré mal si, en tanto empeño
perdido un sobrino, doy
calor con que al otro pierdo.
Con el que murió pensaba
casar a Violante; y siendo
el heredero Lisardo
de su casa y de mi intento,
aventurarle al enojo
del duque, que criado y deudo
quiere a César, es volver
atrás mi primer deseo.
Pues ha de perder la patria,
¿qué he de hacer –¡válgame el cielo!–
para que cuerdo y honrado
cumpla con ambos afectos?
Ahora bien, a responderle
otra vez en casa entro,
que no me faltará estilo
con que entretener suspenso
el fin, hasta que yo tome
resolución; y a este efeto
otra y mil veces la carta
de mi sobrino a leer vuelvo.
Lee. «Avisadme si está en Parma don César Farnesio, para que pongáis vos
las espías y yo la ejecución para buscarle; y cuando respondáis, diga
el sobrescrito: “A Celio, en casa del príncipe de Urbino”».
Vase.
Salen Violante y Nise.
Nise En casa se ha vuelto a entrar,
unos papeles leyendo,
mi señor.
Violante ¡Oh, qué cobarde
es, Nise, el atrevimiento,
pues cuando se arroja a más,
es cuando se anima a menos!
Desde que escribí a don César,
dándome a partido al ruego
de tanto rendido amor,
de mi misma sombra tiemblo.
Desde hoy acá me parece...
Nise ¿Qué?
Violante ...que es de cristal mi pecho,
y que puede ver mi padre
lo que hace el corazón dentro.
Sale Aurelio. ¡Señor!
Aurelio Violante...
Violante ¿Qué traes?
Que, sobre volver tan presto,
me da que pensar el verte
tan confuso y tan suspenso.
Aurelio Nada; al salir me dio un propio
una carta; y porque luego
es preciso que se vuelva,
a responder a ella vengo;
y así... Mas ¿quién hasta aquí
se entra?
Sale Tristán.
Tristán (Pues que sé que el viejo
no está en casa, me he de entrar
hasta el último aposento
buscando a Nise, que es
a quien despachado vengo).
Aurelio ¿A quién, hidalgo, buscáis?
Tristán (Volviose azar el encuentro).
A vos.
Aurelio ¿A mí?
Tristán A vos.
Aurelio ¿No había
puertas a que llamar?
Tristán Tengo,
según mal cristiano soy,
muy tibios los llamamientos.
Aurelio Y en fin, ¿qué me queréis?
Tristán Daros
este papel.
Aurelio ¿Cúyo es?
Tristán Vuestro,
pues que viene para vos.
Aurelio Bachiller sois.
Tristán Aún no tengo
el grado, bien que los cursos
ya me sobran para serlo.
Aurelio ¿Quién es vuestro amo?
Tristán Don Félix;
y usted tenga entendido esto,
porque importa a la maraña,
don Félix a decir vuelvo
una y cuatrocientas veces.
Aurelio No soy amigo de cuentos.
Tristán Yo sí, muchísimo.
Aurelio Lee. Dice:
«Aurelio, mi tesorero:
de los maravedís que
pararen en poder vuestro,
daréis a César...». ¿Cómo, si es
de César el libramiento,
Félix a vos os envía?
Tristán Porque ha de haber el dinero
Félix, por deberle César
no sé qué partida dellos.
Aurelio Lee «...quinientos escudos que
le libro para el efeto
de la jornada que hoy hace
de orden mía».
Violante ¿Oyes aquello,
Nise? Don César se ausenta,
sin duda, ¡valedme, cielos!
No quiso más que vengar
mis desprecios con desprecios.
Hace señas Tristán con un papel.
Tristán Nise...
Nise Con un papel hace
señas el criado.
Velo Aurelio.
Aurelio ¿Qué es eso?
Tristán Nada.
Aurelio ¿Qué papel es ese?
Tristán Estos son otros quinientos,
mas vienen en otra fianza.
Aurelio ¿Dónde César va?
Tristán (Al infierno
debe de ser). ¿Qué sé yo?
Aurelio Esperad aquí. (Que a precio
de no verle algunos días,
he de despacharle. ¡Cielos!,
si ha sabido que Lisardo
está en Milán, y por eso
le ausenta el duque de aquí?).
Vase.
Violante No sé cómo no reviento
de cólera. ¡A mí desaires
César! Quien en tanto tiempo
no volvió al desdén la espalda,
¿la vuelve al favor?
Tristán Pues puedo
hablar, escucha y sabrás
que, aunque ves que a cobrar vengo,
más vengo a pagar, señora,
la obligación de un deseo.
César con este papel
me envía.
Nise Tómale, y sea presto,
que vuelve a salir mi amo.
Violante De pensar si le vio tiemblo.
Aurelio Vuelve a salir. Tomad, y id con Dios.
Tristán Él guarde
tu vida siglos eternos;
y advierte que es la primera
cosa aquesta que no cuento.
(Yo voy mejor despachado
que pensé, pues por lo menos
dado el papel dejo, y voy
sin palos y con dineros).
Vase.
Violante ¿Si vería el papel, Nise?
Nise No, pues no hace sentimiento.
Aurelio Hija, yo me voy mañana,
como sabes, a ese pueblo, ...
Violante (Albricias, alma, que nada
entendió, pues habla desto).
Aurelio ...que está la hacienda perdida
sin los ojos de su dueño:
y así, lo que has de hacer es
darme un papel que en el pecho
ahora guardaste.
Violante ¿Yo
papel, señor?
Nise (Malo es esto).
Aurelio Espera, que tú tampoco
te has de ir. Dame el papel presto;
que si dejé ir al criado,
viéndole dar, fue que cuerdo
no quise que mi venganza
empezase por lo menos,
ni enviar el ruido fuera,
quedando el agravio dentro;
y así callé hasta informarme,
a costa del sufrimiento.
Dame el papel.
Violante Yo... sí... cuando...
Aurelio ¡Oh, qué cansados extremos,
pudiendo tomarle yo!
Toma el papel. Éntrate agora allá dentro,
que no quiero que irritada
la cólera, que no quiero
que apurada la paciencia
me cieguen, sin que primero
me informe, ingrata, del daño
antes que aplique el remedio.
Quítateme de delante.
Violante (Dadme vuestro amparo, cielos;
que, aunque disculparme quiera,
razón ni razones tengo).
Vase.
Aurelio Vete tú también.
Nise Sí haré.
Aurelio No por ahí, sino allá dentro.
Mas dime antes, por que a ciegas
no corran mis sentimientos,
de Félix siendo él criado
y de César el dinero,
¿cúyo es el papel?
Nise (Si digo
que es de César, ...
Aurelio Habla.
Nise ...siendo
como es su enemigo mi amo,
será añadir yerro a yerro).
No sé, pero César no...
Vase Nise.
Aurelio Harto me has dicho con eso.
¿Quién creerá, ¡ay de mí infelice!,
que de abrir un papel tiemblo?
Lee. «No hay, mi bien, inconveniente
que me prive de no veros».
(¡Qué dignamente, ay de mí,
otras mil veces se hicieron
de vil materia el papel
y la tinta de veneno!).
Lee. «Y así, tened entendido
que, atropellando los riesgos
que se me ponen delante,
mañana estaré, en saliendo
vuestro padre, en los jardines
que decís. Guárdeos el cielo».
¡Qué es lo que miro! ¿Don Félix
tiene tanto atrevimiento,
que al sagrado de mi honor
pone tan indignos medios,
como tomar el achaque
de enviar por el dinero
del otro traidor su amigo?
Y pues, sin duda, lo cierto
dijo Nise y él lo dijo:
«A Félix sirvo», diciendo
señas por que no entendiese
venir de su parte. ¡Cielos!
¿Qué he de hacer? Porque querer
que yo en semejante empeño
me olvide de lo ofendido
y me acuerde de lo cuerdo
es querer quitarme todo
el uso del sentimiento,
fuera de que es destruir
la esperanza que yo tengo
de casarla con su primo.
¡Bueno es, cuando más pretendo
que otro no se vengue, darme
a mí ocasión para hacerlo!
Pues siendo así que no es
posible que haya consejo
que no atropelle la ira,
en vengarme me resuelvo
de dos traidores amigos
que vida y honor me han muerto.
A Lisardo escribiré
mate a César, que lo mesmo
haré de don Félix yo,
pues tan buena ocasión tengo
para matarle y dejar
el homicidio encubierto;
Cierra la puerta. pues con cerrar este cuarto,
dejando a esta ingrata dentro,
sin que hasta mañana pueda
dar aviso, será cierto
que él vendrá sobre seguro,
y yo podré con secreto,
matándole en mis jardines,
llevarle donde... Mas esto
mejor lo dirá la fama
cuando en láminas de acero
deje mi venganza escrita
en los anales del tiempo.
Vase.
Ruido dentro de voces, música y instrumentos.
Música «Vaya de baile,
de música y fiesta;
que todos son locos
en Carnestolendas».
Salen Serafina y Flora.
Serafina Cierra esa ventana, Flora,
y tú ni otra criada mía
se ponga a su celosía.
Flora Déjame, por Dios, señora,
solo llegar a ver esta
máscara que va pasando
hacia palacio, cantando...
Baila ella, y la Música, dentro. «Vaya de baile,
de música y fiesta;
que todos son locos
en Carnestolendas».
Serafina Darme pesar no pretendas,
pues ves que deso me ofendo.
Flora Ella, y Música, dentro. ¿No miras que va diciendo
«que todos son locos
en Carnestolendas?».
Serafina Por eso quiero yo ser
cuerda.
Flora ¿Es posible que día
de tan común alegría,
ni has de ser vista ni ver?
Serafina Si inconveniente no hubiera
en ver y ser vista, no
peino tantas canas yo
que alegrarme no pudiera
con los disfraces y juegos
que hoy festejan a Milán;
y más ahora que dan
las luminarias y juegos
con la noche más belleza
a las danzas y más ser
a las músicas.
Flora Saber
quisiera, si no es tristeza,
qué inconveniente hay, señora.
Serafina Aunque tú le sabes, no
le quieres saber, y yo
quiero decírtele, Flora.
En mi calle un caballero,
que a Milán estos días vino
con el príncipe de Urbino,
de máscara está; y no quiero
que, habiéndose declarado
conmigo, presuma que
es favor que yo me esté
a la reja; que me enfado
de ver su necia porfía.
Flora Quizá es otro que, vestido
de disfraz, le ha parecido.
Serafina ¿Cómo puede ser?
Flora Servía
en palacio un estranjero
conde; y cuando el sol faltaba,
se iba a acostar y dejaba
un esclavo en el terrero
con su capa de color
y plumas. La dama, un día
que nevaba y que llovía,
le quiso hacer un favor.
La reja abrió, y en falsete,
«idos, conde», pronunció;
a que el moro respondió:
«No estar conde, estar Hamete».
Y así, puede ser, señora,
que el que la máscara esconde
sea Hamete y no sea conde.
Serafina ¿A todo su cuento, Flora?
Flora Ya es mal viejo.
Serafina En fin, dejara
por él aun fiestas mayores.
Flora Bien lo dicen los rigores
con que él lo llora.
Serafina Repara
que no quiero que en tu vida
me encarezcas su pasión.
Flora Pues va otra conversación.
Si el mirarle allí ofendida
te tiene, yo te daré
medio con que, sin que seas
vista de él ni de otro, veas
toda la fiesta.
Serafina ¿Cuál fue?
Flora Aqueste. Muy bien, señora,
sabes que en Carnestolendas
las señoras de más prendas
se disfrazan. Pues, si ahora
te disfrazases tú, a fin
de que sin ser vista vieses,
a cuyo efecto salieses
por la puerta del jardín,
presumo que no sería
mal modo de castigalle,
dejándotele en la calle,
gozar lo que resta al día.
Mira: un capote, un sombrero,
una hacha, una mascarilla,
mezclándote a la cuadrilla
de cualquier disfraz primero,
lo hace todo.
Serafina ¿Y si viniese
mi padre en tanto?
Flora No hará;
que, como es justicia, va
por todas las calles; y ese
aun no es escrúpulo, pues
con dejar dicho que vas
con alguna amiga, estás
disculpada.
Serafina Cosa es
que hiciera de buena gana;
pero no sé si me atreva.
Flora Burlar a un necio te mueva.
Ven y verás qué galana
te pongo. Apuesto, si sales,
que a todas mil higas das,
y con tu talle, no más,
más que todas juntas vales.
Serafina No, Flora, me persuadas
por la vanidad; que creo
que más que tú lo deseo.
Flora Manos a labor.
Serafina Criadas,
si por vosotras no fuera,
más de un yerro...
Flora No es de aquí
la moraleja. ¿Has de ir?
Serafina Sí;
que es triste cosa que quiera
de ese necio la porfía,
que a tantos extremos pasa,
tenerme dentro de casa
encerrada todo el día.
Ven a vestirme.
Flora ¡Qué airosa
ponerte, señora, espero!
Vase Serafina. ¿Criada no dijo? Pues quiero
parecerlo en otra cosa.
Abre una ventana. ¡Ce, señor Celio!
Lisardo dentro. ¿Quién llama?
Flora Quien es serviros su fin.
Por la puerta del jardín
va disfrazada mi ama;
y como acaso lleguéis,
sin daros por entendido
de que la habéis conocido,
hablar con ella podréis.
Chitón, y adiós.
Cierra la ventana y vase.
Lisardo dentro. Tarde creo,
Flora, que he de agradecer
tu fineza, pues a ver
llego el fin de mi deseo
en la nueva que me das.
Salen Lisardo y Libio, disfrazados y con mascarillas.
Libio ¿El fin de tu deseo?
Lisardo Sí,
pues no parará en que aquí
pueda hablarla, porque a más
se ha de atrever mi osadía.
Libio Pues ¿qué pretendes hacer?
Lisardo Que se acabe de perder
de una vez la suerte mía.
Ya sabes que yo he venido
a dar, Libio, muerte a un hombre,
de quien solamente el nombre
hasta ahora he conocido.
A mi tío le escribí
que de él aviso me diera,
por que buscarle pudiera
más seguro; y siendo así
que sólo estoy esperando
respuesta –en cuyo intermedio,
sin aguardar más remedio
que morir, estoy amando
el imposible mayor
que se vio en deidad humana,
cuya ingratitud tirana
desprecios hace a mi amor–,
entre uno y otro pesar,
quiero a entrambos acudir;
que no es despique morir
para quien viene a matar.
Yo me tengo de volver
a Alemania el mismo día
que halle la venganza mía
su fin; pues, si he de perder
a Italia, y de cualquier modo
soy hombre restado, ya
bien lograr mi amor será
y que me pierda por todo.
Y así, en tanto que yo, a fin
de no perder la ocasión
que da amor a mi pasión,
tomo la vuelta al jardín,
lo que tú has de hacer...
Ruido dentro, y salen de máscara, vestidos de locos, los que puedan.
Uno Aquí
el baile prosiga, pues
casa del justicia es.
Lisardo Pero vente ahora tras mí.
No te detengas; que allá
lo que has de hacer te diré:
no salga en tanto.
Libio No sé
qué te diga.
Lisardo Nada ya;
que sobre resolución
no hay consejo; y no es posible
que este divino imposible
me dé mejor ocasión.
¿Cuándo tengo yo de hallar
noche, disfraz, bulla y ruido,
que parece que han venido
a darme tiempo y lugar,
cuando no me den ventura?
No, no hay qué decirme. Vamos.
Vanse.
Uno Aquí el baile prosigamos,
que hoy todo ha de ser locura.
Música «Vaya de baile,
de música y fiesta;
que todos son locos
en Carnestolendas».
Bailan.
Salen Serafina y Flora, de máscara, y Flora, si quiere, puede traer el disfraz ridículo.
Serafina Por mal agüero he tenido
que el primer baile que vea,
Flora, el de los locos sea.
Flora Antes yo pienso que ha sido
a propósito buscado,
pues entrar en él podemos,
sin miedo de que le erremos,
pues que ya viene ensayado.
Todos «Vaya de baile,
de música y fiesta;
que todos son locos
en Carnestolendas».
Bailan.
Unos Ea, a otra parte a bailar.
Vanse.
Serafina Deja esa cuadrilla, Flora.
Sale Lisardo.
Lisardo Máscara, esperad; que ahora
conmigo habéis de danzar.
Flora (¡Hay más estraño pesar!).
¿Que huir de él no nos bastó?
Serafina ¿Si me ha conocido?
Flora No
esa sospecha te inquiete.
Serafina Pues ¿qué es esto?
Flora Ser Hamete
el que en la calle quedó.
Lisardo No la espalda me volváis
sin responder, pues sabéis
cuando de máscara os veis
la obligación en que estáis.
Serafina Vos sois el que la ignoráis;
que, aunque es verdad que ha tenido
quien de máscara ha venido
a quien de máscara va
licencia de hablar, no está
en estilo recibido
a quien no responde hacer
fuerza; y así –¡qué pesar!–,
aunque vos podáis hablar,
puedo yo no responder.
Lisardo A mí me basta saber
que hablar puedo.
Serafina ¿No será
locura, aunque todo está...?
Lisardo Y locura de no pocos.
Serafina Pues la danza de los locos
por esotra calle va,
id tras ella, si sois della.
Lisardo Sí lo soy; pero en seguir...
Flora (Mas ¿que se ha de descubrir?).
Lisardo ...la locura de mi estrella,
tras una sirena bella.
Serafina Pues conmigo serán dos;
y así, máscara, id con Dios;
que hablar de otra es grosería.
Lisardo No es, si de su tiranía
pretendo vengarme en vos.
Serafina Pudiera a ese desatino
responder que quien procura
estar falso con la cura,
no está con el dolor fino.
Pero hacerlo no imagino,
por no oíros. Id con Dios.
Lisardo Yo he de seguir a las dos;
que me ha dado un no sé qué
de vislumbre...
Serafina (Hablar no sé).
¿De qué? Decid.
Lisardo De que vos, ...
Salen de follón los de la máscara.
Música «Vos, vos, vos, señora, vos,
vos me vengaréis de vos».
Lisardo ...de que sola habéis podido
vos aliviar mi cuidado;
y aun ese baile imitado
parece que de mí ha sido
a propósito traído;
pues cuando de un ciego dios
me estoy quejando a las dos
y en vos vengarme pretendo,
os va en mi nombre diciendo...
Música «Vos me vengaréis de vos».
Vanse.
Serafina Mirad que, si pertinaz
me queréis reconocer
o seguir, será romper
los seguros del disfraz.
Y así, máscara, id en paz;
no me obliguéis a que pida
favor, de vos ofendida,
porque todos cuantos van
disfrazados tomarán
la defensa de mi vida;
porque a todos juntos toca
la violencia de cualquiera.
Llega Libio y otros.
Lisardo ¿Libio?
Libio Sí.
Lisardo ¿De qué manera
el enojo que os provoca
podrá, con cordura poca,
de mí libraros?
Serafina Así.
Máscaras, ese hombre aquí,
que me siga embarazad.
Lisardo Máscaras, de aquí llevad
esa mujer.
Los enmascarados se apoderan de Serafina.
Serafina ¡Ay de mí!
¡Traición!
Libio Las voces detén.
Lisardo Llevadla donde he mandado.
Flora (¿No habrá algún desesperado
que a mí me robe también?).
Serafina Primero...
Lisardo Conmigo ven.
Serafina ...pedazos me habéis de hacer.
Flora (Muy fea debo de ser,
pues nadie hay que me apetezca).
Serafina ¡Cielos! ¿No hay quien favorezca
a una infelice mujer?
Félix dentro. ¿Mujer y infelice dijo,
y que ninguno la ampara?
Deja la posta, Tristán.
Tristán dentro. Déjeme ella a mí.
Lisardo ¿Qué aguardas,
Libio? A la quinta con ella.
Serafina ¿No hay quien socorra, quien valga
a una infelice mujer?
Salen don Félix y Tristán.
Félix Sí; que decir mujer basta,
cuando infeliz no dijeras.
Lisardo Hidalgo, si cuatro balas
no queréis que de otra suerte
os lo pidan, las espaldas
volved.
Félix No sabré, aunque quiera.
Lisardo Pues, si un paso más a causa
de seguirnos dais, no tiene
vuestra vida más distancia
que de una boca que pide
hay a otra boca que manda.
Tristán (Mas ¿qué va que este y las postas
a un mismo tiempo disparan?).
Félix Ya me empeñé, y el temor
nunca mi pecho acobarda.
Tira, y mira no me yerres.
Tristán A mí sí.
Lisardo Dispara, y no da lumbre. Vuestra arrogancia
castigaré... Mas la lumbre
me faltó.
Tristán ¿De qué te espantas,
si a mí me faltan las postas,
que a ti te falten las balas?
Pónense las damas detrás de don Félix y Tristán.
Félix Ahora veréis si castigo
a quien mujeres agravia.
Flora ¿De dónde nos vino este
Don Quijote de la Mancha?
Tristán De la Peña Pobre, donde
de Beltenebros estaba
haciendo la penitencia,
y yo soy su Sancho Pancha.
Acuchíllanse.
Unos dentro. Sacad luces a las rejas,
que en la calle hay cuchilladas.
Aquí salen todos los que pudieren con instrumentos, hachas y máscaras, y Lidoro, viejo.
Otros Fuera, ténganse. ¿Qué es esto?
Serafina (¡Quién vio confusiones tantas!).
Lidoro ¡Favor al rey!
Flora En tal caso
dicen que dijo una dama:
«Lléveme esa cinta verde».
Serafina ¡Mi padre! Sólo faltaba
este trance a mi desdicha.
Lisardo El justicia es.
Libio Pues ¿qué aguardas?
Huyamos, no nos conozcan.
Lisardo ¡Mal haya, ay de mí, mal haya
tan malograda ocasión,
tan mal perdida esperanza!
Vanse él y Libio.
Lidoro Daos a prisión vos y aquesas
mujeres, que han sido causa,
según se mira, de que
vuestro atrevimiento haya
traidoramente sacado
contra un máscara la espada,
siendo así que ellos, en fe
del seguro, van sin armas.
Tristán Si no dos u tres pistolas
cada uno.
Serafina A don Félix. (¡Ay, desdichada!).
Caballero, que el honor
os debo hasta aquí, ahora falta
que os deba también la vida,
que en gran peligro se halla
si me conoce...
Félix En oyendo
que soy un hombre que acaba
de llegar ahora a Milán,
disculparéis mi ignorancia.
Tristán Y tan ahora, que las postas
se van sobre su palabra.
Félix Ni aquestas damas conozco,
ni sé quién son: el librarlas
de una violencia empeñó
mi valor.
Lidoro Eso no basta
para que a vos y a ellas deje.
Félix A mí poco importa o nada;
yo iré con vos, pero a ellas,
señor, no habéis de llevarlas.
Lidoro ¿Cómo podréis impedirlo?
Félix A Tristán. Desta suerte: pon las damas
en salvo; que yo me quedo
A Serafina. a que nadie tras vos vaya.
Serafina (No sé si podré; que torpe
muevo un monte en cada planta).
Flora Ven; que para huir, señora,
a nadie el ánimo falta.
Vanse las dos.
Tristán Si encontráredeis dos postas,
decidlas que no se vayan.
Félix No ha de seguirlas ninguno,
si primero no me matan.
Lidoro Muera este atrevido.
Todos Muera.
Riñen.
Félix Ya que ellas de aquí se alargan, ...
Tristán Lo mismo hicieron las postas.
Félix ...asegurar las espaldas,
Tristán, procuremos deste
umbral.
Sale el príncipe, dos criados con hachas, y Lisardo por otra parte sin disfraz.
Príncipe Esas luces baja.
Pues ¿qué atrevimiento es este?
¿Dentro, señor, de mi casa
se sigue a nadie, aunque sea
delincuente?
Lisardo (El cielo haga
que, quitado el disfraz, pueda
desmentir sospechas tantas
como hay contra mí). Señor,
¿qué es esto? Pues ¿cómo?..
Príncipe Aguarda.
Lidoro Señor príncipe de Urbino,
ninguno más que yo trata
serviros; pero tal vez
los accidentes arrastran
la razón. Ese hombre ha hecho
temeridad tan estraña
como romper el seguro
que la fe pública guarda
a los máscaras, con pocos
ejemplares de que haya
ninguno que para ellos
sacase jamás la espada;
y esto por una mujer,
que más el delito agrava,
pues da a entender que el haberla
conocido disfrazada
le empeñó; siendo sin duda
que debe de ser su dama,
según el riesgo a que puso
la vida para librarla.
Llegó hasta el umbral, y como
la cólera no repara
fácilmente, no previne
la inmunidad que le ampara.
Perdonad, y pues llegó
a él, su sagrado le valga.
Félix Esperad; que pues mi dicha
fue llegar a tales plantas,
quiero que de mi inocencia
la verdad os satisfaga,
y no quedar delincuente
si me viéredes mañana.
Ni aquella dama conozco,
ni sé cuál era la causa
que afligida la tenía
de quien traidor intentaba,
usando mal del disfraz,
a lo que se vio, robarla.
Empeñáronme sus quejas
primero, después sus ansias,
porque su honor y su vida
me dijo que aventuraba
en ser conocida. Desto
sea satisfación clara
ser forastero y venir
a vos con aquesta carta
que os informará mejor.
Tristán Y si ella, señor, no basta,
lo dirán mejor dos postas
que por ahí descarriadas
van de máscara también.
Príncipe ¿Cúya es?
Félix Del duque de Parma.
Príncipe Pues ya que los cumplimientos
del recibirla embaraza
el lance, tengo de leerla
en público por que salga
una verdad más airosa.
Llegad esa luz; no haya
espacio que me dilate
una dicha con dos causas.
Lee. «Primo y señor mío: por no
hallarme ventura tanta
–como es para mí teneros
en los Estados de Italia–
con salud, no voy yo mismo
ahí en persona a lograrla,
y a daros la bienvenida
y parabién de las armas;
y así don César Farnesio, ...»
Lisardo (¡Qué escucho!).
Libio (¡Ventura rara!).
Príncipe «...mi deudo y mi secretario, ...»
Lidoro (¡Qué buena nueva!).
Lisardo (¡Qué ansia!).
Príncipe «...va en mi nombre a visitaros,
por que de más cerca traiga...»
Libio (¿Este es César, a quien yo
tengo obligaciones tantas?).
Príncipe «...las nuevas que yo deseo
de vos y de vuestra casa.»...
Lisardo (¿Este es César y quien dio
muerte a mi hermano? ¡Qué rabia!).
Príncipe «...Dios os guarde. Vuestro primo
y amigo. El Duque de Parma».
Lidoro (¡Cuánto el verle estimo!).
Lisardo (¡Cuánto
el verle me sobresalta!).
Príncipe No sólo le debo al duque
finezas, sino que añada,
siendo vos, señor don César,
el que me traéis la carta,
a lo principal de tanto
favor, tan gran circunstancia.
Félix La mayor para mí es
merecer besar tus plantas.
Príncipe Cansado vendréis, y más
cuando por fin de jornada
os esperó una pendencia,
que más que las postas cansa.
Tristán Y más la mía, que, a trueco
de no verla angosta y larga,
me huelgo que se haya ido
con toda mi ropa blanca.
Príncipe A Lisardo.
Id a descansar. Haced,
Celio, que le den posada
cerca de la mía a don César.
Lisardo (¡Esto solo me faltaba!
¡Mandarme que yo le sirva,
muy bien le está a mi venganza!).
Venid; que en mi casa misma
estaréis.
Lidoro Detente, aguarda;
que no ha de ir contigo César.
Lisardo (¡Ay de mí! ¿Si es que algo alcanza
sabré?). ¿Por qué?
Lidoro Porque
si merezco dicha tanta,
permitir habéis que yo
el aposento le haga;
que quiero desenojarle
y que sepa que en mi casa
hay, señor, quien le reciba
con mil vidas y mil almas.
Porque, aunque él no me conoce
ni nunca le vi la cara,
por el nombre y las noticias
tengo obligaciones –y hartas–
de servirle, porque fuimos
su padre y yo camaradas,
a quien en una ocasión
le debí honor, vida y fama,
y quiero reconocerla,
ya que no puedo pagarla.
Príncipe ¿Cómo puedo yo a quien debo
agasajar con mil raras
finezas de amor, quitar,
Lidoro, ventura tanta
como el hospedaje vuestro,
pues sólo con él llegara
a desempeñarme yo?
Félix Ignoro con qué palabras
responder deba a esas honras,
si las del callar no bastan.
Príncipe Yo responderé a mi primo.
Id con Dios; hasta mañana.
Félix Que sea presto, solamente
os suplico; que hago falta
allá al servicio del duque.
Príncipe Mal hiciera, si os dejara
volver luego; que Milán
estos días es estancia
muy para los forasteros,
si ya no es que no os agradan
sus festejos por sus sustos.
Alumbrad con estas hachas
a don César y a Lidoro
hasta quedar en su casa.
Vase.
Lidoro Venid, señor César.
Lisardo (¡Cielos!
¿Qué es esto que por mí pasa?
Quien dio la muerte a mi hermano
es el mismo que embaraza
la acción de mi amor, y el mismo
que va a ser huésped –¡qué rabia!–
de Serafina –¡qué pena!–.
Mas ¿qué me turba –¡qué ansia!–
uno ni otro, si a las manos
me ha venido la venganza?).
Vase.
Tristán Mientras vamos a lograr,
señor, ventura tan alta,
¿no será bien discurrir,
por que otro no lo haga,
qué se habrán hecho las postas?
Félix ¿Qué quieres, necio, que se hayan
hecho? El mozo las habrá
recogido.
Tristán Que no hayas
recogido las maletas
es el caso.
Lidoro Yo mañana
haré que parezcan.
Félix Es
un loco, señor.
Vanse.
Salen Lidoro, don Félix, Tristán y criados.
Lidoro A don Félix. Mi casa
es esta, ya desde hoy vuestra.
Llamando. Flora, aquí unas luces saca.
A los criados. Desde aquí podéis volveros,
que ya de mi cuarto bajan.
Sale Serafina y Flora con luz y vanse los criados.
Serafina Señor, seas bien venido,
que me has tenido asustada,
oyendo que en nuestra calle
había habido cuchilladas
y que tú estabas en ellas.
Mas ¿quién es quien te acompaña?,
que inadvertida, creyendo
que estabas solo...
Lidoro Oye, aguarda,
sabrás que el pasado susto
tan en dicha nuestra para
como merecer un huésped
que viene a honrar nuestra casa
por obligaciones que
mi honor en mi pecho guarda,
y es don César, a quien hizo
el socorro de una dama
empeñar, sin conocerla,
pidiendo que la amparara
para no ser conocida
de esposo o padre que agravia.
Serafina Agora digo yo que hay
mujeres ocasionadas.
¡Miren por cuánto pudiera
suceder una desgracia!
Vos seáis muy bien venido,
donde con vida y con alma
procuren serviros; bien
que habéis de suplir las faltas.
Tristán (Ese más parece fin
de loa que de jornada).
Félix Dicha la desdicha ha sido
para mí, pues no llegara
a merecerla, si no
se equivocasen entrambas.
Serafina ¿Qué dices, Flora, de ser.
mi huésped el que me ampara?
Flora ¡Oh, qué cuento te dijera,
si no temiera ser larga!
Félix ¿Viste, Tristán, en tu vida
más peregrina, más rara
hermosura?
Tristán Muchas veces,
y un cuento lo declarara,
si fuera ocasión.
Lidoro Haz, Flora,
que aquese cuarto se abra.
Venid conmigo, por que
reconozcáis vuestra estancia,
pobre y corta, pero en fin,
en voluntad rica y ancha.
¡Oh, lo que hemos de hablar de
vuestro padre, que Dios haya!
Vase Lidoro.
Tristán Dará muy buena razón
de todo. Pero ¿qué aguardas?,
¿por qué no dices?
Félix No sé
qué mayor fuerza me arrastra
hacia otra parte.
Serafina Ven, Flora.
Flora ¿Qué llevas?
Serafina No llevo nada,
sino que de aquel pasado
susto aún no está libre el alma.
Flora ¡Jesús, y con la pereza
que entrambos mueven las plantas!
Tristán Si así lo hicieran las postas,
fácil fuera de alcanzarlas.
Serafina ¿Por qué no os vais, caballero,
donde mi padre os aguarda?
Félix Porque espero que os vais vos
por no volveros la espalda.
Serafina Segura con vos la tengo.
Félix Y todo bien lo declara
la dicha de mi desdicha.
Serafina Pues creed, ...mas no creáis nada.
Id con Dios.
Félix Quedad con Dios.
Los Dos (¡Qué venturosa desgracia!).

Jornada Segunda

Salen don Félix, vistiéndose, y Tristán.
Tristán Ahora digo que no hay cosa
como ser otro cualquiera
que un hombre pueda ser, como
el mismo que él es no sea.
Félix ¿Por qué lo dices?
Tristán Porque
siempre la ventura ajena
o es mayor o lo parece
que la propia; esto se prueba
con que siendo Félix tú
en buen romance, no llegas
nunca a serlo en buen latín
sino un día que eres César.
¡Qué cuarto, qué galerías,
qué colgaduras, qué telas,
qué escaparates, qué espejos,
qué escritorios, qué alacenas,
qué ropa blanca, qué cama,
qué aparadores, qué mesas,
qué viandas, qué familia,
qué cantimploras, qué cenas
y, sobre todo, qué vino!
Félix ¡Ay, Tristán, que yo, entre aquesas
delicias del hospedaje,
solo vi una hermosa fiera
que vista y no vista mata!
Tristán Mi posta, señor, es esa:
el verla me mató antes,
y ahora me mata el no verla.
Félix ¿Qué no se pueda contigo
hablar un rato de veras?
Tristán Criaba una dueña una enana,
y un día...
Félix Detén la lengua,
y en tu vida no me cuentes
cuento o, ¡vive Dios!, si llegas
a contármele, que tengo
de romperte la cabeza.
Tristán ¿No ha de haber más cuentos?
Félix No.
Tristán Pues, señor, hagamos cuentas.
Félix Llaman dentro. ¡Qué loco estás! Pero escucha...
¿Dónde llaman?
Tristán A esa puerta,
que deste cuarto a otra calle
sale.
Félix ¿Quién puede por ella
buscarme a mí?
Tristán No será
a ti.
Félix Responde que vengan
por esotra parte.
Tristán ¿No es
mejor que abra y quién es sepa?
Félix ¿Podrás?
Tristán Sí; que está la llave
en la cerradura puesta.
Félix Pues abre, y mira quién es.
Vase. ¡Ay, infeliz! ¿Quién creyera
que podía ser verdad
aquella común sentencia
de decir que amor usaba
antes del arco y las flechas,
porque la pólvora aún no
había ostentado su fuerza?
Pero que después...
Sale Tristán.
Tristán Albricias.
Félix ¿Qué habrá de que yo las deba?
Tristán Ser hecho y derecho andante
caballero de novela.
De máscara una mujer
disfrazada y encubierta
–que desde anoche fiambre
debió de dejar la fiesta
para almorzar hoy–, trayendo
no sé qué en una bandeja,
por ti pregunta.
Félix ¿Por mí?
Pues ¿quién hay que en Milán pueda
saber mi nombre?
Tristán No dijo
por Félix, sino por César.
Félix Lo mismo es para dudarlo.
Pero, en fin, quien fuere sea.
Di que entre.
Tristán Ya ella se toma,
sin dársela, la licencia.
Sale Flora, de máscara, con un azafate.
Flora (Plega a Dios que esta tramoya
que mi ama hacer intenta
no se venga abajo, y demos
con todo el ángel en tierra!).
Félix Todo lo que él dice en los versos hace ella por señas. ¿A quién, señora, buscáis?
¿A mí? ¿El sí decís por señas?
¿Pues no sabéis hablar? ¿No?
Tristán ¡Ay, que no sabe hablar! Esta
máscara acoto, señor.
Félix Da Flora un papel a don Félix. ¿Qué mandáis? ¿Que tome y lea
y calle? Oíd, esperad.
¿No habéis de llevar respuesta?
¿No? Pues, aunque esto sea burla,
uso quizá desta tierra
permitido los días que
duran las Carnestolendas,
pagarla quiero; tomad.
Vale a dar una sortija y ella no la toma.
Tristán ¡Cielos! ¿Qué mujer es esta,
que calla, que da y no toma?
Mas, señor, Lidoro entra.
Félix Por que no os halle aquí, os dejo
ir.
Tristán Por Dios, que he de ir tras ella;
que callar y dar no es
lance para que se pierda.
Hace señas Flora. ¿Que no os siga, porque habrá
quien me rompa la cabeza...
Da Flora otro papel a Tristán. y que tome, que lea y calle?
¡Para mí también hay letra!
¿De cuándo acá los picaños
de motes usan? ¿No echas
de ver que esto de los motes
es para damas montesas
y galanes montesinos?
Vase Flora. Volvió la espalda y la puerta.
Félix Disimula; que después
veremos qué burla es ésta.
Sale Lidoro.
Lidoro ¿Cómo habéis, César, pasado
la noche?
Félix ¿Cómo pudiera,
señor, la ventura mía,
sino como en casa vuestra?
Lidoro Por eso, César, no debe
de haber sido –es cosa cierta–
bien; pues de mal hospedado
es no pequeña evidencia
estar tan presto vestido.
Félix Antes en eso se prueba
ser tan bueno el hospedaje,
que es bien que nada de él pierda,
porque es desairar la dicha
querer que un dichoso duerma.
Lidoro ¡Qué cortesano! Mas no
es para mí cosa nueva
serlo un hijo de tal padre,
que era la cortesía mesma,
la misma galantería.
¡Oh, lo que hiciera, si os viera
tan airoso y tan galán!
Dios en su gloria le tenga,
que yo perdí un buen amigo.
Félix Esa es mi mejor herencia
y que más debo estimar.
Lidoro Acuérdome que a las guerras
de Borgoña fuimos juntos,
y a fe que en una refriega,
si por él no fuera, yo
hecho pedazos muriera
a manos del enemigo.
¡Oh, lo que un viejo se huelga
cuando de sus mocedades
el pasado siglo acuerda!
¿Qué se hizo vuestro tío?
Tristán (Aquí es adonde le pesca).
Félix ¿Por cuál preguntáis? (¿Qué haré?
Que, aunque amigo soy de César,
no le toca a una amistad
saber estas menudencias).
Lidoro Don Alejandro Farnesio.
Tristán (Dios ponga tiento en tu lengua).
Félix También murió...
Tristán (Eso es echar
por el atajo).
Félix ...en la guerra.
Lidoro Pues ¿fue a la guerra Alejandro?
¿A qué propósito? ¿No era
letrado en Parma?
Félix Al Piamonte
pasó auditor.
Tristán (Bien lo enmiendas).
Lidoro Mi señora doña Elvira,
su mujer...
Tristán Es abadesa.
Lidoro ¿En qué convento?
Tristán En Uclés.
Félix Este es, señor, una bestia;
dirá dos mil desatinos.
Lidoro Mi tía doña Laura ¿queda
con salud en Parma?
Tristán Yo
lo diré porque paciencia
no tengo para que habléis
en tales impertinencias,
cuando era mejor tratar
de que las postas parezcan,
por que de color vestido,
ya que hoy aquí te quedas,
al príncipe a ver no vayas.
Lidoro Yo enviaré a saber dellas.
Decidme...
Sale un criado.
Criado A Lidoro. El gobernador
envía que a toda priesa
vayas a verle; que importa
hacer una diligencia
en razón de un delincuente
que es preciso que hoy se prenda,
Lidoro No creeréis lo que este cargo
trae tras sí de impertinencias.
Perdonadme que no os deje
el coche; y, por vida vuestra,
pues temprano es, no salgáis
hasta que yo por vos vuelva.
Vanse él y el criado.
Tristán Si ha de ser a preguntarnos,
más que en su vida no venga.
¡Cuál te tuvo!
Félix Lo peor es
que en pie la duda queda
para otra vez.
Tristán Y otras mil,
pero volvamos a nuestra
aventura. ¿Qué será
lo que la máscara deja?
Félix Leamos primero el papel.
Ábrele. Todo en dos versos se encierra.
Lee. «Ahí va esa ayuda de costa,
mientras parece la posta».
Bien digo yo que esto es burla.
Mira qué hay en la bandeja.
Tristán descubre la toalla.
Tristán Guantes, pañuelos, pastillas
y alguna ropa.
Félix Oye, espera;
que también hay una caja...
Ábrela. y una joya dentro della
de diamantes.
Tristán ¿De diamantes?
Mas que las postas se pierdan.
Bien digo yo que no hay cosa
como ser otro. ¡Qué diera
César por haber venido!
Félix Bien está con su amor César.
¿Quién será la que esto envía?
Tristán ¿Quién quieres, señor, que sea
quien calla, no toma y da,
sino algún ángel que intenta,
de máscara disfrazado
orillas de la cuaresma,
enseñar a las mujeres
tres virtudes tan excelsas:
callar, dar y no tomar?
Félix Sin duda, Tristán, aquella
que socorrí, agradecida,
me quiere pagar la deuda.
Tristán ¿Cómo había de saber,
yendo tan turbada y ciega,
dónde te había de hallar,
el nombre, el cuarto y la puerta?
Félix ¿Qué sé yo?
Tristán Ni yo tampoco.
Pero no discurras: deja...
Félix ¿Qué?
Tristán ...que lo que fuere vaya
y lo que viniere venga;
que ello dirá.
Félix Quita esto
de aquí por que no lo vea
alguien de casa.
Tristán Primero
será bien, señor, que sepa
qué me toca desto a mí.
Félix ¿A ti?
Tristán ¡Esa es muy linda flema!
Pues yo ¿no perdí mi posta
también, y también boleta
aquí no tengo?
Félix ¿Qué dice?
Tristán Tente; que yo sabré leerla.
Lee. «Si no oís, veis y calláis
de vuestro amo los regalos,
serán para vos cien palos».
Félix Eso viene para ti.
Tristán Pues ¡vive Dios!... ¿De una puerca
mascarilla?... Si acá vuelve...
Suenan instrumentos.
Félix Oye, que instrumentos suenan.
Tristán ¿No digo yo que alojados
estamos en una selva?...
Música dentro. «Si acaso mis desvaríos
llegaren a tus umbrales,
la lástima de ser males
quite el horror de ser míos».
Félix Buena letra.
Tristán Esta es la mala.
Félix Quita, que no sé quién entra,
esto.
Tristán A quien no dan no quitan.
Sale Flora.
Flora (Viendo que va mi amo fuera,
mi ama, de espía perdida,
quiere que a conocer venga
el campo del enemigo
y a saber en qué sospecha
le habrá puesto mi visita.
Ahora bien, va de deshecha).
Volverme quiero;
Hace que se va.
Félix Detenla,
Tristán.
Tristán Pues ¿por qué, madama,
tan presto tomáis la vuelta?
Flora Pensando que con mi amo
habíades ido, quisiera
el cuarto aderezar; pero,
hallándoos en él, es fuerza
volverme.
Félix ¿Con tanta prisa?
Flora Sí; que, si mi ama entendiera
que estando aquí me detuve,
no dudo que su impaciencia
me matara.
Félix ¿Tan cruel
es?
Flora Fue Anajarte con ella
una niña de Loreto.
Félix Pues ya que el acaso deja
en la parte del error
disculpada la licencia,
decidme, ahora ¿qué hace?
Flora Esa música pudiera
decirlo mejor que yo...
Félix ¿Qué?
Flora ...que tocándose queda.
Tristán Sí; que tocar y cantar
siempre es una cosa mesma.
Félix ¡Oh, a quién le fuera posible
desde alguna parte verla!...
Flora ¿Tocarse? ¡Eso que no es nada!
¿No veis que de una belleza
ese es caso reservado?
¡Ay! Mas ¿qué alhajas son éstas
y azafate? Esto no es
de casa. ¿Tan presto llegas
a tener quien te regale?
A mi ama diré que aprenda
lo que ha de hacer.
Félix No le digas
nada; que a fe que, aunque quiera
decirte quién ahí lo trujo,
no lo sé.
Flora Cuando lo sepas,
¿a ella qué le importa?
Félix Nada.
Flora Pero ¿quién fue?
Tristán Una embustera.
Flora Dios te honre.
Tristán Una enredadora
tan vil, que calla y da y deja
de tomar lo que la dan.
Flora ¿Hay tan grandísima bestia?
¿Por dónde entró?
Tristán Por esotra
calle.
Flora Bien sabía la puerta.
¿Y no sabes quién es?
Félix No.
Flora ¿Y quién presumes que sea?
Félix No lo sé, si no es la dama
que me empeñó en su defensa...
Tristán Yo lo sabré, si ella vuelve.
Flora ¿Por qué estáis tan mal con ella?
Tristán Porque a mí me libra en palos
la parte de la pendencia.
Félix Deja aquese loco y dime:
¿pudiera yo, Flora, verla?
Flora Mira: yo bien te avisara
que, como acaso salieras
a ese jardín, y paseando
llegaras hasta una reja
que tiene las celosías
de unos jazmines cubiertas,
pudieras verla; mas no
me atrevo.
Tristán No, no te atrevas;
que harás muy mal.
Félix El aviso
te estimo. Perdona, y esta
sortija supla la falta
ahora de mejor prenda.
Flora (De dos la una, muy mal corre
quien la sortija no lleva).
No hay para qué.
Tómala.
Tristán No, por cierto;
mas por que lo haya...
Flora ¿Quisiera
que fuéramos todas bobas?
Los instrumentos, y el tono dentro a media voz. Otra vez el tono empieza:
con eso podrás mejor
llegar.
Félix Tristán, aquí espera.
(Ciego vas para guiarme,
amor: quítate la venda).
Vase.
Tristán ¿Oye uced, reina?
Flora Así, así.
Tristán Pues yo hablaré así, así: atienda.
Un día un comisario a unos
quintados pasaba muestra...
Flora ¿A mí cuento? No en mis días:
pagarámela en conciencia.
Tristán ...y díjole a su oficial
que ojo a la margen pusiera
a los viejos y impedidos,
por no llevar gente enferma.
Pasó un tuerto y dijo: «A éste
poned ojo». Oyolo apenas
un cojo que le seguía,
cuando dijo: «Pues ordenas
que al tuerto le pongan ojo,
haz que a mí me pongan pierna».
Si al ciego amor de mi amo
le das ojos con que vea,
dale pies con que ande al mío,
pues ves de qué pie cojea.
Flora Un vizcaíno servía
a un cura, y en el aldea
se llamaba el carnicero
David, ...
Tristán (Diome con la mesma).
Flora ...yendo a predicar, le dijo
que al carnicero pidiera
una asadura fiada.
Al volver con la respuesta,
le halló predicando ya;
y hablando de otros profetas,
preguntó: «David ¿qué dice?».
Y él dijo desde la puerta:
«Que juras a Dios, señor,
que si dinero no llevas,
que, aunque eches el bof, no hay bofes».
Entienda uced o no entienda,
mas, si quien no da no come,
quien no da, ni ande ni vea.
Tristán Encorozada sacaron
una vez a una hechicera,
y después, para soltarla,
la pusieron en la cuenta:
«Del papel de la coroza
tanto, tanto para ella
del engrudo, del pintarla
tanto, tanto del coserla».
Viendo lo que había costado,
«dénmela –dijo la vieja–
para otra vez, que no están
los tiempos para que pueda
echar una viuda honrada
coroza cada día nueva».
Si el tiempo está tal que sirve
una coroza a dos fiestas,
sirva a dos una sortija.
Entienda uced o no entienda.
Flora Descalabró a su mujer
un hombre y, mirando ella
lo que la cura costaba,
decía entre sí muy contenta:
«No me descalabrará
otra vez». Viéndola buena
el marido, con barbero
y boticario hizo cuenta,
y dio el dinero doblado.
«Mira, hijo, que te yerras»,
dijo ella. «No yerro, hija:
que la mitad desto es desta
descalabradura de hoy,
y la otra mitad a cuenta
de la primera desca-
labradura que se ofrezca;
dar el dinero doblado,
santísima providencia».
Tristán Criaba una dueña a una enana...
Serafina dentro. Flora...
Flora Mi ama llama: espera.
Tristán ¿En qué quedamos?
Flora En que
criaba una enana una dueña.
Tristán Pues adiós, señora Flora,
hasta que la enana crezca.
Vanse.
Salen Serafina por una puerta, don Félix por otra, y Flora.
Serafina Flora...
Flora Saliendo. Señora...
Serafina Quién anda,
mira, detrás de esas rejas.
Félix Quien no negará el delito;
no tanto porque no pueda
negarle hallándole en él,
cuanto porque de él se precia
sin querer que la disculpa
quite el mérito a la pena.
Serafina Eso es hacer de una dos;
que en licenciosas ofensas
suele ser el confesarlas
aun más delito que hacerlas.
Félix Cuando el delito es tan noble
que al que enoja lisonjea,
hacerle para negarle
más es miedo que vergüenza.
Serafina Siempre el agravio es agravio
por más airoso que sea,
y hacerle para decirle
siempre fue discreción necia.
Félix Darme quiero por vencido,
no tanto porque no tenga
razones, cuanto por que
quede la cuestión por vuestra.
Serafina Eso es querer del ingenio
la salida os agradezca,
haciendo cortesanía
lo que había de ser fuerza.
Félix Pues ya que nada me vale,
acaso salí a la esfera
destos jardines; las voces
de sus hermosas sirenas
tras sí hasta aquí me trujeron;
y, si aún no es disculpa ésta,
la letra tiene la culpa.
Serafina ¿Por qué?
Félix Por decir la letra:
«Si acaso mis desvaríos
llegaren a tus umbrales,
la lástima de ser males
quite el horror de ser míos».
Serafina Pues ¿de qué manera, cuando
ese su sentido sea,
podrá vuestro atrevimiento
disculpar?
Félix Desta manera.
Un acaso y un cuidado
loco y cuerdo me han traído,
loco donde os he ofendido,
cuerdo donde os he mirado.
Bien uno y otro han dudado
si hay en mí dos albedríos,
al ver que a tales desvíos
me acercan con pies inciertos
de cuidado mis aciertos,
«si acaso mis desvaríos».
Sin dudar y sin temer
llegué hasta aquí, por pensar
que no se atreve a obligar
quien no se atreve a ofender.
El modo de merecer
bienes, es llorando males;
y así no temo iras tales,
aunque sordas tus orejas
vea, siempre que mis quejas
«llegaren a tus umbrales».
Por maltratado no es bien
que desconfíe mi amor,
que sobra el bien de un favor,
bella Serafina, a quien
el mal ama de un desdén;
y así, el que hizo en penas tales
males y bienes iguales,
quitar sabrá a tus desdenes
con la envidia de ser bienes
«la lástima de ser males».
Si te ofende mi osadía,
ella a tu belleza arguya
que antes fue la causa tuya
que fuese la culpa mía.
Partida está la porfía
en nuestros dos albedríos;
y, si amor píos o impíos
hace los efectos suyos,
la parte que hay de ser tuyos
«quite el horror de ser míos».
Vase.
Serafina Oíd; que escuchar ofensas
de una voz... (¡ay, infelice!;
miente la voz si lo dice,
miente el alma si lo piensa)
...es faltar en mí la inmensa
estimación singular
de ser quien soy. ¡Qué pesar!
¡Qué disgusto! ¡Qué congoja!
(Mas ¡ay, Dios! ¡Qué mal se enoja
quien no se quiere enojar!).
Flora ¿Por qué, señora, si estás
a César agradecida,
te muestras tan ofendida
de su amor?
Serafina Porque sabrás,
Flora, si es que atenta estás
a ver en mí a un tiempo fieles
afectos y iras crueles,
que es porque quiere el amor
que haga hoy de agrado y rigor
en su farsa dos papeles.
Él, sin saber a quién, dio
favor; y así verá él bien
que sin saber, Flora, quién,
se lo agradezca; y pues no
soy yo descubierta, yo
embozada, dividida
en dos mitades mi vida,
me has de ver tan transformada
que, vista, haré la enojada,
no vista, la agradecida.
Flora Está bien; mas, si el rigor
de ti le hace olvidar, di,
¿no tendrás celos de ti,
cuando tu mismo favor
le haga poner el amor
en la que no conjetura
que eres tú?
Serafina Eso se asegura
con los disfraces que intento,
pues dará el entendimiento
los celos a la hermosura.
Cuando sepa quién soy, quiero
dar la vitoria a los ojos;
cuando lo ignore, despojos
del ingenio hacer espero
los oídos; conque infiero
que no sentiré que aquí
a mí me deje por mí.
Flora Una mona y sus amigas...
Serafina Cuento en tu vida me digas.
Y ya que ha de ser así,
esta tarde quiero, Flora,
por ser menos conocida,
a la española vestida,
ir donde... Mas ¿quién ahora
entra allí?
Flora Celio es, señora.
Serafina No sé cómo en lance tal
me parto; que estoy mortal,
y conozco que también
no haré en declararme bien.
Flora Disimula.
Serafina Podré mal.
Sale Lisardo.
Serafina ¿A quién buscáis, caballero?
(Mucho temo que los ojos
no descubran los enojos
que en la voz esconder quiero).
Lisardo (Cobarde al mirarla muero;
pero pues ella advertida
no se da por entendida,
si puedo, fingir es bien).
Vuestro huésped es a quien
vengo a ver (¡ay de mi vida!);
que el príncipe, mi señor,
me envía a que sepa de él.
Serafina No es éste su cuarto; aquél
es su cuarto.
Yéndose.
Lisardo Cuerdo error
fue el mío; y pues el rigor
hoy no ocasiono, no os vais.
Ved que busco otro, y que estáis
segura de mi locura.
Serafina Ya yo sé que estoy segura,
puesto que sé a quién buscáis.
Lisardo Eso no entiendo.
Serafina Ni yo;
pero, si el asegurarme
es no venir a buscarme
a mí, sino a otro, no
es muy difícil.
Lisardo ¿Quién vio
tal rigor? Pero, aunque uséis
siempre de él, nunca hallaréis
vengada en vos mi porfía.
Serafina ¿Cómo?
Lisardo Como...
Serafina ¿Qué?
Lisardo ...algún día
vos de vos me vengaréis.
Serafina Eso no entiendo yo, y dad
mil gracias dello, porque,
si lo entendiera, no sé
si... Pero ¡qué necedad!
Y pues mi seguridad
es buscar a otro, id con Dios;
que no estamos bien los dos
sin César, a quien buscáis;
y este desdén que miráis,
él me vengará de vos.
Vase.
Lisardo ¿Cuándo, Flora, este castigo
será posible que venza
mi amor?
Flora ¿No tienes vergüenza,
aleve, falso, enemigo,
de ponerte a hablar conmigo?
Lisardo ¿Tú también airada y fiera?
Flora Pues ¿con qué negra se hiciera,
robando a su ama, dejalla
en la calle, sin roballa
por cortesía siquiera?
Vase.
Lisardo «¡Que no estamos bien los dos
sin César, a quien buscáis;
y este desdén que en mí halláis,
él me vengará de vos!».
En equívocos sentidos,
por más que oculte la queja
Serafina, el corazón
se ha deslizado a la lengua.
Casi, ¡ay de mí!, de cobarde
me ha motejado con César
mi enemigo. Aunque de paso,
discurso, entremos en cuentas.
No aventurar mi venganza
me hizo negar nombre y tierra;
pues, si ahora sobre seguro
le doy muerte, será fuerza
que cuando se sepa –pues
es preciso que se sepa,
porque yo para negarla
no me empeñara en hacerla–,
a ser venga en Serafina
la presunción evidencia.
¿No pudo decirlo acaso?
Sí; mas cuando acaso sea,
los acasos de las damas
más que imaginan arriesgan.
Ahora bien, honor, mudemos
de propósitos; prudencia,
mejoremos de intención;
pues cuando nada le deba
sino esto a Serafina,
ya hay algo que la agradezca.
¡Vive Dios que, cuerpo a cuerpo,
antes que quién soy se entienda,
se ha de saber que soy quien
sabrá...! Pero César llega.
Sale don Félix.
Félix ¿Mandáis algo, caballero?
Lisardo (¡Qué mal se finge una ofensa!).
El príncipe mi señor
me manda que a saber venga
cómo la noche pasasteis.
Félix Los pies beso a Su Excelencia,
y que yo iré desta honra
a llevarle la respuesta.
Lisardo Quedad con Dios.
Félix Él os guarde.
Lisardo (Mi resolución es ésta).
Este ¿no es su cuarto? Pues...
Pero dígalo ella mesma.
Vase.
Félix Raro modo de visita.
Sale Tristán.
Tristán ¡Señor, señor!
Félix ¿Qué te alteras?
¿Qué ha sucedido? ¿Qué traes?
Tristán Traigo una nueva, tan nueva,
que es lástima el estrenarla
adonde no han de creerla.
A la puerta por ti está
preguntando...
Félix ¿Quién?
Tristán Don César.
Félix ¡César en Milán! ¿A qué
propósito?
Tristán No sé. Llega
y reconócele tú;
que yo, por venir apriesa,
no me detuve.
Félix Verdad
dices: él es.
Tristán ¡Buena hacienda
hemos hecho! Él ha sabido
lo que en su nombre te huelgas,
y viene a holgarse otro poco.
Félix Por mí pregunta, pues entra
al cuarto sin que le impida
Flora ni nadie la puerta.
Sale don César.
César Don Félix, dadme los brazos.
Félix César, ¿qué venida es ésta?
¿Supo el duque que fingida
había sido vuestra ausencia,
y manda que vengáis?
César No.
¡Pluguiera al cielo que fuera
ésa la causa!
Félix Pues ¿qué hay
que así a venir os mueva?
César ¿Estamos solos?
Félix Sí estamos;
pero ponte tú a la puerta,
porque ninguno nos oiga.
Tristán Pues ¿no soy yo de la audiencia?
Félix Después lo sabrás. Decid,
Vase Tristán. ¿qué ha sido esto?
César La más nueva,
la más cruel, más tirana,
más rigurosa, más fiera
traición que en humano pecho
la ira de mujer engendra.
Violante, no agradecida
de mi amor a la fineza,
no de mi llanto obligada,
no movida de mis penas,
a sus jardines, don Félix,
me llamó; sino antes ciega,
en sus rigores constante
y a sus venganzas atenta,
para darme muerte en ellos,
siendo el favor o cautela
el áspid que entre las flores
tenía la saña encubierta.
Pasó la noche que vos
partisteis con la deshecha
de que era yo quien partía;
pasó el día de la ausencia,
y llegó otra vez la noche
en que mi esperanza, muerta
a la luz de la lisonja,
no vio la de la tragedia.
Supe, teniendo en su calle
todo el día una espía puesta,
que su padre había partido;
con cuyo seguro, apenas
las tinieblas, más hermosas
que el sol luce –¡oh, cuán a ciegas
vive un amante, pues tiene
por hermosas las tinieblas!–,
cuando llegué a sus jardines
y, haciendo en ellos la seña,
vi que abrían –nunca más
que entonces– su falsa puerta.
No sé quién al corazón
le enseñó no sé qué ciencia,
que la sabe sin saber
cómo ni cuándo se aprenda.
Dígolo porque al llegar
al umbral, con mil violentas
instancias, que yo entendía
aun no queriendo entenderlas,
me acobardaba; reñile
entre mí, y, haciendo dellas
desprecio, un medio tomaron
que, entre valor y sospecha,
ni es sospecha ni valor,
sino no más que advertencia.
La vida el tenerla, Félix,
me dio, pues, de no tenerla,
no reparara en que torpe
la voz que me dijo «Entra»
no era la de la criada
que yo esperaba que fuera;
y así, cubriéndome el rostro
de una pequeña rodela,
«¿Quién eres?», le pregunté,
y al verme entrar en sospecha
por no aventurarlo, una
pistola dio la respuesta.
Lo que Dios quiere guardar
lo guarda sin que se sepa
cómo ni por qué lo guarda:
dígalo su providencia,
pues no sin ella podía
errarme desde tan cerca.
En la rodela las balas
dieron, pero de manera
que al soslayo desmentidas
pasaron sin resistencia.
A este tiempo infame tropa,
cargada de armas diversas,
me embistió por rematar
conmigo. Puesto en defensa,
me fui retirando hasta
el estrecho de la vuelta.
Al ruido de la pistola,
al rumor de la pendencia,
se alborotó todo el barrio
de suerte, que nos fue fuerza
a ellos y a mí retirarnos;
a ellos, porque no quisieran
ser conocidos; y a mí,
por tomar a la hora mesma
postas y salir de Parma.
Diréis que ¿qué conveniencia
tuve en salir tan apriesa?
Oíd; que, dejando en esa
parte el rigor de una ingrata,
que, infamemente halagüeña,
aún más que con los desprecios
con los favores se venga,
diré el motivo que tuve,
pues saberle vos es fuerza.
Ellos bien saben quién soy,
claro es; pero, aunque lo sepan,
no han de atreverse a decirlo,
por no dejar manifiesta
tan malograda venganza.
Y así, quise con presteza
yo para con los demás
desmentir el lance; fuera
de que pienso que aseguro
al duque, cuando algo entienda,
de que no fui yo, probando
la coartada con mi ausencia;
pues llevando de Milán
más por extenso las señas,
cuando a ellos no los desvele,
al duque y a otros es fuerza;
y por lo menos se hace
duda, Félix, la que fuera,
si acaso se traslucía
que estaba en Parma, evidencia.
A este fin partí tras vos,
presumiendo que pudiera
–supuesto que corre más
quien huye que quien se ausenta–
alcanzaros antes que
hicieseis la diligencia;
pero, informado ya en casa
del príncipe que está hecha,
y vos hospedado aquí,
vengo para daros cuenta
de todo. Ved vos ahora
qué haremos para que tenga
tanto prevenido daño,
ya que no reparo, enmienda.
Félix Con atención os he oído,
teniendo el alma suspensa,
ver que en pecho de mujer
tan no vista traición quepa
como halagar con favores
para matar con violencias.
Pero al fin, dejando aparte
sus rencores –quien de ellas
dijo que eran, enojadas,
hidra sobre hidra puesta–,
voy a que habéis hecho bien
en venir, pues con la ausencia
se desmiente un algo, cuando
el todo no se desmienta.
Lo malo que hay es que yo,
a causa de otra novela
no menos estraña, aunque
es más feliz, tengo hecha
la visita ya y la carta
dada; y así, será fuerza
que seamos en Milán
aquestas carnestolendas
que el príncipe me detiene,
vos don Félix, yo don César,
hasta que juntos volvamos,
pues cabe en la amistad nuestra
el que acompañándoos vine;
y, una vez allá de vuelta,
¿quién nos ha de averiguar
si César o Félix era
el que dio o no dio la carta?
César Está bien; sólo quisiera,
si sobre tantos rigores
diese a mi discurso treguas
la memoria de una ingrata
–que aún no acierto a aborrecella–,
saber, supuesto que anoche
llegasteis, según mi cuenta,
¿qué os movió a hacer la visita
tan presto, y de qué manera
el justicia os hospedó?
Félix Decíroslo todo es fuerza.
Oíd; que a fe que no es mi historia
menos rara que la vuestra.
Apenas llegué a Milán
ayer, cuando llegué a penas,
pues aun antes de dejar
las postas...
Sale Tristán.
Tristán Lidoro entra.
Félix Después lo sabréis.
Sale Lidoro.
Lidoro Tristán,
la hostería de la Estrella
tiene la ropa: id por ella,
que en llegando os la darán.
Tristán ¡Y cómo que iré!, que tengo
allá mi hacienda, y aquí
no hay quien se duela de mí.
Vase.
Lidoro Perdonad, César, si vengo
tarde; que un negocio ha sido
bien grave, por ser de honor,
para que el gobernador
me llamó, y él ha tenido
la culpa de no volver
más presto. Y aun ahora no
es muy despacio, pues yo
traigo orden de prender,
si a Milán revuelvo, a un hombre
que diera por hallar hoy
cuanto valgo y cuanto soy,
y no le sé más que el nombre.
Félix A don César.
Yo al príncipe ir a ver quiero,
y desde allí podréis vos
iros; venid con los dos.
Lidoro ¿Quién es este caballero?
Félix Un amigo mío, señor,
que hoy a un negocio ha venido
a Milán; y, habiendo oído
que aquí estoy, me ha hecho favor
de venirme a ver. Llegad,
don Félix.
Lidoro (¡Qué es lo que oí!).
¿Don Félix se llama?
Félix Sí.
César Suplid a mi cortedad
el no besaros la mano,
antes que en César tuviera
tan buen padrino.
Lidoro (Aunque quiera
escusarlo, será en vano).
Vuestra gallarda persona
crédito es de vuestra fama.
¿Don Félix... de qué se llama,
César?
Félix Don Félix Colona.
Lidoro ¿Don Félix Colona?
Félix Sí.
¿De qué os habéis suspendido?
Lidoro Pésame de haberlo oído.
César ¿De oír mi nombre os pesa?
Lidoro Sí,
porque, aunque hoy os he buscado,
cuanto antes de ahora hubiera
dado por hallaros, diera
ya por no haberos hallado.
César Pues ¿qué novedad, señor,
os hace el nombre?
Lidoro No sé
cómo os diga, César, que
me va ser, vida y honor
en prenderle; y, siendo así,
siento hallarle, ¡vive Dios!,
hoy en mi casa con vos.
Félix ¡Prender a don Félix!
Lidoro Sí.
César ¡A mí! ¿Por qué?
Lidoro No os hagáis
de nuevas, pues vos sabéis
mejor que yo si tenéis
causa o no; pues que dejáis
escalada, entrando en ella,
la casa de un caballero,
muerto un anciano escudero
y robada una hija bella.
El duque de Parma ha escrito
ahora al gobernador
esta tragedia de amor,
avisando del delito
por que, si venís aquí,
os prenda a vos y a la dama.
Aurelio el padre se llama,
Violante ella; y, si es así,
ved y entended bien los dos
qué es lo más que puedo hacer;
que dejarle de prender
no puedo, aunque esté con vos.
César (¿Quién vio duda semejante?
¿A Félix busca y no a mí?).
Félix (¡A mí y no a César! Pues ¿fui
nunca yo el que amé a Violante?).
César (¿Para matarme me miente,
y dice que la he robado?).
Félix (No soy yo el enamorado,
¿y he de ser el delincuente?).
Lidoro ¿Qué decís?
César Señor, que yo
casa ni dama he robado,
Lidoro Yo me holgaré de que no
seáis vos, pues con eso, aquí
poniéndoos hoy en prisión,
cumplo yo mi obligación
sin riesgo vuestro, y así
por preso os tened.
Félix Mirad
que algún engaño ha podido
dar a entender que haya sido
Félix de esa novedad
agresor.
César Quizá se erró
quien el nombre os dijo aquí.
Lidoro ¿Sois Félix Colona?
César Sí.
Lidoro ¿Hay otro allá en Parma?
César No.
Lidoro Pues vos sois el que me han dado
por orden; y, pues ha sido
dicha haberos acogido
de don César al sagrado,
mejor será que tratemos
por los más suaves modos
de que quedemos bien todos
antes que nos empeñemos.
Yo no me espanto de nada,
y advertid que soy –primero
que justicia– caballero
y, que a no serlo, mi espada
hallarais a vuestro lado;
que ya sé que es noble error
el que nace de un amor
que injusto persigue el hado.
Parezca, pues, esta dama.
Decid dónde está; por ella
iré yo, para traella
a mi casa. De su fama
y su honor quiero yo ser
medianero, y acabar
de una vez vuestro pesar.
César ¿De quién pudiera yo hacer
más confianza, señor,
que de vos? Si la tuviera,
¡vive Dios!, que os lo dijera;
y vuelvo a decir que error
padecéis, porque no ha sido
Félix a quien ha pasado
ese lance.
Lidoro Si es causado
de error, doyme a otro partido,
que es, ya que llegué a ofreceros
el favor que espero daros,
ni prenderos ni dejaros;
pues dejaros ni prenderos
será en duda tan cruel
decir que esperéis los dos.
No queda preso; mas vos
me habéis de dar cuenta de él.
(De estar aquí echaré fama,
y así, poniéndole espías,
hoy las diligencias mías
han de descubrir la dama).
Vase.
César ¿Qué es, Félix, lo que nos pasa?
Félix A mi discurso debiera
mucho, si yo lo supiera.
César Que haya escalado la casa
de Aurelio y Violante yo,
alguna luz tiene, vaya;
mas ser yo vos, y que haya
robado a Violante, no
sé que haya quien lo entienda.
Félix Ni yo que el mismo que aquí,
por ser yo vos, me honra a mí,
hoy a vos, por ser yo, os prenda.
César ¿Por mí os honra?
Félix Por pensar
que sois vos, aquí me tiene.
César A mí prenderme previene,
por llegar a imaginar
que sois vos.
Félix Aunque no pueda
bien aquí, habla; dentro vamos;
sabrelo hoy yo, mas no estamos
–que dudo que me conceda
alguna luz mi cuidado–
para hallarnos tal suceso
a vos con mi nombre preso
y a mí con el vuestro honrado.
César Justo es que uno y otro asombre.
Mas ¿qué pensáis?
Félix Venid, pues;
que lo que es no sé, si no es
dicha y desdicha del nombre.
Vanse.
Salen, como de camino, Violante y Nise.
Violante ¿Dónde Fabio ha salido?
Nise Pienso, señora, que a buscar ha ido
por todas las posadas y hosterías
si hay nuevas de don César.
Violante Ansias mías,
¿dónde pensáis llegar número tanto
como vais añadiéndole a mi llanto?
Ved que, si a cada paso se acrecienta,
perderá el mismo número la cuenta.
¿Quién creerá, ¡ay, infelice!, que afligida,
sin ser, sin fama, sin honor, sin vida,
venga yo desta suerte,
tropezando en las sombras de mi muerte?
Mas todos lo creerán, por que aún no sea
alivio ver que alguno no lo crea.
¡Nunca, Nise, hubiera
dado a partido el pecho de una fiera,
pasando tan violento
a ser amor quien fue aborrecimiento!
¡Nunca a César llamara
a mis jardines! ¡Nunca me enviara
aquel aviso él de que vendría!
Y ya que fuese tal la suerte mía
que mi padre le viese,
¡nunca conmigo tan piadoso fuese,
que allí no me matase!
¡Nunca la noche, ay, infeliz, llegase,
en que estando encerrada,
después que hubo fingido su jornada,
esperó a César! ¡Nunca de su efecto
se siguiera aquel ruido; y, en efecto,
nunca piadoso Fabio,
hurtándome a las iras de su agravio,
me rompiese la puerta;
y nunca yo saliese, al verla abierta,
a buscar a don César, que amparara
mi vida! ¡Nunca, ya que no le hallara
la triste suerte mía,
me hubieran dicho que a Milán venía!
¡Nunca tras él, pisándole la huella,
el mesón me hospedara de la Estrella,
pues ya desde este día
a todo será mala, por ser mía!
Nise ¿A quién, señora, dices,
pues yo las sé, tus penas infelices?
Violante A mí, Nise, a mí misma me las digo.
Déjame a solas descansar conmigo;
que un dolor sólo al llanto se sujeta.
Sale Tristán con dos maletas.
Tristán ¡Gracias a Dios que di con mi maleta!
De mi amo no; que, aunque también a vella
llegué, él allá dará las gracias della.
Vamos, pues, componiéndolas ahora
para cargar con ellas.
Nise ¡Ay, señora!
¿No es aquél el criado
de don Félix?
Violante Él es. Ya mi cuidado
alguna luz halló. Ventura ha sido
que Félix a Milán haya venido;
pues siendo tan amigo
o sabrá de él o, a su amistad atento,
se encargará, ¡ay de mí!, de mi tormento.
Llámale... Mas detente.
Nise Pues ¿qué reparas?
Violante Un inconveniente.
¿Qué sé yo, si que estoy aquí le digo,
si se embarazará Félix conmigo
y, cuando a verme venga,
ya la disculpa prevenida tenga
para no hacer empeño?
Que el más amigo no obra como dueño,
y aun podrá ser no venga, y que se esconda.
Tristán El entremés parece de la Ronda.
Violante Y así, fuera mejor que no supiera
de mí hasta que me viera.
Nise Buen remedio. Al criado
seguiré yo; y habiéndome informado,
irás cuando la casa yo te avise.
Violante No has dicho mal. Mas dime, ¿cómo, Nise,
irás, que el verte no le cause espanto?
Nise El más breve disfraz es el de un manto,
y españolas que están en la posada
nos los darán.
Violante Ven, pues, que poco en nada
repara la que ya lo perdió todo.
Vanse las dos.
Tristán Ellas han de ir de un modo u de otro modo.
Sin ser Corito, hoy ganapán me llamo.
¡Cuál pesa la maleta de mi amo!
No porque en ella más dinero arguya,
sino porque una es mía y otra es suya;
y en el más leal criado es silogismo
que pesa más lo ajeno que lo mismo.
Vase.
Sale Nise, tapada, y ándase tras Tristán.
Nise (No he de perderle un punto en todo el día).
Tristán Ya ha rato que reparo, reina mía,
que tras mí llevo, hurtándome las tretas,
otra maleta más que mis maletas.
¿Mándame algo? ¿Qué no? Bien, por mi vida.
(¿Si es ésta la de hoy que, arrepentida,
cobrar pretende, cuando así me topa,
su joya, al ver que pareció la ropa?).
Nise Vaya usted su camino.
Tristán ¿Hablar sabéis? No sois la que imagino.
Nise (Vuelvo a seguirle ahora).
Tristán Oye usted, mi señora:
si, por ser forastero,
piensa que en las maletas va dinero,
y al husmo viene, holgándose de vellas,
maldita sea de Dios blanca hay en ellas.
Una camisa mía podré dalla,
si una abro; mas será para lavalla;
y, si a otra cosa su discurso pasa,
escríbame un papel, que ésta es mi casa.
Nise Huélgome de sabella.
A más ver. (Ahora mi ama vendrá a ella).
Vase.
Tristán Sólo a saber la casa me seguía.
¿Si se obligó de ver la bizarría
con que vengo sudado?
Éntrase.
Salen don César y don Félix.
César Raras cosas, por Dios, me habéis contado.
Félix Todo esto desde ayer me ha sucedido.
César En fin, en cuanto habemos discurrido,
nada a alumbramos, Félix, es bastante
al oír que vos robasteis a Violante.
Félix Eso, y el faltar ella, siendo suya
la traición, no hay ingenio que lo arguya.
Sale Tristán, y arroja las maletas. Tristán, ¿dónde has estado?
Tristán Fui a una pendencia en que salí cargado.
Si esto ves, ¿qué preguntas? ¿No es bien cierta
mi ocupación?
Llaman dentro.
Félix ¿No llaman a esa puerta?
Mira quién es.
Tristán ¡Mal haya
yo, cuando a abrirla vaya!
Félix ¿Por qué?
Tristán Porque me corro
de ver que esa es la puerta del socorro,
y, cuando entren por ella cien regalos
para ti, para mí entrarán cien palos.
Félix Anda, ve, no seas loco.
Tristán Señora muda, espere uced un poco.
Vase.
César Dos damas disfrazadas
a la española son, y aún tan tapadas.
Félix Las que os conté serán.
César Adentro espero
por que no se embaracen.
Vase.
Félix Cerrar quiero
la puerta que confina
a esotros cuartos, por que Serafina,
Flora, ni otras criadas
sepan que entran aquí damas tapadas.
Salen Serafina y Flora, tapadas, y Tristán.
Serafina Aunque de vuestra salud
noticias hoy he tenido,
por que quejosos no estén
los ojos de los oídos,
pasando acaso por esta
calle, veros he querido
por ver lo que escuché antes.
Félix Ambas finezas estimo
con el reconocimiento
que debo a tan nuevo estilo
de obligar.
Serafina Es más, don César,
de lo que habréis presumido,
lo que os debo, y así es menos
lo que os pago.
Félix En nada os sirvo
porque aventurar un hombre,
si sois vos la que imagino,
la vida por una dama,
es empeño tan preciso
que no hay por qué agradecerle,
pues obra en él por sí mismo.
Serafina La que imagináis soy; pero
no a vuestra razón me rindo,
pues obrar por vos no es
no ser en mi beneficio,
y no quita el ser la causa
vuestra, al efecto el ser mío.
Félix Dijo un cortesano...
Serafina ¿Qué?
Félix ...que era el ingenio de vidrio,
y ahora veo que el concepto
no erró.
Serafina Pues ¿por qué lo dijo?
Félix Por lo que se transparenta,
señora, con cualquier viso.
Discreta sois, y os importa
desvanecer un peligro
que trae tras sí lo discreto.
Serafina Con buen aire me habéis dicho
el pesar de si soy fea.
Félix Con desmentirme os le quito.
Serafina No soy tan de vista.
Félix Pues,
si por aquí no os obligo,
a vuestro primer concepto
vuelvo de los dos sentidos.
Vos, por que no estén quejosos
los ojos de los oídos,
queréis ver lo que escucháis;
pues yo, por los propios filos,
lo que escucho ver deseo.
No os retiréis: descubríos.
Sepa a quién tantos favores
debo; mirad que es indicio
de traición guardar la cara.
Serafina Antes tengo yo entendido
que hacer favor y esconderla
es crecer el beneficio,
pues es no querer que quite
el quedar agradecido.
Félix No puedo dejar de estarlo
de vos ya, bien que ofendido
de vos también.
Serafina Pues ¿qué ofensa
mi agradecimiento os hizo?
Félix ¿Qué? El de pasar de un pañuelo;
que dones dama dar ricos
como joyas, más son paga
que favor; y así os suplico
me deis licencia de que
a esa criada...
Serafina Ya estimo
más no haberme descubierto.
Félix ¿Por qué?
Serafina Porque no hayáis visto
los colores que a mi rostro
me van saliendo de oírlo.
Félix No os creeré, si no los veo.
Serafina A eso sólo no me animo;
que, aunque no soy fea que espanto,
con más causa lo resisto
que imagináis.
Félix ¿Cómo?
Serafina Como
a Serafina habréis visto,
de quien dicen en el barrio
que es un admirable hechizo,
y tras ella, pareceros
bien no puedo.
Félix En gran conflito
me habéis puesto.
Serafina Yo, ¿por qué?
Félix Porque, si ser verdad digo
que es hermosa, es ser grosero
con vos, aunque no os he visto;
y, si no lo digo, es serlo
con ella.
Serafina Pues, indeciso,
podéis dejar por ahora
para otra ocasión el juicio.
Tristán A Flora. ¿Ha cobrado uced su habla
desde hoy acá?
Flora Un poquito.
Tristán De usarced y de una Flora
que hay acá en casa, imagino
que hiciéramos un buen medio.
Flora ¿Cómo?
Tristán Como habla infinito
ella y uced calla; y así,
prendidas en un orillo,
en términos monetarios,
hicieran buen equilibrio.
Flora Señor Tristán, las mujeres
no han de perder por su pico,
porque el hablar mucho es
perniciosísimo vicio.
Tristán Si me predicara ahora
uced, habiendo venido
de tramoya y con su ama
a vernos, fuera lo mismo
que un ciego que por las calles
iba pregonando a gritos
el acto de contrición
y coplas de Calaínos.
Flora Parece eso lo que una
dama a un caballero dijo.
Tristán ¿Qué fue?
Flora Haga uced que en martas
me aforren ese silicio.
Tristán Mas ¿que poco a poco uced
y Flora son de un oficio?
Flora Mas ¿que mucho a mucho son
Tristán y uced dos borricos?
Félix Poco, señora, con vos
vale el ruego de un rendido.
Serafina ¿Por qué, si en no descubrirme
nada os doy y nada os quito?
Félix ¿Cómo?
Serafina Como a una tapada
favorecisteis altivo,
y, si una tapada veis,
claro es que en igual partido
sólo es ponerse el favor
la máscara del delito.
Quedad con Dios; que otro día
me veréis y yo os afirmo
que no pasará de hoy.
Félix Esperad, no habéis de iros,
que, si de necio si os dejo,
u de grosero si os miro,
no puedo escapar, mas quiero,
ya que ambos daños elijo,
el menor, y...
Llaman dentro.
Lidoro dentro. Abrid aquí.
Félix ¿Quién llama con tanto ruido?
Serafina ¿No es voz de mi padre?
Flora ¡Y cómo...!
Félix Mira, Tristán, quién ha sido.
Serafina No lo miréis, hasta que
me vaya, pues imagino
que aquí ha de haber otra puerta.
Félix Eso no. (Porque es indigno
por Serafina, salir
por su cuarto). Y lo resisto,
porque no fuera razón
que piensen que desestimo
el honor del hospedaje.
Tristán ¡Malo es esto, vive Cristo!
Señor, Lidoro es quien llama.
Serafina Que me dejéis, os suplico,
salir por aquí.
Félix Eso no;
que no importa que conmigo
esté una dama, y importa...
Serafina ¿Qué?
Félix ...que yo falte al debido
respeto de Serafina;
y por ella, si os lo digo,
no quiero que salgáis.
Serafina Ella
lo estimará, y yo lo afirmo.
Félix ¿De qué suerte?
Serafina Desta suerte,
ya que me es fuerza decirlo.
Descúbrese. Ved si queréis que me vea.
Félix Ni imaginarlo. Idos, idos
presto; que, por que aun la sombra
no alcance a ver, me anticipo
a abrirle, por detenerle,
mientras vos abrís, yo mismo.
Vanse don Félix y Tristán.
Serafina Ven, Flora.
Flora Presto, que entran.
Abre ella la puerta, y al salir entra tapada Violante y Nise.
Violante Que me digáis os suplico,
si es éste el cuarto de Félix.
Serafina ¿Qué sé yo cúyo es ni ha sido?
Vanse Serafina y Flora.
Nise Enojada va esta dama.
Violante Allí hay quien podrá decirlo.
Salen Lidoro y don Félix.
Félix ¿En vuestra casa, señor,
con tanto escándalo y ruido
llamáis?
Lidoro Sí, pues en mi casa
tan como estraño me miro
tratar que, sobre no abrirme,
estoy en ella ofendido
de quien más servir deseo.
Félix ¿En qué, señor, os desirvo?
Lidoro En mucho.
Félix (¡Ay de mí, infelice,
de todo viene advertido;
y es lo peor que Serafina,
u de helada no se ha ido,
o la puerta que encontró,
sin duda abrir no ha podido!).
Sale don César.
César ¿Qué ruido es éste, señor?
Violante ¡Ay, Nise! A César he visto.
Nise Llégale a hablar.
Violante No me atrevo
ahora con tantos testigos.
Oye y calla.
Lidoro ¿Qué ha de ser
sino andar los dos conmigo
tan dobles...
Félix Él se declara.
Lidoro ...que tratar no hayáis querido
mi amistad por caballero
primero que por ministro?
¡Bueno es preguntaros yo
hoy a los dos, como amigo,
dónde aquella dama estaba,
para haceros el servicio
de componer vuestro duelo,
negarlo, y no haber corrido
bien la voz de que está preso,
cuando os busca!
Violante (¿Preso, dijo?).
Félix (Ya esto no importara nada,
como ella se hubiera ido).
Lidoro De las espías que puse
a ambas puertas, una dijo
que preguntó por don Félix;
y, pues salir no ha podido,
porque están tomadas todas,
yo la hallaré, ...y ya la he visto.
Félix Señor, esta dama no es
la que habéis presumido,
que aquí acaso entró esta dama.
Lidoro A hombres tan recién venidos
no buscan damas acaso,
y en mi casa. Apartad, digo.
Señora, ya conocida
estáis, y así, descubríos.
César A don Félix.
Él presume que es Violante.
Félix César, cuidado conmigo;
que hay más empeño: estas dos
que pensáis...
Violante (¡Qué es lo que he oído!).
Lidoro ¿Vos no sois Violante, hija
de Aurelio? ¿No habéis venido
a buscar aquí a don Félix?
Violante (¿Qué es esto, cielos impíos?
¿Quién tan aprisa a este hombre
toda mi vida le ha dicho?).
Sí, señor, Violante soy...
Descúbrese.
Félix (¡Cielos! ¿Qué es esto que miro?).
César ¡Cielos! ¿Qué es esto que veo?
Violante Que en manos de mi destino,
buscando a don Félix vengo
adonde a César he visto
y adonde favor aguardo,
pues a vuestros pies me rindo.
Félix (¿Qué es esto? ¿Quién de un instante
a otro tan gran trueco hizo?).
César ¿Qué es esto? ¿Cómo, o por dónde
Violante a esta casa vino?
Lidoro Ved ahora si engañado
estoy de vos.
César Pues admiro
el verla, no os engañé.
Ingrato, fiero enemigo
de mi alma y de mi vida,
¿quién, o cómo te ha traído
aquí?
Violante ¿Qué dudas, si sabes
que eres tú sólo a quien sigo,
corriendo por ti fortunas,
ansias, riesgos y peligros?
Lidoro Mirad, don César, si es ella.
César ¿No bastó, traidor prodigio,
tu engaño allá, sino aquí?
Violante ¿Qué engaño?
César El de tus estilos.
Violante ¡Bien me pagas!
César ¿Qué te debo?
Lidoro No es tiempo de eso. ¡Muy lindo
es ponerse a averiguar
cuentas! Ahora conmigo
venid, señora; que yo,
aunque no se lo he debido
a don Félix ni a don César,
soy quien soy, y a hacer me obligo
siempre lo mejor. Y vos
esperadme...
Violante Ciega os sigo.
Lidoro ...porque en dejando en el cuarto
–no por vos, mas por mí mismo–
de Serafina a Violante,
preso habéis de ir a un castillo.
Vanse Lidoro, Violante y Nise.
César ¡Violante, cielos, aquí...
Félix ¡Serafina aquí conmigo...
César ...diciendo que busca a Félix!
Félix ...con la acción de aquel peligro!
César Félix, ¿qué es esto?
Félix Mal puedo
saberlo.
César ¿Luego preciso
será que el tiempo lo diga?
Félix Sí. ¡Quién supiera un camino
de quitarle tiempo al tiempo,
y apresurara el decirlo!

Jornada Tercera

Salen Lidoro y Serafina.
Lidoro Muy enojada estás.
Serafina ¿No
tengo razón?
Lidoro Sí la tienes,
mas no para tanto extremo.
Serafina ¿Cómo no, cuando procedes
tan poco atento –perdona
que lo diga desta suerte–
conmigo, que no tan sólo
a casa me traes un huésped,
pero a mi cuarto una dama
que de amor corriendo viene
fortunas, y...?
Lidoro Aguarda, espera;
que quiero satisfacerte
a ambas cosas, por que no
quejarte con razón pienses
de mí. Aqueste caballero
–ya te lo he dicho otras veces–
es hijo de un grande amigo,
de quien hoy tengo presente
la obligación de la vida.
Pensé que a otro día se fuese;
si a causa de festejarle
el príncipe se detiene,
por ser éstos en Milán
tan festivos, tan alegres,
¿qué culpa he tenido yo?
La dama a amparar me mueve
saber que es ilustre dama;
y, aunque es verdad que accidentes
de amor deslucen tal vez
la sangre más excelente,
hace mal el hombre que
no los restaura, si puede;
pues, aunque niegues que obligan,
no negarás que enternecen.
Demás desto, el caballero
que hasta aquí siguiendo viene
es amigo de don César;
llegué a prenderla y prenderle
en mi casa y a su lado;
y debo satisfacerle
de que, justicia y amigo,
cumplo con todo igualmente.
Y, si he de decirlo todo,
hay más causas que me fuercen
a agasajarle: su sangre
es ilustre sumamente,
su hacienda es mucha, la gracia
del duque de Parma tiene,
como a su deudo le trata,
y sobre todo esto adquiere
mi obligación y cariño;
no me obligues –cuerda eres–
a que te diga –esto basta–
que podría –no te pese–
ser que se quedase dueño
el que ha venido por huésped.
Vase.
Serafina ¡Qué escucho, cielos! Albricias,
alma; que hoy es solamente
el día que a su pesar
el mal en bien se convierte.
Cuando temerosa estaba
de que mi padre entendiese
algo de mí, ¿no tan sólo
hallo lance que lo enmiende,
mas lance que lo mejore?
Flora...
Sale Violante.
Violante Señora, ¿qué quieres?
Serafina A una criada llamaba.
Violante No que te has errado pienses;
que por eso he respondido
y puesto que en mí la tienes.
Serafina Guárdete el cielo, Violante;
que no quiero que te muestres
tan fina; que en esta casa
huéspeda, no criada, eres;
que, aunque es verdad que sentí
que mi padre te trujese
a ella, enternecida ya
de tus fortunas, me tienes
por amiga; que te debo
mucho.
Violante ¡A mí! Pues ¿qué me debes,
si solo un mal ejemplar
es lo que pude traerte?
Serafina Aquese ejemplar, Violante,
que tan malo te parece,
quizá es bueno para mí;
y tú no sabes ni entiendes,
cuando vienes a mi casa,
a cuán buena ocasión vienes.
Violante Pues ¿en qué puedo servirte?
Serafina En nada; que en lo que puedes,
ya lo has hecho.
Violante Pues, señora,
ya que piadosa agradeces
lo que no sé que por ti
haya hecho, justamente
a buena fe de obligarte
podré un favor merecerte.
Serafina En cuanto pueda me obligo
a ayudarte. ¿Qué me quieres?
Violante Yo no quiero disculparme,
y así, por la culpa empiece;
que en quien la tiene es disculpa
solo el decir que la tiene.
al cabo de algunos días
de rigores y desdenes,
bien a pesar de mi sangre,
pues dio a un primo mío muerte,
favorecí a un caballero,
que es el que conmigo prende
tu padre en su misma casa;
pero con tan poca suerte,
que al primer favor perdí
la vida, por que se muestre
en mí que de enojo a amor
no se pasa fácilmente,
sin que los cielos dispongan
precisos inconvenientes,
como en castigo de que
nadie ame lo que aborrece.
Perdóname que mi historia
tan por extenso te cuente;
que, como voy a obligarte,
solicito enternecerte.
Escribile que a un jardín
viniera una noche a verme;
respondiome que vendría.
Lo que debió de moverle
fue que no pensase yo
que otro día estaría ausente,
respeto, ¡ay de mí!, que el duque
le mandaba que viniese
a esta jornada. Mi padre
vio el papel...
Serafina Oye, detente.
¿Qué viniese a esta jornada
le mandó el duque?
Violante Ese
fue el daño para que él
se obligase a responderme.
¿En qué has reparado?
Serafina En nada.
Divertime, y por hacerme
capaz... Prosigue.
Violante Mi padre
vio el papel y, aunque imprudente
disimular pretendió,
no pudo, y haciendo fuerte
prisión de mi cuarto...
Serafina Y dime,
¿es él el que a Milán viene
de parte del duque?
Violante Sí.
Mucho, ¡ay de mí!, te diviertes.
Serafina Estoy triste, no te espantes.
Violante Dejarelo, si te ofendes.
Serafina Yo ¿de qué? Prosigue.
Violante Temo,
señora...
Serafina ¡Ay de mí! ¿Qué temes?
Violante Que no atenderá al remedio
la que al peligro no atiende,
y así, mejor es dejarlo.
Serafina Engáñaste; que antes quiere
la que se informa mejor,
saber mejor lo que emprende.
Violante Llegó la noche infelice,
sin que aviso mío tuviese
de que mi padre esperaba
con armas oculto y gente.
Serafina ¿El que había de venir
a Milán?
Violante El daño fue ese.
Serafina (Acaba ya de nombrarle.
Si ya no es que hacerse quieren
también de rogar los males,
por dar envidia a los bienes).
Violante Vino, en efeto.
Serafina ¿Quién vino?
Violante César, que se fingió ausente.
Serafina ¡César!
Violante Sí.
Serafina (¡Nunca acabaras!
¡Ay de mí! ¡Qué neciamente
hice en darle priesa al mal,
una vez que él se detiene!).
Y en fin...
Violante Lo que sucedió
no lo sé yo formalmente;
solo sé que oyendo el ruido
de pistolas y broqueles,
entre mi padre y mi amante
el alma tenía pendiente,
cuando un criado anciano mío,
cruel, pensando que clemente,
rompió la puerta del cuarto;
yo entonces...
Serafina Por que no deje
de entenderlo todo, dime,
si era César, ¿cómo vienes,
cuando vienes a mi casa,
buscando en ella a don Félix?
Violante Porque es un amigo suyo,
que sin duda por hacerle
compañía, con él vino.
Serafina Bien está; al discurso vuelve.
Violante Yo entonces –aquí quedamos–
llegando en un tiempo a verme
presa entre tantos embates,
libre entre tantos vaivenes
de honor, fortuna y amor,
sin saber lo que me hiciese,
salí a la calle. No aquí
me culpe nadie, pues –siempre
mal consejero– el temor
a lo peor se resuelve;
y así, ampararme no fue
de amigas ni de parientes,
sino del cómplice mismo
del daño, por parecerme
que sólo se opone al daño
quien como propio lo siente.
No le hallé.
Serafina Pues ¿a qué fin,
aunque aquel su amigo fuese,
preguntaste por él antes
que por el mismo a quien vienes
buscando?
Violante Porque un criado
que vi, era de don Félix,
y no suyo.
Serafina Y en efecto...
Violante Llegando de él a valerme,
no le hallé. Supe en su casa
que en aquel instante breve
había venido a Milán.
Sola y triste, en mal tan fuerte,
tropezando a cada paso
con las sombras de mi muerte,
me pareció que no estaba
segura en ningún albergue,
sino dentro del delito,
sagrado que tantas veces,
por más desimaginado,
favoreció al delincuente;
y así, hice al mismo criado
que a aquella hora dispusiese
una carroza y...
Serafina Pues ¿cómo
los avisos que acá vienen
de que te busquen, no dicen
con César, sino con Félix?
Violante ¿Quién tal dice?
Serafina Yo lo digo,
y lo prueba claramente
ser Félix el preso, y no
César.
Violante Mucho te suspenden
tus tristezas. ¿Ahora sales
con eso? Yo finalmente
–que al verte tan divertida
es bien que el discurso abrevie–
a tus pies llego, señora,
fuese del modo que fuese;
a ellos estoy, y así en ellos
que halle amparo es evidente,
no porque soy desdichada,
sino porque eres quien eres.
Y así te suplico que
en mis desventuras medies
con tu padre y con mi padre;
que no dudo, cuando a él llegue
esta nueva, venga aquí.
Disponlo tú antes de suerte
que ya con César casada
me halle, por que se remedien
de una vez tantos pesares;
que yo, por no entristecerte,
quiero a llorar retirarme,
por que tu mal no se aumente
con el mío; que hay quien diga
no ser penas diferentes
las que pasan entre quien
ve padecer, y padece.
Vase.
Serafina Es verdad; y más, ¡ay, triste!,
cuando el que ve sentir siente
lo mesmo que ve sentir,
bien como a las dos sucede,
pues equivocando
a César y a Félix,
ni entiendo sus males
ni sé de mis bienes;
dice mi padre que César,
que vino a casa por huésped,
podría ser, ¡ay, cielos!, que
por dueño en ella se quede;
y apenas a mis venturas
prevenía parabienes
de que a quien debo la vida
venturoso asunto fuese
de la elección de mi padre,
cuando otros inconvenientes,
por que no corran mis dichas,
las ponen en que tropiecen.
¡Oh, en qué breve instante!
¡Oh, en qué tiempo breve
ser saben pesares
los que eran placeres!
Aquí del discurso mío:
¿cómo, si esta mujer viene
con don Félix avisada,
siendo su amante don Félix,
me sale ahora con que
es don César, y pretende
que mientan todos allá,
y ella diga solamente
verdad aquí? Y dado caso
que César su amante fuese,
¿cómo no lo dice cuando
ve que es Félix a quien prenden?
Pues una de dos
es precisamente,
o que mienten ellos,
o que ella es quien miente.
¡Ah! Entre tantas confusiones,
¡qué diera yo por no haberme
empeñado agradecida,
y ver ahora libremente
mejor de afuera los lances!
Mas ¿quién, ¡ay, infeliz!, puede
prevenir antes el daño,
si aun después no le previene
el discurso? Que no están
casuales accidentes
sujetos a la razón,
y más de quien no la tiene.
¡Qué tarde que llora
quien presto se atreve,
pues la dicha es nunca
y el peligro es siempre!
Y ya que me empeñe, cielos,
piadosa en agradecerle
el favor, ¿quién me metió
en que disfrazada fuese
a hacer vanidad, a hablarle?
Mas ¿a qué mujer parece
que vence con la hermosura,
si con el alma no vence?
Y es verdad, porque el ingenio
ni sabe ni cree ni entiende
que es vitoria la que no
le consagra a él los laureles.
Porque enamorar
sólo lo aparente,
un mármol lo hace
que ni habla ni siente.
¡Mal hubiesen de mi patria
las licencias, que conceden
al pundonor sus disfraces!
Mas ellos, ¿qué culpa tienen,
si quien usa de ellos mal
es solo quien la comete?
Y así ¡mal hubiesen, digo
otra vez y otras mil veces,
mis vanidades!, pues ellas
la han tenido solamente;
y aun ellas no la han tenido,
sino, ¡ay de mí!, si se advierte
que cuando a otros matan
porque no agradecen,
ser agradecida
me ha dado la muerte.
¡Qué diera a estas horas yo,
ay, infeliz, por no haberme
descubierto!, pues con eso
el Etna que el alma enciende,
hipócrita de su fuego,
yo le cubriera de nieve.
Pero descubierta, huir
el rostro que llegó a verme
una vez, no, no ha de ser.
Perdone el inconveniente;
que no han de darse a partido
tan bajo mis altiveces.
Que es bien que los hombres
que tenemos piensen
que traen ley del duelo
también las mujeres.
Flora...
Sale Flora.
Flora Señora, ¿qué mandas?
Serafina Que al cuarto de César llegues
y, como que de ti sale,
le digas que estoy en ese
jardín. (A campaña os llamo,
dudas, temores, desdenes,
engaños, penas, rigores,
ansias, iras, accidentes,
recelos, desdichas, miedos,
discursos y agravios fuertes;
salid todos, u diré
que vuestro miedo os detiene.
Mas, ¡ay!, que si celos
sabéis que me ofenden,
¿quién a una mujer
celosa no teme?).
Vase.
Flora ¿Qué será esto? Mas a mí,
¿quién en discurrir me mete,
que me haré vieja en dos días?
Tristán...
Sale Tristán.
Tristán ¡Oh, Flora excelente,
que siendo flora italiana,
floresta española eres!
¿Qué me mandas? Y tu ama,
¿no está en casa?
Flora No. Adiós.
Tristán No te has de ir –detente–
antes de hacer un concierto
conmigo.
Flora ¿Qué es?
Tristán ¿Cuánto quieres
por perder por mí tu juicio
media hora solamente,
y me moriré otra media
de amor por ti de repente?
Flora ¡Bien, nuevo concierto es!
Tristán No es muy nuevo.
Flora ¿De qué suerte?
Tristán Moríase un miserable...
Flora ¿Cuánto va que el cuento es ese
del que llamó al sacristán
y le dijo: «¿Cuánto quiere
vuesarced por enterrarme?».
Él dijo, supongo: «Veinte
reales». «¿Quiere diez y seis?»,
dijo. «Más costa me tiene»,
le replicó el sacristán.
A que respondió el doliente:
«Pues mire si le está bien,
y entiérreme en diecisiete,
porque no me moriré
como un cuarto más me cueste».
Así uced para morirse
por mí de amor, saber quiere
qué costa le ha de tener;
pues sepa, si el cuento es ese,
que una mona y sus amigas...
Tristán Eso no, mujer, detente;
quitar uno y dar con otro,
es beber arreo dos veces.
Criaba una dueña una enana...
Flora Yo empecé antes...
Tristán Aunque empieces,
yo me sigo.
Flora Un día...
Los Dos La dueña...
Flora ...la mona...
Sale don Félix.
Félix ¿Qué ruido es este?
Tristán Acá es un cuento de cuentos.
Flora Acá es un cuento de nueces.
Tristán ¡Válgate el diablo por dueña, ...
Flora Y por mona, que te lleve.
Tristán ...que nunca te he de acabar!
Flora ¡Que me han de embarazar siempre!
Félix Flora, ¿qué haces aquí? ¿Qué es
lo que por acá se ofrece?
Flora Avisarte que mi ama
sola en el florido albergue
de ese jardín está; yo,
por que, habiendo alguien, no llegues
–que no de todas se fía,
y más ahora que tiene
esa huéspeda–, cantando
varios tonos diferentes,
te diré en sus letras que
te retires o te acerques.
A Tristán. Cuidado conmigo. Adiós.
Uced mire que me debe
un cuento para otra vez.
Tristán Tú, dos para otras dos veces.
Félix ¿Con qué he de poder pagarte,
Flora, el favor que me ofreces?
Vase Flora.
Tristán En fin, ¿yo no he de saber,
señor, qué tapado duende
fue aquel que se transformó
en Violante?
Félix Necio eres.
¿No le has conocido?
Tristán No.
Félix dentro instrumentos. Pues no importa. Pero atiende.
Flora Canta dentro. «Al campo te desafía
la colmeneruela:
ven, Amor, si eres dios, y vuela».
Félix Que vaya dice; tú aquí
me aguarda.
Sale don César.
César ¿Dónde, don Félix,
sin decirme a lo que fuisteis,
os volvéis tan brevemente?
Félix Luego os diré que he acabado
con el príncipe que os deje
preso aquí Lidoro; que ahora
ocasión mi vida pierde,
que está sola Serafina
en la hermosa esfera alegre
dese jardín, y esa voz
me está diciendo que llegue.
César Esperad; que no habéis de ir.
Félix ¿Qué os obliga a detenerme?
César Algo me obliga.
Félix Dejadme.
César Hay mayor inconveniente.
Félix ¿Qué inconveniente, si dice...?
Flora Canta dentro. «Detén el curso y advierte
que, si raudales presumes,
precipitada te pierdes».
Félix Que me detenga, me avisa.
Decid, pues; pero sea breve,
porque, si vuelve a llamarme,
será preciso que os deje.
César No será. Salte allá fuera.
Tristán (¿De mí recatarse quieren?
Pues, por Dios, que he de escucharlos).
Vase.
César Oídme ahora atentamente.
Bien creeréis, Félix, de mí,
que vuestro gusto desea
mi amistad.
Félix Fuerza es lo crea.
César Vos, ¿no sois mi amigo?
Félix Sí.
César Pues una fineza...
Félix Hablad.
César ...por mí habéis de hacer.
Félix Sí haré;
mas ¿qué es la fineza?
César Que
no uséis mal de mi amistad.
Vos, don Félix, con mi nombre
estáis de Lidoro honrado,
asistido y festejado;
y así es fuerza que me asombre
que, con mi nombre, atrevido
seáis con aleve trato
vos a las honras ingrato,
que yo estoy reconocido.
Cuanto ha hecho por vos aquí
Lidoro, por mí lo ha hecho,
no por vos; y así sospecho
que el duelo me toca a mí
de que no quede ofendido,
yendo mañana los dos,
muy favorecido vos,
yo muy desagradecido.
Ya veis que justo no es
que haya en mi nombre cautela.
Flora Canta dentro. «Ven, Amor, si eres dios, y vuela».
Félix Yo os responderé después.
César No, sino agora.
Félix Cuando veo
que pierde la suerte mía...
Flora Canta dentro.
«Al campo te desafía...»
Félix ...la ocasión, ...
César Sí, eso deseo...
Serafina dentro. No cantes más.
Félix ...que es rigor,
y mirad
César Oíd, que un papel
echaron por esa reja.
Félix ¿Qué va que viene la queja
de lo que me tardo, en él?
César A César, dice.
Félix Mostrad,
pues yo soy César aquí:
oireisle, por ver si así
convenzo vuestra amistad.
Mas no es letra de mujer.
César Ya saber cúyo es aguardo.
Félix La firma dice «Lisardo».
César ¡Lisardo! ¿Qué puede ser?
Félix Lee. «Aunque pudiera tomar, ventajoso,
satisfación de la muerte de mi hermano Laurencio...»
Todo eso es burla.
César Eso no.
Habeisle, César, de leer;
que ya me importa saber
si el César sois vos o yo.
Félix Estas son burlas: extremos
no hagáis, supuesto que aquí
el César soy yo, y a mí
viene el papel.
César Aunque estemos
trocados para un engaño,
que no lo estamos mirad,
César, para una verdad,
y verdad que toca en daño
de mi honor.
Félix Seguro está
siempre vuestro honor conmigo;
que soy, César, vuestro amigo.
César No lo dudo; pero ya,
sin ver el papel, no es
posible que yo sosiegue.
Félix Ni que yo a enseñarle llegue
es posible.
César Advertid, pues
que satisfacerse quiera
de ese renglón, se percibe
que he de ver de dónde escribe
y dónde Lisardo espera.
Félix A mí el papel ha venido,
y yo responderé a él.
César Aunque a vos vino el papel,
fue equivocado el sentido.
Que habla conmigo mirad,
y, aunque yo ser vos arguya,
no será bien que destruya
un engaño a una verdad.
Félix Ser yo aquí César abona
que a mí en su sentido encierra,
pues, aunque el nombre me yerra,
no me yerra la persona.
César Yo ¿no hice esta muerte?
Félix Sí.
César Vos ¿sois su enemigo?
Félix No.
César Luego, aunque a vos se escribió
el papel, es para mí.
Félix Vos ¿sois aquí César?
César No.
Félix Yo ¿soy aquí César?
César Sí.
Félix Luego, viene para mí.
Pues a vos no os conoció
quien a mí hallarme desea.
César ¡Bueno es que vos pretendáis,
porque César os llamáis,
quitarme que yo lo sea!
Félix Mejor es haber yo sido
César para haberme hallado
de un caballero hospedado,
de un ángel favorecido,
y que dejara de ser,
después de gozar los gustos,
César para los disgustos.
Eso no, ni es de creer
que un hombre en empeño tal
sea a cuantos hoy le ven
César cuando le está bien,
y no cuando le está mal.
Y así, pues que no soy hombre
que al bien y no al mal me obligo,
¡por Dios, que han de andar conmigo
dicha y desdicha del nombre!
César Argüid; mas no guardéis
el papel, porque he de leelle.
Félix Vos, César, no habéis de velle.
César No en aqueso os empeñéis,
porque lo he de ver.
Félix Si yo
le guardo, ¿cómo ha de ser?
César No sé; pero sabré hacer...
Félix ¿Qué?
César ...que tampoco vos no
lo leáis.
Félix ¿De qué manera?
César No apartándome de vos
un instante; y, ¡vive Dios!,
que con vos adondequiera
que vais he de ir, y no habéis
de dar un paso sin mí.
Vuestra sombra desde aquí
he de ser.
Félix ¿Cómo, si veis
que estáis preso?
César Eso me hará
romper el inconveniente,
y aun publicar claramente
quién soy.
Félix Aqueso será
aventurar –tema tal–
vuestro honor y el mío también,
pues que, por quedar vos bien,
ambos quedaremos mal.
César Pues veamos el papel
y, una vez visto, sabremos
lo que hacer los dos debemos.
Félix Yo os diré lo que hay en él
después; adiós.
César Vamos, pues;
que yo os tengo de seguir.
Félix Vos no habéis de ir.
César He de ir.
Félix Advertid...
César Mirad...
Sale Lidoro.
Lidoro ¿Qué es
esto?
Félix Nada. (Bien será
gozar de aquesta ocasión).
Lidoro ¿Sobre qué era la cuestión?
Félix Don Félix os lo dirá.
Vase.
César Sí diré; pero ha de ser
oyéndola él, por que no
penséis que otra finjo yo,
y así, hacedle detener.
Lidoro ¿Para qué? Lo que digáis
creeré yo.
César ¡Lance cruel!
Dejad que vaya tras él.
Lidoro Advertir que preso estáis,
y que basta haber mandado
el príncipe que sea aquí,
sin que también...
César ¡Ay de mí!
Lidoro ...queráis salir. ¿Qué ha pasado?
César (¿Qué le diré? Que decir
que desafiado va,
bien a mi honor no le está.
Mas, no habiendo de reñir
yo en ocasión que es tan mía,
no haré mal, si estorbos doy,
pues, quitándosela a él hoy,
podré lograrla otro día).
Lidoro ¿Qué inquietud tenéis cruel?
César Vos ¿no le queréis llamar?
Lidoro No.
César ¿Ni me queréis dejar
a mí que vaya tras él?
Lidoro Tampoco.
César Pues desairado
de un modo o otro, por Dios,
que ha de ser de aqueste. Id vos,
porque va desafiado.
Lidoro Pues ¿qué causa César dio?
César Eso es lo que yo no sé.
Lidoro Y ¿dónde el desafío fue?
César Esto es lo que no sé yo.
Lidoro Esperadme vos aquí,
y que os quedan guardas, digo.
Mientras, yo solo le sigo.
Vase.
César ¡Oh, lo que dirán de mí
ahora los duelistas, cielo,
sobre si hice bien o mal!,
sin mirar que en lance tal
era yo el dueño del duelo
que él reñir por mí pensaba,
y que con esto podré
lograrle yo, puesto que
hoy el fingimiento acaba
o mañana a más tardar,
pues es fuerza que Violante
diga...
Sale Violante.
Violante En venturoso instante,
César, me resolví a entrar
a este cuarto, viendo que
divertida Serafina
está en la esfera divina
de ese jardín, pues que fue
a ocasión, ¡ay, Dios!, que oí
mi infeliz nombre en tus labios;
y estimo, aunque sea en mí agravios,
el que te acuerdes de mí.
César Claro está que lo han de ser,
porque mal de una homicida
de mi alma y de mi vida
puedo memoria tener
que para agravios no sea.
Violante ¿Qué queja, César, de mí
puedes formar, si por ti
quiere el cielo que me vea
de tantos temores llena
en fortuna tan escasa,
como libre sin mi casa,
y como presa en la ajena?
César Eso todo es que no habiendo
logrado aquella traición,
que con fingida intención
me quiso matar, haciendo
ahora pues ladrón fiel,
has venido a desmentir
tan vil trato, por decir
que no eras cómplice en él.
Violante ¿Cómo es posible que quepa
en límites de razón
tan grande desproporción
como, por que no se sepa
de mí que yo te engañé,
querer se sepa de mí
que padre y patria perdí,
pues padre y patria dejé
por seguirte?
César Si no fuera
esto, ¿cómo me esperara
Aurelio? ¿Cómo intentara
matarme, y cómo pudiera
saberlo sino de ti?
Violante Habiendo el papel tomado
tuyo, que llevó el criado
de Félix.
César ¿De Félix?
Violante Sí.
César Aguarda; que va mostrando
mucho campo esa razón,
si no lo hace la pasión
con que yo lo estoy deseando.
¿El papel que te llevó
de don Félix el criado,
vio tu padre?
Violante Y informado
por él de todo, fingió,
cerrándome a mí, su ausencia.
César Sin duda de aquí ha nacido
pensar que Félix ha sido
el dueño de la pendencia
de tu casa, porque aquí
yo preso, Violante, estoy
pensando que Félix soy.
Violante ¿Pensando ser Félix?
César Sí,
porque, por quedarme yo
aquella noche infelice,
tomar mi nombre le hice.
Violante ¿Qué aquí no eres César?
César No.
Violante Y aun por eso Serafina
que no era César porfiaba
el que por mí preso estaba;
en cuyo yerro, imagina
por ti lo que a mí me pasa,
pues de la misma manera
que creíste...
Sale Nise.
Nise ¡Bien pudiera
buscarte toda la casa!
Advierte que está por ti
preguntando Serafina.
Violante Vamos, porque, si imagina
que he entrado, César, aquí,
se ofenderá; y considera
a solas tú mi verdad.
César Sí haré, y aun mi voluntad
sin oírlo lo creyera.
Violante ¿Por qué?
César Porque deseaba
que la culpa no tuvieses...
Violante ¿De qué?
César De que ingrata fueses...
Violante ¿A quién?
César A quien te adoraba.
Violante ¿Qué mayor satisfación...
César ¿Qué?
Violante ...que verme padecer?
César Aún otra hay mayor.
Violante ¿Qué es?
César Ser
en favor de mi pasión.
Violante ¿Cómo?
César Como ella en los dos
ha vuelto a encender la llama.
Serafina dentro. ¡Flora, Violante!
Nise Que llama
otra vez.
Violante Adiós.
César Adiós.
Vanse.
Sale Lisardo.
Lisardo Desde que eché por la reja
el papel, buscando tiempo
de que César estuviese
en su cuarto, pretendiendo
que no se sepa quién soy
hasta que concluya el duelo,
por que entienda Serafina,
matándole cuerpo a cuerpo,
si él la vengará de mí,
o yo de los dos me vengo,
esperándole en la calle,
voy sus pisadas siguiendo;
que, aunque de su ilustre sangre
y de su valor no temo,
que irá solo donde digo
que le aguardo, con todo eso,
puesto que no me conoce,
así asegurarme quiero
de todo, que yo diré
quién soy, en llegando al puesto.
Sale don Félix y Tristán.
Félix Vuélvete de aquí, Tristán,
y mira que ¡vive el cielo,
que si me sigues u dices
por dónde voy, que te tengo
de dar muerte!
Tristán Ya tú sabes
cómo siempre te obedezco,
y más en aquestos casos.
Félix ¡Ea, pues, vuélvete presto!
Tristán (Aquí de toda mi honra.
¿Qué debo hoy hacer, sabiendo
que va a reñir, y por otro,
siendo el desafío primero
que se hace por poderes
cual si fuera casamiento?
Mas ¿qué debo hacer, pregunto?
No hallarme en él, lo primero,
y lo segundo, contarlo
a quien lo estorbe; y con esto
será la primera cosa
que pago de cuantas debo).
Vase.
Lisardo (Solo ha quedado: mal pude
nunca dudar de su esfuerzo).
Félix Para informarme mejor
dónde me espera, a leer vuelvo.
Lee. «Aunque pudiera tomar, ventajoso,
satisfación de la muerte de mi hermano Laurencio...»
Vase.
Salen Libio y Aurelio.
Libio Señor, por ti preguntando
viene un caballero viejo,
y, sabiendo que hacia aquí
estás, a buscarte vengo.
Lisardo (¡Oh, a qué mal tiempo has venido!).
Libio Llegad, señor; que éste es Celio.
Vase.
Aurelio Dadme mil veces los brazos.
Lisardo Aunque no os conozco, debo
responder agradecido
a tan cortés rendimiento.
(No se me pierda de vista).
Aurelio Aún más me debéis que eso.
Félix Lee. «Yo siempre desearé hacer lo mejor,
y para ver si tenéis conmigo tan buena fortuna como con él, ...»
Lisardo Para procurar pagarlo,
me holgara yo de saberlo.
Aurelio Pues en sola una palabra
diré quién soy y a qué vengo.
Lisardo Merced me haréis; que me importa
la brevedad en extremo.
Félix Lee. «...os espero detrás del castillo. Dios os guarde».
Aurelio Pues abrazadme ahora como
Lisardo, y no como Celio;
que yo sé que sois Lisardo.
Lisardo Harto me habéis dicho en eso,
pues me habéis dicho que sois
–que otro no lo sabe– Aurelio.
Félix (Detrás del castillo dice,
¿por dónde se irá más presto?)
Aurelio Es verdad, y mis desdichas,
por mi honor y por el vuestro,
me hacen que venga a buscaros.
Lisardo La fineza os agradezco.
(Sin duda, como está aquí
César, a avisarme dello
viene, y a hallarse conmigo).
Aurelio Porque sabréis...
Félix Caballeros,
¿por dónde saldré al castillo
antes desde aquí?
Aurelio ¡Qué veo!
Sacan las espadas. Traidor, por dónde a tu muerte
se va has de saber más presto.
Lisardo (Bien presumí).
Félix (Que embarace
es fuerza un duelo a otro duelo).
Lisardo (Porque de mí no se diga
que al que yo llamado tengo
pude embestir ventajoso
antes de llegar al puesto,
aunque contra Aurelio sea,
le he de defender). Teneos,
señor.
Aurelio Pues ¿vos a su lado
os ponéis?
Lisardo Sí; que este empeño
ignoráis por qué me toca.
Aurelio ¿A quien yo buscando vengo
en demanda de mi honor
que tanto tiene de vuestro,
agora defendéis?
Lisardo Sí.
Félix El favor os agradezco,
no por mi peligro tanto
como por lo que deseo,
sin su ofensa, mi defensa:
y advertid, señor Aurelio,
que en mi vida os he ofendido.
Aurelio Ingrato Félix, sí has hecho.
Lisardo (Félix le llamó: ¡qué escucho!).
Aurelio Y así yo sabré...
Sale Lidoro y gente.
Lidoro A buen tiempo
os alcancé. A vuestro lado
estoy, don César. ¿Qué es esto?
Aurelio ...la ciega resolución
de un noble ofendido... Pero,
ya que llegáis a impedirla,
sabré esperar mejor tiempo,
en que no hallen mis desdichas
tantos padrinos en medio.
Vase.
Lisardo (¡Cielos! ¿Qué haré? Que, aunque aquí
me toca seguir a Aurelio,
no puedo perder de vista
a César, porque no quiero,
aunque Félix le han llamado,
que salga, y faltar del puesto).
Lidoro ¿Qué es esto, César?
Félix No sé.
Lidoro ¿Quién es este caballero?
Félix Es el padre de Violante.
Lidoro ¡Qué decís! ¿Este es Aurelio?
Pues ¿qué tiene con vos?
Félix Ser
amigo de Félix, pienso.
Lidoro Celio, mientras voy tras él
para intentar componerlo,
pues fue dicha haber llegado
en esta ocasión a veros,
no dejéis a César vos.
Vanse Lidoro y la gente.
Lisardo De no dejarle os ofrezco.
(Por lo que me importa a mí
asistir a sus intentos).
Félix No en aqueso os empeñéis,
porque donde ir solo tengo.
Lisardo No tenéis.
Félix ¿Qué sabéis vos?
Lisardo Nada sé; pero sospecho,
señor César o señor
Félix –que uno y otro creo
llamaros–, que no tendréis
qué hacer la hora que yo quedo
encargado de guardaros;
porque, a mi fineza atento,
no dejaros ir me toca.
Félix Ya yo sé que hasta aquí os debo
la hidalguía de pasaros
a mi lado, y así espero
deberos también...
Sale Lidoro.
Lidoro No pude
alcanzarle; mas, sabiendo
que es el padre de Violante,
a quien yo en mi casa tengo, ...
Lisardo (¿Cómo? ¿Violante en su casa?).
Lidoro ...importará que tratemos
de que casada con Félix
la halle, para que con eso
felizmente acabe todo.
Venid, César, y veremos
cómo ha de ser.
Félix Perdonadme:
que ya voy tras vos.
Lidoro Mal puedo
dejaros.
Lisardo (De un lance a otro
van mis desdichas creciendo).
Lidoro Venid. Señor Celio, adiós.
Lisardo Él os guarde.
Félix Señor Celio
(pues que no puedo salir,
en dar razón me resuelvo),
pues tanto os habéis mostrado
en mi favor, bien me atrevo
a fiar de vos mi honor.
Lisardo ¿Qué mandáis?
Félix Por caballero,
os toca valer a quien
de vos se vale. Yo tengo
esperándome en el campo
un hombre con quien deseo
verme, aunque no le conozco.
Lisardo es su nombre; el puesto
es a espaldas del castillo.
Que vos le busquéis, os ruego,
y le digáis de mi parte
estos precisos empeños
de que vos sois buen testigo:
que me perdone, que tiempo
después habrá. ¿Hareislo?
Lisardo Sí,
con tal fineza, que creo
que podéis imaginar
que se lo habéis dicho a él mesmo.
Félix Guárdeos el cielo mil años.
Lidoro ¿No venís?
Félix Ya voy. (Con esto,
ya que al todo de mi honor
no acudo, una parte enmiendo).
Vanse Lidoro y don Félix.
Lisardo ¿Qué es lo que pasa por mí?
¿Habrá algún discurso, cielos,
que se atreva a atar los cabos
de las dudas que padezco?
A don César, a quien yo
hoy desafié por serlo,
con el nombre de don Félix
le viene buscando Aurelio;
y cuando pensé que hacía
por ofensa mía el empeño,
hallo que es la ofensa suya,
después a Lidoro oyendo
que está Violante en su casa.
Pues ¿cómo, si es César, ¡cielos!,
Aurelio no le conoce,
y cómo, si es Félix, luego
dicen que con Félix van
a tratar el casamiento?
Esto es discurrir en vano;
y pues solo podrá el tiempo
descifrarme tantas dudas,
buscaré volando a Aurelio;
que, acabada la hidalguía
que me hizo poner en medio,
he de asistir a su lado,
hasta que ambos nos venguemos
de él, o Félix sea o sea César;
y hasta entonces dadme, ¡cielos!,
discurso para dudarlo
o ánimo para saberlo.
Vase.
Sale Serafina y Flora de máscara.
Serafina ¿Qué has dicho a Violante?
Flora Que
unas amigas te han hecho
disfrazar, y que con ellas
vas a un festín.
Serafina Pues ven presto.
Flora ¿A esto te resuelves?
Serafina Sí;
que habiendo oído primero
el desengaño en Violante
de que César es el dueño
de sus penas, ver después
que no va, cuando le ofrezco
ocasión de hablarme, aunque
le llamaron tus acentos,
es sin duda que el no ir
fue por no darla a ella celos:
conque, si la verdad digo,
los que a ella no le da, tengo.
Y así, puesto que él rehúsa
verme en mi jardín, pretendo,
en su cuarto disfrazada,
decirle mis sentimientos;
que, si una vez desahogo
esta cólera del pecho,
yo sabré después vengarme
a desdenes y a desprecios.
Vamos, Flora.
Flora No quisiera...
Serafina Nada me digas: ya veo
que tienes razón; mas ¿qué
razón manda en los afectos,
y más de mujer que, altiva
y soberbia, en algún tiempo
se ve desairada? Pues
no tiene el Vesubio incendio,
no tiene violencia el rayo,
no tiene... Pero no quiero
comparaciones, pues sola
ella es su encarecimiento.
Vanse.
Salen Violante y Nise.
Violante ¡Ay, Nise, si hallara medio
como –pues falta esta tarde,
a causa de sus festejos,
Serafina– hablar pudiera
yo a César, a quien ya tengo
casi persuadido a que
son falsos sus sentimientos!
Y más, si llegara Fabio,
a quien ya he llamado, a tiempo
de ser un testigo más
al desengaño que intento;
que fuera gran dicha mía
que, de mi fe satisfecho,
cuando viniera mi padre,
le templara el casamiento.
Nise No sé qué diga, porque
pasar al cuarto es a riesgo,
como otra vez, de que en él
te busquen; y fuera deso,
¿qué sabemos si entrará
alguien en él a ese tiempo?
Violante Sólo de una suerte, Nise,
puede ser: sin ese miedo.
Nise ¿Cómo?
Violante Usando los disfraces
que usan todos.
Nise Pues yo tengo
una criada que más
que otras mi amiga se ha hecho
y nos dará trajes.
Violante Ve;
prevenla, Nise, te ruego,
y dila que, si llegare
preguntando un hombre viejo
por mí, diga... Mas después
lo sabrás; que ahora veo
a Lidoro y a don Félix
entrar en casa, y no quiero
que acaso me hallen; tú aquí
te queda por que, si oyeron
ruido, a ti te vean. Fortuna,
este lance te encomiendo:
ten lástima de mí, pues
ves que inocente padezco
en las iras que tú tienes
la culpa que yo no tengo.
Vase.
Salen Lidoro y don Félix.
Lidoro ¿Qué hace Serafina, Nise?
Nise Con unas amigas creo
que ha salido.
Lidoro Y tú, ¿qué haces
aquí? Éntrate allá dentro.
Vase Nise. César, es lo que ahora importa
hablar a Félix en esto.
Félix No dudo que, si él llegara,
señor, a estar satisfecho
de que Violante no tuvo
culpa en el pasado riesgo,
que con ella se casara,
porque le está bien hacerlo;
y así, que le dé Violante
satisfación es primero
que otra diligencia.
Lidoro Pues
mirad, amantes extremos
mejor pasan entre amigos,
don César, que entre terceros,
y más terceros a quien
se debe algún cumplimiento;
haced vos, ya que sois cuerdo,
que ellos allá hablen sin mí
sus cosas, y aun para esto
viene bien que no esté en casa
Serafina.
Félix Yo me ofrezco
a disponerlo.
Lidoro Pues yo
me voy; ved que al punto vuelvo.
Vase.
Félix Esto se va declarando
muy aprisa, y nada, ¡cielos!,
me embaraza con Lidoro
ni el príncipe cuanto al trueco
del nombre, sino no más
que con Serafina, puesto
que en viendo que no soy César,
quizá...
Salen Tristán y don César.
Tristán ¿Qué, estás sano y bueno,
señor? Dame...
Félix Quita, loco.
César ¡Cuánto, don Félix me huelgo
de veros que con Lidoro
volváis! Pues arguyo de eso
que donde íbadeis no fuisteis.
Félix A mí me pesa de veros,
pues nunca en nuestra amistad
creí que hubiera sentimiento,
hasta hoy.
César Pues ¿qué queríais?
Félix Nada; que no es tiempo deso.
Aurelio en Milán está.
César ¿Qué decís?
Félix Lo que es tan cierto,
que la espada para mí
ha sacado; y en efecto,
todo esto viene, don César,
a parar en que tratemos,
para que acabe bien todo,
de Violante el casamiento.
Ved vos qué pensáis hacer.
César Yo estoy, si no satisfecho
en el todo, en mucha parte,
de Violante; porque, habiendo
–según dice ella y según
yo estoy deseando creerlo–
su padre visto el papel
que llevó Tristán, infiero
que de él resultó el pensar
ser vos el amante.
Félix Es cierto.
¿En qué ocasión el papel
diste?
Tristán Mientras el dinero
contaba.
Félix ¿Luego, allí estaba?
Tristán No estaba, sino allá dentro.
César Él le vio dar, y calló.
Tristán ¡Miren el maldito viejo!
Félix Pues siendo así... Mas ¿no llaman
a esa puerta?
Llaman dentro.
Tristán El duende creo
que será.
Félix Abre, pues.
César No abras.
Félix ¿Por qué?
César Porque en ver me ofendo...
Félix Esperad; que por que no
escrupulicéis, ofrezco,
quedando con ella airoso,
despedir su favor, puesto
que es fuerza que ya se sepa
todo nuestro fingimiento.
César Pues, con esa condición,
abre.
Félix Retiraos, os ruego,
y oíd un cortés desengaño,
que es lo que yo darla intento.
Retírase don César.
Sale Serafina y Flora, de máscara, pero descubiertas.
Serafina Pensaréis, señor don César,
que hoy agradecida vuelvo
a saber de vos: pues no;
que lo que hoy me obliga a esto,
ya que vos no vais adonde
yo os llamo, es sólo el intento
de que favorezcáis una
pretensión que con vos tengo.
Tristán Y uced, ¿no tiene conmigo
pretensión?
Flora Pues yo, ¿a qué efecto?
Tristán De consentir que por mí
perdiera el entendimiento.
Félix ¿Pretensión conmigo vos?
Serafina Sí.
Félix ¿Qué mandáis?
Serafina Oíd atento.
Félix (Aquí de todo mi honor).
Serafina (Aquí de todo mi esfuerzo).
Violante me ha dicho que
vos –no Félix– sois el dueño
de sus fortunas; su llanto
me ha enternecido, su ruego,
su fineza, su verdad,
su fe, su amor y su afecto;
y así, que de ella os doláis,
de su honor, de su respeto,
de su opinión y su sangre,
es la prevención que tengo.
Ved qué queréis que la diga;
pero ha de ser advirtiendo
que el sí o el no que digáis,
todo es ofensa, supuesto
que el no, es no hacer lo que pido,
y el sí, lo que no deseo.
Félix Un sí y un no me mandáis
que os dé, y, aunque son opuestos
tanto un no y un sí, que nunca
han cabido en un sujeto,
yo soy tan poco dichoso,
que caben en el mío, viendo
que con el no os desobligo
y que con el sí os ofendo;
y así el sí, señora, es
que es verdad que es César dueño
de Violante; el no, que no
lo soy yo; cuyo argumento
ahora al contrario es, señora:
el no que otra vez os vuelvo,
que no lo es Félix, y el sí,
que lo soy yo.
Serafina No os entiendo.
Félix No me espanto: yo tampoco.
Serafina Hablad más claro.
Félix No puedo.
Serafina ¿Cómo?
Félix Como no me animo.
Serafina ¿Por qué?
Félix Porque no me atrevo.
Serafina ¿A qué?, decid.
Félix A enojaros.
Serafina ¿Qué os acobarda?
Félix Perderos.
Serafina César ¿no ha amado a Violante?
Félix Ese es el sí que os ofrezco.
Serafina ¿Soislo vos?
Félix Ese es el no.
Serafina ¿Qué es la causa?
Félix Un fingimiento.
Serafina ¿A qué fin?
Félix De una amistad.
Serafina ¿De qué suerte?
Félix Padeciendo...
Serafina ¿Qué?
Félix Las dichas y desdichas.
Serafina ¿De quién?
Félix Del nombre que tengo.
Serafina Hablad más claro.
Félix Sí haré.
Serafina Nada temáis.
Félix ¿A qué efeto?
Serafina De que nada...
Félix Proseguid.
Serafina ...os esté mal, ...
Félix Decid presto.
Serafina ...sino que César seáis,
si es César de otro amor dueño.
Félix Pues con esa confianza,
oíd: yo soy...
Violante dentro. ¡Valedme, cielos!
Aurelio dentro. Muere, ingrata.
Lisardo dentro. Y mueran cuantos
intentaren defenderlo.
Serafina ¡Ay de mí! ¿Qué ruido es éste?
Flora ¡Buena hacienda habemos hecho!
Tristán Grande alboroto hay en casa.
Félix Mientras yo voy saberlo,
aquí esperad.
César De Violante
es la voz: yo iré primero.
Flora Huyamos; huye, señora.
Serafina Abre esa puerta.
Flora No puedo,
que estará como otras veces.
Sale Violante disfrazada.
César Violante, ¿qué es esto?
¿Tú entras aquí disfrazada?
Violante Yo en este traje –el aliento
me falta– para pasar
a satisfacerte –¡ay, cielos!–
estaba, cuando me dijo
una criada que un viejo
me buscaba; creí que Fabio
fuese, y llegué donde encuentro
a mi padre... Pero él entra
aquí.
César En algún aposento
te retira, en tanto que
nosotros le detenemos.
Félix Vos, señora, por que aquí
no os vean, entrad también dentro.
Vanse don Félix y don César.
Serafina Fuerza será... Espera, aguarda.
Entra primero Violante, y cierra la puerta.
Violante dentro. Perdona; que, si no cierro
yo por de dentro, ...
Serafina ¡Ay de mí!
Violante dentro. ...que no estoy segura pienso.
Flora ¡Vive tal, que del pasado
lance se vengó!
Tápanse Serafina y Flora.
Salen Aurelio, Lisardo y Lidoro, con espadas desnudas.
Lidoro ¿Qué es esto?
¡En mi casa este alboroto!
Aurelio No hay sagrado a los despechos
de un honor. Si en vuestra casa
hallo esa ingrata a quien vengo
buscando y a este traidor,
¿qué os admira?
Lidoro Deteneos.
César (¡Que no pudiese Violante
esconderse!).
Félix (Por lo menos,
Serafina, como sabe
la casa, se entró allá dentro).
Lidoro (¡Cuánto de que Serafina
hoy no esté en casa me huelgo!).
Aurelio Yo he de vengarme; apartad.
César Advertid, señor Aurelio,
si no la casa en que estáis,
que soy yo quien la defiendo.
Aurelio Señor don César, en vano
es que os pongáis vos en medio,
siendo también mi enemigo
por la muerte de Laurencio.
Lisardo Tú diste muerte a mi hermano,
traidor. Pues ya descubierto
en decir que soy Lisardo,
¿no he de aguardar otro duelo?
Félix Pues haced éste conmigo,
pues soy a quien antes desto
teníais desafiado.
Aurelio ¿No basta, Félix soberbio,
el ser dueño de un agravio,
sino hacerte de otro dueño?
Lisardo (¡Qué es lo que escucho! ¿A don César
llama don Félix, y luego
a don Félix César llama?).
Serafina (¡Doleos de mi vida, cielos!).
Aurelio Tu enemigo y mi enemigo,
Lisardo, son los que vemos.
Lisardo Morir o vengarnos.
Félix Pues
morir será lo más cierto.
Lidoro Teneos todos.
Voces Para, para.
Salen el príncipe y criados.
Príncipe ¿Qué ruido es éste? Que, siendo
en vuestra casa, no es bien
que me pase sin saberlo...
Y más agora que miro
en ella a César y Celio.
Lidoro Yo os lo diré, si es que yo
puedo alcanzar a saberlo.
Aquesa dama es Violante,
hija...
Serafina (¡Ay, infeliz!).
Lidoro ...de Aurelio:
consigo la trujo Félix,
que es aquese caballero,
de César amigo.
Aurelio Oíd,
que padecéis algún yerro,
que ese es Félix; ese es César.
Príncipe Eso es meterme en el duelo
a mí. Pues a mí ¡me engaña
nadie!
Lidoro Y a mí también, puesto
que yo a mi casa le truje.
Félix Yo os dejaré satisfecho,
si me oís, pues no es delito
ser amigo verdadero.
César de Violante es
el amante; y siendo a tiempo
el venir a visitaros
que su dicha había dispuesto
–el favor es de Violante–,
con su nombre y con el pliego
vine yo. Lo que después
le obligó a venir huyendo
fue que un papel un criado
mío llevó, y le dio a Aurelio
la noticia y el engaño
de pensar que yo le ofendo.
No es yerro hacer un amigo
una fineza; y, si es yerro,
es yerro muy disculpado;
y más cuando todo esto
para en que se case César
con Violante, que, sabiendo
su poca culpa, la mano
por mí la ofrece.
César Sí ofrezco.
Aurelio Pues con aquesa palabra,
yo me doy por satisfecho.
Lisardo Yo, no. Perdonad, señor,
porque, aunque soy, como Celio,
tu criado, no lo soy
como Lisardo, y no tengo
de dejar yo de vengarme
porque él haga el casamiento.
Aurelio Pondreme a su lado yo,
pues ya es don César mi yerno.
Príncipe O Celio seáis o Lisardo,
estando yo de por medio,
pues mi agravio les perdono,
fuerza es perdonar el vuestro.
Dadle la mano a Violante.
César Con mil almas; y supuesto
que estás perdonada ya,
descúbrete.
Lidoro ¿Por qué os retiráis, habiendo
conseguido su perdón?
Félix Ya que os descubráis os ruego,
por que al príncipe la mano
beséis, señora, y a Aurelio.
Serafina ¿Vos decís que me descubra?
Félix Claro está.
Serafina Fuerza es hacerlo;
mas ved en qué os empeñáis.
Descúbrese.
Lidoro ¡Ay, infelice! ¡Qué veo!
Hija ingrata, ¿tú en aquese
traje y aquí?
Todos Deteneos.
Lidoro ¿Cómo es posible?
Félix Tomando
los ejemplares de Aurelio,
pues, dándola yo la mano,
señor, que no desmerezco
por sangre y obligaciones,
fuerza es quedar satisfecho,
al ver que, al dármela ella,
no tenéis otro remedio.
Lidoro ¿Qué he de hacer, si de la fuerza
hacer virtud es consejo
prudente?
Príncipe ¿Y dónde Violante
está?
Sale Violante.
Violante A vuestros pies, haciendo
de ellos seguro a mi vida.
César Dadme la mano.
Lisardo Yo quedo
solamente desairado,
sin venganza y con mis celos.
Tristán Flora, ¿qué hacemos los dos?
Flora ¿Qué? Contarnos los dos cuentos
de la dueña y de la mona.
Tristán Otro día, que no es tiempo
ahora de más de pedir
el perdón de nuestros yerros.
Félix Y, si la «dicha y desdicha
del nombre» dio este suceso,
la dicha de quien le ha escrito
supla en el sagrado vuestro,
señor, que le perdonéis
la desdicha del ingenio.
FIN DE LA FAMOSA COMEDIA «DICHA Y DESDICHA DEL NOMBRE»

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Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach

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TextGrid Repository (2026). Calderón Drama Corpus. Dicha y desdicha del nombre. Dicha y desdicha del nombre. CalDraCor. Tracing Regularities in Pedro Calderón de la Barca's Dramatic OEuvre with a Computational Approach. https://hdl.handle.net/21.11113/4gbr1.0